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ENTREVISTA EXCLUSIVA con BELÉN GOPEGHI
Cuba es real, es un proyecto
revolucionario real
 
"Quería escribir algo que estuviera más cerca de los planes que de los sueños, como decía Brecht. Cuba es real, es un proyecto revolucionario real. En este momento creo que las novelas deben concentrarse en buscar aquellos proyectos que desplazan los límites de lo real, en vez de intentar desplazar esos límites a través de la mera imaginación". Entrevista exclusiva de Belén Gopeghi con La Jiribilla.


Pedro de la Hoz | La Habana

Fragmento de la novela El lado frío de la almohada

Nadie se llame a engaño. Parece frágil, pero su fibra interior posee una resistencia a toda prueba. Belén Gopegui no solo es una de las voces más originales de la narrativa española de las últimas décadas, sino también una mujer que escribe como piensa y defiende lo que escribe.

Su más reciente obra, El lado frío de la almohada (Anagrama, 2004) levantó en España una ola de adhesiones y cuestionamientos. Su argumento tiene por eje la Revolución cubana y las lecturas que suscita este proceso político en la nación ibérica.

Por ello le propuse a Belén la posibilidad de una entrevista, a la que accedió con gusto. La correspondencia entre este periodista y la escritora fluyó como si nos hubiésemos conocido de toda la vida. Es una impresión que quiero compartir con los lectores de esta publicación. 

¿Cuándo, cómo y por qué se le ocurrió tomar la realidad cubana como referencia para la escritura de una novela?

Quería escribir algo que estuviera más cerca de los planes que de los sueños, como decía Brecht. Cuba es real, es un proyecto revolucionario real. En este momento creo que las novelas deben concentrarse en buscar aquellos proyectos que desplazan los límites de lo real, en vez de intentar desplazar esos límites a través de la mera imaginación.

¿Era consciente de que El lado frío de la almohada sería caldo de cultivo para la polémica, incluso para intentos de descalificación? ¿Cómo ha recibido la andanada de ciertas voces que se expresan en el ámbito intelectual español y la consideran a usted “políticamente incorrecta”?

Sí, era consciente.  En cuanto a las andanadas, depende de quien provengan. Solo duelen aquellas que provienen de personas a las que uno en cierto modo admira, en las que cree. Las otras, que son las que han tenido lugar, al menos de momento, pueden ser incómodas, pero no duelen.

¿Qué se le ocurre cuando la tildan de “cubanófila”?

No sé si alguien me ha llamado eso. Creo que no sería la expresión adecuada. Hay una coincidencia entre el proyecto político que a mí me parecería importante que se hiciera en España y el que está haciendo Cuba, del que tenemos mucho que aprender. Esa es mi posición, al margen del afecto.

Algunas de las personas que han compartido conmigo la lectura de la novela se preguntan hasta qué punto la protagonista, una joven cubana de 28 años, tiene que ver con la personalidad, el intelecto y el fuego interior de Belén Gopegui. Quisiera un comentario suyo al respecto.

Siempre que se me hace esta pregunta intuyo que se me está pidiendo que diga que tienen mucho en común.  Pero mi obligación es eludir la respuesta. El escritor no es nadie. El escritor, la escritora, es nadie cuando escribe. Otra cosa es que deba aceptar luego la responsabilidad de lo escrito y que eso pueda implicar un cierto trabajo político.

Hay en la trama una idea inquietante que a mí, como cubano que vive el día a día de un proceso atribulado y fascinante a la vez, no se me había ocurrido: el supuesto “suicidio” o posposición del proyecto revolucionario hasta que lleguen tiempos más propicios. Al margen de que se trata de una argucia en el rejuego de inteligencia y contrainteligencia que plantea la novela, ¿se trata acaso de una posibilidad entrevista por ciertos sectores de la izquierda intelectual europea?

En los años del período especial hubo un artículo de Manuel Vázquez Montalbán que parecía insinuar algo así. Después lo he oído en alguna conversación con personas cercanas. Pero no creo que sea representativo de una izquierda europea. Mi punto de vista, en todo caso, es que al margen de que se trate, como usted dice, de un planteamiento cebo de la trama, no es en absoluto una opción real. En la actual coyuntura histórica no es posible que una parte elija no jugar, no es cierto el refrán de dos no se pelean si uno no quiere, como ha demostrado recientemente la guerra de Iraq.

Es curioso para mí que usted haya hecho una elección que emparienta con el thriller y, en otro orden de cosas, con la novelística de Graham Greene. ¿Le parece pertinente o no esta observación? ¿Qué me diría?

