Año III
La Habana
Semana 6 - 12
FEBRERO
de 2005

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Está oscuro, pero yo canto
Thiago de Mello La Habana
Fotos:  Diego


Hay una editorial de gran calidad en Brasil que mantiene hace 20 años una colección llamada Los mejores poemas de…, y a continuación, el nombre del poeta. Entonces me mandaron una carta en la que decían que estaban haciendo una antología y querían tratar sobre los derechos. Yo les dije que estaba muy agradecido por la proposición, pero no podía concordar con ella, por homenaje a mi amigo, gran patriota y además querido editor, que quería hacer un libro como este. Cuál fue la metodología usada. Él hizo una relación de más de 100 personas indicadas y 50 nombres que agregué, y de ahí surgió ese libro. Lo que pasa es que hay algunos poemas que no elegiría, y a lo mejor son aquellos de más agrado público. No siempre los preferidos del autor coinciden con los de los lectores. Pero creo que he ganado el más amplio premio que puede obtenerse: el respeto y el amor de sus lectores. No padezco la enfermedad de la falsa modestia. El número de ediciones de mis libros, prueba que participio de la vida de miles de lectores a los que no conozco. 

La poesía es un don

La poesía es la esencia misma de la conciencia, que uno adquiere como poeta, de la grandeza y la belleza de la condición humana, y a través de eso crea la conciencia de lo que es el hombre, de la realidad dentro de la cual vive el ser humano. La poesía es una fuerza tremendamente concientizadora. 

Hace más de medio siglo que trabajo todos los días con la poética de mis poetas amados y de mi propia creación. Sin embargo, no he encontrado la medida universal, la cinta métrica para decir quién es mayor o quien es más grande. Todos somos poetas, solo que cada uno de nosotros tiene sus predilectos. 

Nadie se hace poeta. La poesía es un don. Uno se puede hacer escritor, pero el poeta ha de estar dotado de la sensibilidad en el corazón,  de inteligencia. No hay novelista de gran calidad, de gran profundidad, que no tenga la dimensión poética en su obra. Cito un fragmento de Faulkner, de su libro Luz de agosto: “Así como la roza tiene su perfume y como la cascabel tiene su veneno, cada persona tiene en su nombre su advertencia. Él se llamaba Cristo”. Las metáforas de ese libro daban dimensión a ese libro admirable. 

El arte debe servir a la vida

Neruda me decía “compañerito, haces demasiadas ramas en el árbol de tu conversación”. Yo le contestaba que las suyas eran más largas que las mías, y más gruesas también. Pero todas las ramas que hago son del mismo árbol, que es el árbol de la vida, es la vida del ser humano en ese lugar tan lindo y tan maltratado que es el planeta tierra. Yo me considero un hermano de todos los seres humanos desde el día en que como Miguel Hernández, en un lindo soneto, dijo: “Está marcado con un hierro en el costado, todo mi corazón, todo mi ser, se quedó marcado por el dolor de una niña, atravesando el ardiente cañaveral de nordeste brasileño, se murió en mis brazos y murió de hambre. Se llamaba Isabela.” 

Mi poesía, muy lírica, era sobre todo metafísica, indagación sobre el ser, las preguntas que nos hacemos todos nosotros sin formularlas. Pero dejé al ser a un lado, y pasé a preocuparme por la vida de los hombres. Creo que la poesía sirve a la vida del ser humano. A partir de ese día, de ese episodio, trato de hacer que mi vida, y por tanto mi poesía, fruto y flor de mi existencia, sirva cada día más y mejor, a mi manera, a la vida humana. 

Confío mucho en mi pueblo y en el destino de este planeta, después de que Cuba me ha dado la seguridad de que es posible la construcción de una sociedad humana solidaria. Como escritor llegué a la convicción personal, que trato de compartir y repartir públicamente –lo que considero un deber de todo escritor latinoamericano– de que nuestro papel es trabajar mucho para lograr un idioma cada día más accesible, un lenguaje sencillo, sin jamás perder la categoría estética, sin el compromiso del arte con la belleza. Propongo un lenguaje sencillo, accesible a un lector común, al obrero, a un estudiante de segundo grado, a aquellos que no hicieron un curso de Letras en la universidad, y no es tal la dificultad de lograrlo, porque lo sencillo y lo fácil es escribir difícil, pero lo difícil de verdad es escribir sencillo. Pero repito, sin perder el compromiso con la belleza. Ahí la poesía se hace cada día más concientizadora. 

Tres utopías

Consagro mi vida y mi obra a tres utopías: la conservación de la floresta amazónica, la integración cultural de América Latina y la construcción de un mundo más humano y solidario. Sin la integración cultural de los pueblos de nuestra América y no de ese encuentro, que resulta siempre tan pobre entre los dirigentes y los gobernantes latinoamericanos, sin la integración cultural, jamás habrá integración política ni económica, que tanto se necesita. Traté, como agregado cultural de la embajada de Brasil en más de un país latinoamericano, trabajar para lograr esa integración, y no para venir a otro país a decir que Brasil es más grande, o mejor, o más lindo. No, Brasil tiene 50 millones de analfabetos, 140 millones de hambrientos. La FAO informó el año pasado que tenemos en este planeta mil y tantos millones de hambrientos y América participa de ese número con una cuota bastante siniestra. 

