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EL TIEMPO PASA…
Por lo visto, o los
politiqueros de Miami desconocen que el tiempo no pasa en vano, o
simplemente son una banda de sinvergüenzas que, como sus padres, los
lamebotas del asesino Batista, hicieron del ejercicio de la política un modo
de vida. La opción más probable es esta última. No es necesario ser muy
inteligente para darse cuenta de que quienes apuestan por separar a la
familia cubana son parte de una generación vencida, por el paso del tiempo y
por el odio, que además de carecer de familia en Cuba padece, sobre todo, de
una terrible orfandad de ideas.
El exilio, cualquiera lo
sabe, ya no es el mismo. Según datos, el 80 por ciento de los que suelen
viajar a la Isla, llegaron a EE.UU. después del Mariel. No eran ni los
asesinos de Batista, ni los plattistas convencidos de que los americanos,
más temprano que tarde, rescatarían sus propiedades y, mucho menos, los que
se dejaban engañar con mentiras al estilo de que su hijo sería “enviado a
Rusia para convertirlo en carne prensada”.
Los que se han marchado de
la Isla estas últimas décadas fueron educados por la Revolución y las
razones por la que emigraron eran fundamentalmente de tipo económico aunque
tras su llegada, para evitarse problemas en “el país de la libertad”, se
vieran obligados a decir lo contrario. Por ello, la gran mayoría de quienes
hoy integran esa comunidad, se da cuenta de que no resulta nada convincente
pretender combatir una “dictadura” con métodos dictatoriales como el impedir
viajar libremente; defender los derechos humanos atentando contra los lazos
familiares y de afecto o hablar de transición “democrática” desde el
totalitarismo fascista.
Además de las protestas
públicas y de las a sotto voce, esas que se hacen audibles en
las urnas, el mejor ejemplo de esa diferencia es el encuentro casual que
tuvo lugar en el aeropuerto de Miami cuando el magnicida mediático Lincoln
Díaz-Balart, procedente de Washington, se topó con la protesta de decenas de
cubanos a quienes les prohibieron viajar a Cuba. Uno de los manifestantes no
pudo ser más sincero: “Descara’o —le gritó a la cara al legislador— hace
rato que te estás enriqueciendo con nosotros”.
Sin duda, quienes todavía
sueñan con escalar la escalinata del capitolio habanero y acomodarse en uno
de los asientos del hemiciclo de la añeja cámara de representantes, deben
cambiar sus métodos. Por lo visto, la demagogia a la que tanto apelaron sus
mayores allá por los años 50 no parece la mejor opción para conseguir la
reelección del inquilino de la Casa Blanca. Al parecer, para que ello sea
posible, solo les queda repetir uno de los recurridos métodos del batistato:
otro golpe de estado electoral. |