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LA HAZAÑA DE LA PERSISTENCIA
 
Intelectuales, artistas populares y personalidades de la cultura de 21 países animaron la fiesta desarrollada en Santiago de Cuba del 3 al 9 de julio, conmemorado el bicentenario de la República Independiente de Haití. En el 2005, la Fiesta del Fuego se dedica a Venezuela. Solidaridad: palabra clave.


Reinaldo Cedeño, Alexis Castañeda| Santiago de Cuba
 


Imágenes del Desfile de la Serpiente. Foto: Miguel Noa

Santiago de Cuba se convirtió durante una semana en la capital del Caribe. Habló en creole y tambor, en inglés y cintura, en español y rebeldía. Convertida ya en el evento cultural múltiple más importante de la Isla, su sostén y su filosofía es la defensa de la cultura popular y tradicional, lugar donde radica la independencia y el reservorio infinito de los pueblos.

Esa amalgama de tradiciones recorrió como cada julio las calles principales de la ciudad, en lo que se ha dado en llamar Desfile de la Serpiente. Frente al corazón de la ciudad, el Parque de Céspedes, el pueblo aprecia la policromía del Caribe: danza y sonido, trance, negritud, ansia, colores, rebeldía...  

Francisco Lacayo, director de la oficina regional de la UNESCO para América Latina y el Caribe reconoció al Festival del Caribe por su aporte excepcional en la defensa del patrimonio inmaterial de los pueblos, de una cultura auténtica de mestizaje y síntesis.  

Canto a Haití

La también llamada Fiesta del Fuego rindió homenaje a los 200 años de la proclamación de la República Independiente de Haití.

Por esa nación habló el pintor James Alain Augustin, quien expresó: "Este es el único país donde he visto como se respeta y se quiere a la cultura de mi país. Quiero dar las gracias".

Las dificultades sociales y políticas de la isla caribeña, impidió el envío de una delegación artística; pero el convite homenajeó el hecho histórico a partir del legado franco-haitiano en Cuba.

Así se otorgó la Placa de Patrimonio Intangible de la Humanidad a la Tumba Francesa "La Caridad de Oriente", síntesis de una tradición que mezcló la sonoridad africana, la pompa de la antigua corte francesa y el repertorio mágico-danzario de Haití.


Tumba Francesa. Foto: Calixto Alexis Fernández

Igualmente se destacó la entrega del Premio Casa del Caribe a la comunidad franco-haitiano-cubana de Barrancas (Palma Soriano), quienes realizaron la hazaña de preservar por más de ochenta años, "el toque de sus tambores y la compañía de sus dioses" en medio de una perdida llanura del Oriente cubano.

En el teatro Heredia, escenario de galas y del gran coloquio "El Caribe que nos une", se expusieron objetos vinculados a la historia haitiana como el sable de Toussaint Louverture, mientras un busto de este libertador quedó inaugurado en la céntrica Avenida de las Américas.


El Ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto asiste a la develación del busto al héroe haitiano Toussiant Louverture. Foto: Teresita Huerta

Por su parte, agrupaciones portadoras de la tradición haitiana, reproductoras del folclor o descendientes, aportaron sus colores, cantos y danzas como Desandan, La Caridad, Thompson y Petit Dance, entre otras. 

Arte popular, poesía y reflexión

En parques, plazas y descargas nocturnas se integraron artistas e intelectuales, en el espectáculo "Gran Gagá", el "Espectáculo al Cimarrón" en el mítico poblado de El Cobre o el encuentro entre las Tumbas Francesas de Santiago de Cuba y Guantánamo.

El segundo Congreso Mundial de Poesía fue uno de los espacios más notables con la celebración de recitales, presentaciones de libros y rondas poéticas, entre representantes de Italia, Puerto Rico, México, Panamá, EE.UU., Argentina, Cuba, entre otros.

Las más diversas propuestas encaminadas a ratificar la autenticidad de la cultura resultaron las exposiciones y los talleres de Teatro Popular, Artes Plásticas, Comunicadores Sociales, Oralidad, Música y Religiones Populares.

Especial tributo se rindió al novelista cubano Alejo Carpentier quien recreó el misticismo haitiano en su novela El reino de este mundo y al intelectual haitiano Jacques Roumain Gobernadores del rocío.

Resultaron distinguidos con la Placa Conmemorativa José María Heredia, máxima condecoración de la cultura en la ciudad sede del Festival el investigador Ellis Juliano y el cantante Ced Ride, ambos de Curazao.

Solidaridad: palabra clave

Una personalidad como la promotora y bailarina norteamericana Julie Belafonte, puso su voz como eco de mayorías y expresó en el tradicional

Encuentro con los intelectuales “las medidas del gobierno de Bush contra Cuba y la familia cubana, no representan el sentimiento del pueblo norteamericano. Son de esos momentos en que uno se siente avergonzada de ser norteamericana".

El próximo Festival del Caribe conmemorará su primer cuarto de siglo y estará dedicado a Venezuela, en julio del 2005.

El embajador de esa nación en Cuba, Adan Chávez y el recién designado Ministro de Cultura de ese país, Farruco Ced; así como su homólogo de Cuba, Abel Prieto asistieron a la presentación.

Solidaridad fue la palabra clave en todos los ámbitos del Festival. Una muestra fue la brigada Venceremos de residentes en los EE.UU., que llegó al Festival en el llamado "vuelo del desafío", protesta contra las injustas medidas de Bush contra Cuba.

Más de cuatrocientos visitantes de 21 países respondieron al Festival, cuya apuesta por la cultura caribeña en ediciones ininterrumpidas, ha sido calificada por su director Joel James como “una voluntad de ser, la hazaña de la persistencia".

El Festival del Caribe concluye con la quema de un simbólico diablo de paja y madera, a orilla del mar, una especie de sortilegio contra la maldad y la desunión. Pero queda otro fuego, el de la cultura y amistad: esa es una llama inextinguible.
 

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