Pero para ayudar a esa integración, y a través del poder concientizador de la poesía y la importancia de la poesía en cada uno de nosotros, me dediqué a traducir a poetas latinoamericanos. No hay que confundir el orgullo con la soberbia. Tengo el sagrado orgullo de ser el traductor de Nicolás Guillén, cuando se publicó por primera vez en Brasil. Fui también,  el traductor de El reino de este mundo, del querido Alejo, y de Bajo los astros, de Eliseo Diego; de la poesía completa del genial peruano César Vallejo. Sé que traducir poesía es una tarea inalcanzable, y por tanto fascinante, porque para empezar pierde la sonoridad. Porque como decía nuestro querido Mallarmé, que escribía para que nadie lo entendiera: La poesía es música. Y agrego: no solamente el poema, la literatura es música. Hay párrafos enteros de crónicas, de novelas, de cuentos y hasta de ensayos, cuyos autores realmente dominan la belleza y la música de su idioma, que son verdaderos cánticos. 

Convivo con la poesía todos los días, camino por la floresta recitando en voz alta, y puedo decir con toda seguridad que la palabra, como decía el poeta Hoerderlin, el poeta alemán del siglo XIX, que el deber del poeta es tomar el fuego sagrado y convertirlo en cánticos para entregarlos al pueblo, que la palabra es el más inocente de los bienes, pero que se puede convertir de repente en el más peligroso. Nosotros no tenemos poder político, sin embargo, por qué las dictaduras, que conocimos tan de cerca, le tienen pánico a los poetas. Porque nuestros poemas tienen más poder que muchos fusiles y ametralladoras, porque tiene el poder de la concientización y el fusil solamente mata. 

Está oscuro, pero yo canto

Escribí un libro que se llama Está oscuro, pero yo canto, libro que fue inmediatamente prohibido por la dictadura, hoy ya traducido para tantos idiomas. Una vez estaba en mi casa, en Río de Janeiro, cuando por la madrugada entró la policía con ametralladoras, y me cogieron preso, una de las tantas veces que he estado en la cárcel. Es el precio que tuve que pagar por la justicia. Esa celda era muy alta. Había un catre, ratones, cucarachas. Yo estaba bastante deprimido y empezó a entrar la luz de la mañana y vi que en el muro de la celda había muchos trazos, pero fue entrando más luz y me di cuenta de que había palabras. Con la claridad pude leer “estaba oscuro, pero yo canto porque la mañana va a llegar”. Algún compañero que allí estuvo antes de mí se valió de mis versos para ganar fuerzas y súbitamente esos versos dejaron de ser míos, para ser puramente poesía y darme fuerzas a mí también que estaba cagándome de miedo. 

El Amazonas

La Amazonía cubre parcialmente ocho países de nuestra América y se acerca al Caribe. En todos los países en los que hablo, en congresos, recitales, termino siempre pidiendo a cada persona presente que haga su parte por la preservación de la floresta amazónica, porque es un bien de la humanidad, pero también un patrimonio de nuestra América, de Venezuela, Ecuador, Colombia, Bolivia, pero sobre todo un patrimonio del Brasil, porque casi la mitad del territorio está cubierto por el verde amazónico. No es un bien de la humanidad por los treinta y tantos trillones de metros cúbicos de madera y tierra. Tampoco su riqueza. Solamente en pescados hay más de 3000 especies. No es por la riqueza de sus minerales. El imperio norteamericano no duerme tranquilo hasta que no logre dominar nuestra selva, pues conoce más su verdadera riqueza que nosotros mismos. 

Su riqueza está en la biodiversidad de nuestra selva, los principios químicos activos de nuestros vegetales. Esa es la gran codicia, la peligrosa amenaza que hay sobre su vida, hasta el punto de que hoy en día, de la manera más natural, con gran cinismo, como demostración de poder, el imperio norteamericano pide la patente de principios químicos de medicinas que nuestros indígenas usaban desde antes de la llegada de los portugueses. 

Voy a contar un instante feliz en Cuba en el centenario del poeta nicaragüense Rubén Darío, en el año 67, cuando un grupo de cuatro poetas: Roque Dalton, César Calvo, Enrique Linn y yo   —soy el único sobreviviente—, compusimos una canción y formamos un grupo que llamamos Los Babosos, y en la noche de clausura del congreso, con la melodía del tango Volver, después de que Bola de Nieve, de mi querido Bola que cocinaba para mí, presentó al famoso conjunto latinoamericano Los Babosos, y entramos con la dignidad que no sabíamos que teníamos. Entonces Roque Dalton nos presentó de la siguiente manera: “Aunque muy fatigados de nuestro tourné por los palcos de Londres, La Habana y de Tegucigalpa, vamos a presentar un número compuesto hoy por la mañana. Y cantamos: “Rubén, con la lira marchita llegas a la cita cien años después. Rubén, que cien años es mucho, ya no queda ni un pucho del famoso Parnaso que hiciste en la cama hueveando muchacho. Rubén, ya nos diste la lata, no metas la pata cien años después”. El comandante Fidel Castro estaba presente y a mí se me ocurrió decir que como director del grupo iba a revelar nuestra debilidad. Como éramos poetas no teníamos poder político, y cada uno a su manera trataba de hacer su parte en la Revolución. Invitamos a ser parte del grupo a Haydée Santamaría y a la negra linda Nancy Morejón para hacer de figurante. Con Haydée Santamaría tendríamos el respaldo político. Se hizo un gran silencio y no hubo un solo aplauso. Pero de repente mi querida Haydée se para y empieza a aplaudir y entonces toda la gente aplaudió.

Fortalecido por ese aplauso, hice el gesto de agradecimiento a mis hermanos y dije que, por la gentileza del público, íbamos a hacer un segundo número. Y cantamos: “Adiós muchachos, compañeros de congreso, mañana mismo cortamos caña. Pobres muchachos no sabemos comportarnos, mi cuerpo enfermo no resiste más. Diez días de congreso nos han desconflautado, diez días de congreso fastidian hasta un buey. Por eso les decimos que nos perdonen y si nos tiran algo, que sea una mujer”.

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