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Antonio Bachiller y Morales
EL CABALLERO CUBANO

Josefina Ortega
| La Habana

 

Se le conoció como “el patriarca de la erudición en Cuba” o “el patriarca de nuestras letras”. También como “el padre de la bibliografía cubana".

Según se dice, en la Biblioteca Pública de Nueva York, había un sitio que unos cuantos llamaban el asiento de "El caballero cubano" refiriéndose a la frecuencia con que allí se sentaba a estudiar mientras vivió en esa ciudad norteña.

Por haber sido elegido, en enero de 1860, como concejal del Ayuntamiento de La Habana, hizo todo lo posible para la conservación de valiosos documentos guardados en el Archivo Municipal, muy especialmente las antiquísimas Actas Capitulares. Por igual celo y dedicación a la Junta de Hacienda, logró rescatar para la Universidad fondos que se suponían perdidos.

Aunque no predicaba ideas separatistas, la Revolución del 68 motiva que junto a un grupo de intelectuales redactara y firmara un documento pidiendo amplia autonomía para los cubanos como único medio para terminar la guerra. Este hecho hizo que su casa fuera asaltada por el tenebroso cuerpo de “Voluntarios”. Su valiosa biblioteca fue brutalmente destruida

En contra de su voluntad y de forma perentoria tuvo que salir hacia Estados Unidos, donde recibe poco después la noticia de la muerte de su hijo Antonio, quien fuera macheteado en un hospital de sangre del Ejército Libertador de Cuba.

Muchas biografías coinciden enunciando que “en la ciudad de La Habana, en una casona de la calle Habana, nació el día 7 de junio de 1812, como hijo primogénito de una acomodada familia, cuyo tronco lo formaban el teniente coronel del Regimiento de Puebla (México), don Gabriel Bachiller y Mena y doña Antonia Morales y López del Castillo.

Antonio —tal fue el nombre de la personalidad cubana que La Memoria trae a sus páginas— fue con el tiempo uno de esos hombres sobre los cuales aquel aforismo de José Ingenieros se cumple con claridad meridiana: vivió de tal manera que la muerte fue una tremenda injusticia: estudios en el Seminario San Carlos; en la "Real y Pontificia Universidad de La Habana"; licenciatura de Derecho Canσnigo y el título de abogado en la Audiciencia de Camaguey; ejercicio de la abogacía en La Habana; cargos de importancia en la “Caja de Ahorros, Descuentos y Depósitos y en la Audiencia Pretorial”.

Se dice que su fama como abogado no fue menos que en el cultivo de las letras. La Sociedad Económica de Amigos del País premió su obra Memoria sobre la exportación del tabaco en rama (1835).

En esa propia institución y en el Seminario de San Carlos trabaja en las cátedras libres de Economía Política, en las cuales condena la esclavitud y defiende la libertad de comercio.

Bachiller y Morales interviene activamente en la reforma universitaria de 1842, toma a su cargo la cαtedra de Filosofía del Derecho, desempeña el Decanato de la Facultad de Filosofía, mejora la biblioteca.

Una de los más lúcidos ensayos sobre Bachiller y Morales lo escribiría Martí en El Avisador Hispano-americano, el 24 de enero de 1889: “Americano apasionado, cronista ejemplar, filólogo experto, arqueólogo famoso, filósofo asiduo, abogado justo, maestro amable, literato diligente, era orgullo de Cuba Bachiller y Morales, y ornato de su raza. Pero más que por aquella laboriosidad pasmosa, clave y auxiliar de todas sus demás virtudes; más que por aquellos anaqueles de saber que hacían de su mente capaz, como una biblioteca alejandrina (...), fue Bachiller notable porque cuando pudo abandonar a su país o seguirlo en la crisis a que le tenían mal preparado su carácter pacífico, su filosofía generosa, su complacencia en las dignidades, su desconfianza en la empresa, sus hábitos de rico, dejó su casa de mármol con sus fuentes y sus flores, y sus libros, y sin más caudal que su mujer, se vino a vivir con el honor, donde las miradas no saludan, y el sol no calienta a los viejos, y cae la nieve”.

Es cierto que, terminada la Guerra de los Diez Años, Bachiller vuelve a Cuba con carta de ciudadano norteamericano, pero la verdadera razón fue su negativa a ser ciudadano de España, y en La Habana muere el 10 de enero de 1889.

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