Ambas observaciones me parecen pertinentes. En cuanto a Graham Greene, alguna vez he dicho que mi intención era hacerle un contra-homenaje, un homenaje a todo lo que había aprendido de él, pero también, desde mi pequeño lugar, una refutación. Porque creo que hay en algunos libros de Greene una cierta complacencia en la ambigüedad, en la contradicción no como algo que se vive, sino casi como algo que se cultiva, se cultiva hasta un punto en donde parece posible, y no solo posible, casi deseable, ser honesto y corrupto al mismo tiempo, o cualquier otro par de valores opuestos. En mi novela quería contar que ese estado de indefinición no existe en realidad. Y que precisamente porque no existe, es preciso oponer a los valores aún cristianos y aún individualistas de la cultura europea, los valores de un proyecto revolucionario. En cuanto al thriller, José Antonio Fortes, teórico marxista de la literatura, ha escrito que El lado frío de la almohada es la novela de un crimen de Estado, de un asesinato político de clase capitalista.

También llama la atención la inclusión en la novela de cartas dirigidas al director de un diario. Por ellas sabemos del mundo interior de la protagonista, pero también se abre un espacio para especular acerca de la identidad ideológica del destinatario. ¿En qué clase de director de periódico usted estaba pensando?

En primer lugar me interesaba el artificio de las cartas al director, porque si estas secciones existen dentro de los periódicos en España es solo porque la libertad de expresión se confunde con la libertad del empresario que puede tener un medio de comunicación. Existen porque los lectores no tienen libertad real de expresión para usar esos medios y como no pueden usarlos ni de forma democrática ni de forma representativa, se acude a ese falso consuelo que es la carta al director. En cuanto a la clase de director, pongamos todos aquellos que se han servido del aura de la izquierda, del atractivo de unos valores ante los que resulta casi imposible no asentir. Se han servido de esos valores, pero después los han arrumbado en el último estante de su estantería y los han traicionado o simplemente los han olvidado, enredados en el peso y el precio de tener una posición dominante en el mercado capitalista.

¿Qué opinión le merece el manejo mediático de la realidad española y, en especial, lo que se publica acerca de Cuba en los medios de mayor circulación e impacto público?

Ya casi nadie piensa que la prensa en las democracias representativas pueda ser ese cuarto poder separado del resto y capaz de ejercer un contrapeso. El tratamiento mediático de la realidad cubana en España es una de las pruebas evidentes de que no hay independencia ni apego a la verdad en la prensa de los grandes medios de comunicación, sino, fundamentalmente, defensa de unos intereses privados.

Usted sabe que Cuba presentó por enésima vez un proyecto de resolución ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que condena el bloqueo y la guerra económica de EE.UU. contra la población de la Isla. El año pasado respaldaron la moción nada menos que 179 países. Sin embargo, el bloqueo y la guerra persisten. ¿Cómo interpreta usted ese desprecio de Washington hacia la voluntad de la mayoría?

Detrás del bloqueo hay vidas concretas, cientos y cientos de miles de vidas concretas, vidas de personas cubanas, desde luego, y también vidas de personas españolas, holandesas, suecas que una tarde pueden volver a su casa con miedo a que las despidan o les cierren la empresa solo porque le vendieron a Cuba una vacuna que contenía una pequeñísima parte de sustancia fabricada en EE.UU. El bloqueo es una forma de dominación ejercida sin ni siquiera intentar disimularla y creo que ese desprecio por el otro, por la vida del otro, está volviéndose contra EE.UU. y que así se verá, de nuevo, en la votación.

Regresando a la novela, ¿cómo la siente a estas alturas al compararla con Lo real y su producción anterior?

En este momento la aparición de la novela está demasiado cercana y no puedo todavía ponderar si he logrado transmitir lo que quería. Lo que sí pienso es que esta novela era la continuación lógica de Lo real.

No quiero abusar mucho más de su tiempo. Pero no puedo cerrar esta indagación sin trasladarle unas preguntas que se están haciendo muchos en esta Isla: ¿cuándo volverá Belén Gopegui nuevamente a Cuba?, ¿cómo concibe pasar entre nosotros un día a la cubana? 

No sé cuándo volveré. Probablemente aparecerán motivos en los que seguir trabajando juntos. En todo caso, aunque no esté allí, en estos días a veces un poco polémicos con la novela sí me ha llegado a parecer que Cuba estaba en Madrid, a través del apoyo que he recibido.  Un día a la cubana..., difícil concebirlo aquí y ahora, hay una imagen de un poema que para mí concentra muy bien el momento en donde empiezan a ocurrir las cosas que deseamos :  “como el latido de los pinares, al pararse el viento, que se preparan para oscurecer”.
 

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