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Hay una editorial de gran calidad en Brasil que mantiene
hace 20 años una colección llamada Los mejores poemas
de…, y a continuación, el nombre del poeta. Entonces
me mandaron una carta en la que decían que estaban
haciendo una antología y querían tratar sobre los
derechos. Yo les dije que estaba muy agradecido por la
proposición, pero no podía concordar con ella, por
homenaje a mi amigo, gran patriota y además querido
editor, que quería hacer un libro como este. Cuál fue la
metodología usada. Él hizo una relación de más de 100
personas indicadas y 50 nombres que agregué, y de ahí
surgió ese libro. Lo que pasa es que hay algunos poemas
que no elegiría, y a lo mejor son aquellos de más agrado
público. No siempre los preferidos del autor coinciden
con los de los lectores. Pero creo que he ganado el más
amplio premio que puede obtenerse: el respeto y el amor
de sus lectores. No padezco la enfermedad de la falsa
modestia. El número de ediciones de mis libros, prueba
que participio de la vida de miles de lectores a los que
no conozco.
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La poesía es un don
La poesía es la
esencia misma de la conciencia, que uno adquiere como
poeta, de la grandeza y la belleza de la condición
humana, y a través de eso crea la conciencia de lo que
es el hombre, de la realidad dentro de la cual vive el
ser humano. La poesía es una fuerza tremendamente
concientizadora.
Hace más de medio
siglo que trabajo todos los días con la poética de mis
poetas amados y de mi propia creación. Sin embargo, no
he encontrado la medida universal, la cinta métrica para
decir quién es mayor o quien es más grande. Todos somos
poetas, solo que cada uno de nosotros tiene sus
predilectos.
Nadie se hace poeta.
La poesía es un don. Uno se puede hacer escritor, pero
el poeta ha de estar dotado de la sensibilidad en el
corazón, de inteligencia. No hay novelista de gran
calidad, de gran profundidad, que no tenga la dimensión
poética en su obra. Cito un fragmento de Faulkner, de su
libro Luz de agosto: “Así como la roza
tiene su perfume y como la cascabel tiene su veneno,
cada persona tiene en su nombre su advertencia. Él se
llamaba Cristo”. Las metáforas de ese libro daban
dimensión a ese libro admirable.
El arte debe servir a
la vida
Neruda me decía
“compañerito, haces demasiadas ramas en el árbol de tu
conversación”. Yo le contestaba que las suyas eran más
largas que las mías, y más gruesas también. Pero todas
las ramas que hago son del mismo árbol, que es el árbol
de la vida, es la vida del ser humano en ese lugar tan
lindo y tan maltratado que es el planeta tierra. Yo me
considero un hermano de todos los seres humanos desde el
día en que como Miguel Hernández, en un lindo soneto,
dijo: “Está marcado con un hierro en el costado, todo mi
corazón, todo mi ser, se quedó marcado por el dolor de
una niña, atravesando el ardiente cañaveral de nordeste
brasileño, se murió en mis brazos y murió de hambre. Se
llamaba Isabela.”
Mi poesía, muy
lírica, era sobre todo metafísica, indagación sobre el
ser, las preguntas que nos hacemos todos nosotros sin
formularlas. Pero dejé al ser a un lado, y pasé a
preocuparme por la vida de los hombres. Creo que la
poesía sirve a la vida del ser humano. A partir de ese
día, de ese episodio, trato de hacer que mi vida, y por
tanto mi poesía, fruto y flor de mi existencia, sirva
cada día más y mejor, a mi manera, a la vida humana.
