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MEMORIAS

Bonifacio Byrne
POETA DE LA GUERRA

Josefina Ortega
| La Habana

Si deshecha en menudos pedazos
Llega a ser mi bandera algún día
Nuestros muertos alzando los brazos,
¡La sabrán defender todavía
!

 

Que levante la mano aquel  cubano que nunca recitó estos versos ni sepa que el autor fue Bonifacio Byrne.

Puede que no se sepa que nació en  Mantazas el 3 de marzo de 1861. Ni que en  1915 fue declarado hijo eminente de su ciudad.

Puede que no se conozca  que fuera ganador de  varios premios en distintos juegos florales y de haber sido miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras,  y que antes de morir participara en la fundación del Grupo Cultural Índice.

Pero será raro que exista un cubano  ―esté donde esté que desconozca aquello de  “Al volver de distante ribera con el alma enlutada y sombría / afanoso busqué mi bandera / ¡ Y otra he visto además de la mía!”

Byrne tuvo una vida activa hasta los últimos años de su vida.

Fundó  en 1890 con Manuel de los Santos Carballo, el periódico La Mañana y luego, junto a Gumersindo Moreno crearía La juventud Liberal.

Escribiría piezas de teatro entre las cuales están  Legado, y la comedia Rayo de sol y otras que aún permanecen inéditas.

En 1909 funda el periódico Yucayo.

Pero sus obras más destacadas serían en la lírica y sería en la lírica donde desataría opiniones encontradas.

Nicolás Heredia prologaría su poemario Excéntricas  (1893) en el que advertía “cantos extraños en que la sensibilidad y la fantasía, lejos de pugnar, se suman y  confunden”, en referencia a la influencia que ejercían en Byrne los poetas alemanes Heine y Uhlard.

Julián del Casal, poco antes de morir, elogiaba aquella voz doliente y funeral, “que había interrumpido el tono monótono de la poesía cubana”.

Manuel Sanguily dijo una vez de aquellos versos que no parecían hechos por un cubano, sino por escandinavos. Y a decir verdad, alguna sangre escocesa corría por las venas de  Byrne.

Pero luego del estallido del 24 de febrero de 1895 cambiaría la poesía y también la vida de Byrne. Escribiría entonces un soneto a la memoria del matancero Domingo Mujica, ejecutado por el poder colonial.

Murió de cara al mar como un valiente
bañado por la luz de la alborada
noble, serena y firme la mirada,
tranquilo el corazón, alta la frente.

El soneto apareció escrito en las columnas del edificio del gobierno militar colonial  y  no llevaba firma, pero todos sabían que el autor era Byrne.

Manos anónimas hicieron copias que circularon por todo Matanzas.

Byrne comenzaría una vida política por la que poco después sería perseguido y se viera obligado a salir hacia Tampa, donde ejerció varios oficios y  fundaría un club revolucionario.

En 1897 sacó a la luz en Filadelfia el poemario Efigies (sonetos patrióticos) con tanto impacto que muchos comenzaron a considerarlo como uno de los “Poetas de la Guerra.

Otros aseguran que de haber seguido el tono de sus primeras poesías hubiera hecho dar a la lírica cubana “un enorme paso de avance”, pero nadie escoge la época histórica para vivir, ha dicho el estudioso Salvador Bueno.

Y es precisamente con Lira y Espada (1901poemario en donde apareceMi bandera”, con el que Bonifacio Byrne alcanza el mayor reconocimiento de sus contemporáneos y las generaciones futuras.

Los versos de Lira y Espada fueron escritos apenas el poeta regresaba del extranjero  a la naciente república, emancipada del poder español; pero no más llegar a la entrada de la bahía de La Habana, en el legendario Castillo del Morro. Al lado de la enseña nacional flotaba la bandera de EE.UU., símbolo de la ocupación de un nuevo imperio.

Byrne captaría la terrible trascendencia del simple cambio de banderas.

Y con el poemario alcanzaría, más que  la inmortalidad, la pertenencia a su momento histórico,  aunque físicamente muriera y fuera enterrado en su Matanzas natal, en el cementerio de San Carlos, el 5 de julio de 1935.
 

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