Año III
La Habana
2005

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Biografía del ron
UN HIJO ALEGRE DE CAMPOAMOR
Josefina Ortega La Habana

Por estos días, el que más y el que menos, se da un trago de ron a la salud del amigo, para celebrar el año nuevo o porque le pone triste la muerte del año viejo.

Para los que aman la vida siempre habrá un motivo para celebrar.

Y un trago de un buen ron cubano siempre será una de las mejores maneras de que la celebración se convierta en fiesta del espíritu y del cuerpo, porque beber ron ―si no se exagera― otorga categoría cultural al  hacer un brindis. Incluso más que la cerveza, tendiente a la  bulla y la expansión.

El ron, en cambio, es tranquilo, casi filosófico cuando se hace un brindis.

Un cubano de estirpe acostumbra a hacerlo.

Alguien que conozco dice siempre que cuando varias personas están bebiendo, si no hacen brindis frecuentes, son solo una partida de borrachos, aunque el líquido que trasieguen sea Havana Club añejo siete años.

Si de vez en vez brindan por algo ―auque sea con un barato ron peleón― todos adquieren una  jerarquía social que los inmuniza contra el alcoholismo, contra la vulgaridad y contra una de las actitudes más rechazadas por los cubanos bebedores: el borracho impertinente.

Por algo en ese  santuario cubano de la comida y la bebida, que para siempre se llamará La Bodeguita del Medio, hay un cartel que reza: “Cargue con su pesa`o”.

Y quizás por eso existe también en la literatura cubana un libro al que debiera uno ir de vez en vez, sobre todo en días como estos.

El hijo alegre de la caña de Azúcar ―biografía del ron―, de Fernando G. Campoamor se ha erigido como una ruta a seguir para los que no beben para olvidar, sino para recordar que vivir es un premio gordo y por tanto merece hacerlo con clase.

El texto resulta toda una antología, desde el origen remoto y metafórico hasta el  imprescindible glosario, y es según Manuel Moreno Fraginals una feliz mezcla de poesía y erudición.


Los "tacos" de la Acera del Louvre, frente al Parque Central de La Habana

“Hay mucho más que historia del ron en estas páginas”, escribió el  historiador, El convite; El viento fundador; La caña de miel; El siglo del aguardiente; Destilando alegría; El aro del tonel; El ron, cubano internacional;  La Habana, ciudad abierta; El siglo del ron  y Lengua Suelta (glosario), son los 11 capítulos que en vez de dividir la historia, consiguen armar todo un entramado suficientemente para explicar por qué Cuba y el ron terminan por ser ―en muchos sentidos―  una misma cosa.

A lo largo de sus 148 páginas (ICL. Editorial Científico-Técnica, 1993), hay notas al margen, reproducciones de grabados y pinturas, dibujos y fotografías de personalidades y la geografía, fórmulas químicas, gráficas,  diagramas y alambiques.


Don Facundo Bacardí descansa junto al alambique primitivo de su fábrica en Santiago de Cuba. 1862

Puede verse al patriarca don Facundo Bacardí junto a sus primitivos peroles iniciales, y de igual modo, colecciones de instrumentos de carpintería fina de los toneleros.

Para los que llegan a la exquisitez, al final pueden encontrar el glosario, y ahí sabrá de cosas y significados como clerén, cordón cerrado, elele, fuetazo, “los mascavidrios” rechenchén o “Fumi to loti die”.


Escena de taberna con sus habituales mascavidrios

Hoy la modernidad cubana otorga nombres que no están en dicho glosario, pero igual enriquecen el acerbo nacional en la cultura del beber: Chispae´tren, Hueso e´tigre o curda, no son más que la continuación de la obra que  F. G. Campoamor iniciara.

Que dentro de los 15 mejores tragos del mundo  ―del Old Fashioned, Gin & Tonic al Manhatan―, estén tres cubanos, dice mucho: el Daiquiri, el Mojito y el Cubalibre.

La notoriedad de Santa Cruz del Norte,  pueblo donde está enclavada Habana club, la mayor y más famosa ronera cubana, es otra de las razones para encontrar necesaria la lectura de El Hijo alegre...

Entonces,  en estas fiestas de fin de año, decídase.

Al  lado del copetín, tenga el libro de Campoamor, tenga a  mano dos o tres frases para brindar, beba acompañado... y sobre todo, ¡no exagere!
 

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