Confío mucho en mi
pueblo y en el destino de este planeta, después de que
Cuba me ha dado la seguridad de que es posible la
construcción de una sociedad humana solidaria. Como
escritor llegué a la convicción personal, que trato de
compartir y repartir públicamente –lo que considero un
deber de todo escritor latinoamericano– de que nuestro
papel es trabajar mucho para lograr un idioma cada día
más accesible, un lenguaje sencillo, sin jamás perder la
categoría estética, sin el compromiso del arte con la
belleza. Propongo un lenguaje sencillo, accesible a un
lector común, al obrero, a un estudiante de segundo
grado, a aquellos que no hicieron un curso de Letras en
la universidad, y no es tal la dificultad de lograrlo,
porque lo sencillo y lo fácil es escribir difícil, pero
lo difícil de verdad es escribir sencillo. Pero repito,
sin perder el compromiso con la belleza. Ahí la poesía
se hace cada día más concientizadora.
Tres utopías
Consagro mi vida y mi
obra a tres utopías: la conservación de la floresta
amazónica, la integración cultural de América Latina y
la construcción de un mundo más humano y solidario. Sin
la integración cultural de los pueblos de nuestra
América y no de ese encuentro, que resulta siempre tan
pobre entre los dirigentes y los gobernantes
latinoamericanos, sin la integración cultural, jamás
habrá integración política ni económica, que tanto se
necesita. Traté, como agregado cultural de la embajada
de Brasil en más de un país latinoamericano, trabajar
para lograr esa integración, y no para venir a otro país
a decir que Brasil es más grande, o mejor, o más lindo.
No, Brasil tiene 50 millones de analfabetos, 140
millones de hambrientos. La FAO informó el año pasado
que tenemos en este planeta mil y tantos millones de
hambrientos y América participa de ese número con una
cuota bastante siniestra.
Pero para ayudar a
esa integración, y a través del poder concientizador de
la poesía y la importancia de la poesía en cada uno de
nosotros, me dediqué a traducir a poetas
latinoamericanos. No hay que confundir el orgullo con la
soberbia. Tengo el sagrado orgullo de ser el traductor
de Nicolás Guillén, cuando se publicó por primera vez en
Brasil. Fui también, el traductor de El reino de
este mundo, del querido Alejo, y de Bajo los
astros, de Eliseo Diego; de la poesía completa del
genial peruano César Vallejo. Sé que traducir poesía es
una tarea inalcanzable, y por tanto fascinante, porque
para empezar pierde la sonoridad. Porque como decía
nuestro querido Mallarmé, que escribía para que nadie lo
entendiera: La poesía es música. Y agrego: no solamente
el poema, la literatura es música. Hay párrafos enteros
de crónicas, de novelas, de cuentos y hasta de ensayos,
cuyos autores realmente dominan la belleza y la música
de su idioma, que son verdaderos cánticos.
Convivo con la poesía
todos los días, camino por la floresta recitando en voz
alta, y puedo decir con toda seguridad que la palabra,
como decía el poeta Hoerderlin, el poeta alemán del
siglo XIX, que el deber del poeta es tomar el fuego
sagrado y convertirlo en cánticos para entregarlos al
pueblo, que la palabra es el más inocente de los bienes,
pero que se puede convertir de repente en el más
peligroso. Nosotros no tenemos poder político, sin
embargo, por qué las dictaduras, que conocimos tan de
cerca, le tienen pánico a los poetas. Porque nuestros
poemas tienen más poder que muchos fusiles y
ametralladoras, porque tiene el poder de la
concientización y el fusil solamente mata.
Está oscuro, pero yo
canto
Escribí un libro que
se llama Está oscuro, pero yo canto, libro que
fue inmediatamente prohibido por la dictadura, hoy ya
traducido para tantos idiomas. Una vez estaba en mi
casa, en Río de Janeiro, cuando por la madrugada entró
la policía con ametralladoras, y me cogieron preso, una
de las tantas veces que he estado en la cárcel. Es el
precio que tuve que pagar por la justicia. Esa celda era
muy alta. Había un catre, ratones, cucarachas. Yo estaba
bastante deprimido y empezó a entrar la luz de la mañana
y vi que en el muro de la celda había muchos trazos,
pero fue entrando más luz y me di cuenta de que había
palabras. Con la claridad pude leer “estaba oscuro, pero
yo canto porque la mañana va a llegar”. Algún compañero
que allí estuvo antes de mí se valió de mis versos para
ganar fuerzas y súbitamente esos versos dejaron de ser
míos, para ser puramente poesía y darme fuerzas a mí
también que estaba cagándome de miedo.
El Amazonas
La Amazonía cubre
parcialmente ocho países de nuestra América y se acerca
al Caribe. En todos los países en los que hablo, en
congresos, recitales, termino siempre pidiendo a cada
persona presente que haga su parte por la preservación
de la floresta amazónica, porque es un bien de la
humanidad, pero también un patrimonio de nuestra
América, de Venezuela, Ecuador, Colombia, Bolivia, pero
sobre todo un patrimonio del Brasil, porque casi la
mitad del territorio está cubierto por el verde
amazónico. No es un bien de la humanidad por los treinta
y tantos trillones de metros cúbicos de madera y tierra.
Tampoco su riqueza. Solamente en pescados hay más de
3000 especies. No es por la riqueza de sus minerales. El
imperio norteamericano no duerme tranquilo hasta que no
logre dominar nuestra selva, pues conoce más su
verdadera riqueza que nosotros mismos.
Su riqueza está en la
biodiversidad de nuestra selva, los principios químicos
activos de nuestros vegetales. Esa es la gran codicia,
la peligrosa amenaza que hay sobre su vida, hasta el
punto de que hoy en día, de la manera más natural, con
gran cinismo, como demostración de poder, el imperio
norteamericano pide la patente de principios químicos de
medicinas que nuestros indígenas usaban desde antes de
la llegada de los portugueses.
Voy a contar un
instante feliz en Cuba en el centenario del poeta
nicaragüense Rubén Darío, en el año 67, cuando un grupo
de cuatro poetas: Roque Dalton, César Calvo, Enrique
Linn y yo —soy el único sobreviviente—, compusimos una
canción y formamos un grupo que llamamos Los Babosos, y
en la noche de clausura del congreso, con la melodía del
tango Volver, después de que Bola de Nieve, de mi
querido Bola que cocinaba para mí, presentó al famoso
conjunto latinoamericano Los Babosos, y entramos con la
dignidad que no sabíamos que teníamos. Entonces Roque
Dalton nos presentó de la siguiente manera: “Aunque muy
fatigados de nuestro tourné por los palcos de Londres,
La Habana y de Tegucigalpa, vamos a presentar un número
compuesto hoy por la mañana. Y cantamos: “Rubén, con la
lira marchita llegas a la cita cien años después. Rubén,
que cien años es mucho, ya no queda ni un pucho del
famoso Parnaso que hiciste en la cama hueveando
muchacho. Rubén, ya nos diste la lata, no metas la pata
cien años después”. El comandante Fidel Castro estaba
presente y a mí se me ocurrió decir que como director
del grupo iba a revelar nuestra debilidad. Como éramos
poetas no teníamos poder político, y cada uno a su
manera trataba de hacer su parte en la Revolución.
Invitamos a ser parte del grupo a Haydée Santamaría y a
la negra linda Nancy Morejón para hacer de figurante.
Con Haydée Santamaría tendríamos el respaldo político.
Se hizo un gran silencio y no hubo un solo aplauso. Pero
de repente mi querida Haydée se para y empieza a
aplaudir y entonces toda la gente aplaudió.
Fortalecido por ese
aplauso, hice el gesto de agradecimiento a mis hermanos
y dije que, por la gentileza del público, íbamos a hacer
un segundo número. Y cantamos: “Adiós muchachos,
compañeros de congreso, mañana mismo cortamos caña.
Pobres muchachos no sabemos comportarnos, mi cuerpo
enfermo no resiste más. Diez días de congreso nos han
desconflautado, diez días de congreso fastidian hasta un
buey. Por eso les decimos que nos perdonen y si nos
tiran algo, que sea una mujer”. |