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SAN FELIPE DE NERI

Josefina Ortega
| La Habana

Por real cédula del 16 de septiembre de 1783, el ya muy anciano Carlos III, Rey de España, preguntaba  al Gobernador de Cuba si sería útil o perjudicial el establecimiento de un colegio de misioneros capuchinos en San Cristobal de la Habana y destinado a la casa- oratorio de San Felipe de Neri, además de las rentas de que dispusiera dicha institución religiosa.

Casi un año más tarde el gobernador contestaba al monarca que no era necesario, aunque pudiera ser útil y provechoso, y a continuación daba una larga explicación con tono de defensa, para salvaguardar la iglesia.

Tal respuesta motivó que por decisión del rey, la iglesia San Felipe de Neri quedara bajo custodia de la congregación correspondiente y que la orden de los capuchinos siguiera su búsqueda de otro edificio.

Según algunos,  la decisión fue para que los capuchinos “escogieran” la posibilidad de irse a predicar a La Lousiana y la Florida. Para otros, la intención era evitar ¾por costoso¾ que se modificara  la edificación, ya que un colegio de capuchinos significaba incluso la creación y  mantenimiento de dependencias específicas, entre ellas una huerta en donde los monjes realizaran labores de cultivo ¾ lo que hoy se llamaría para el autoabastecimiento. La iglesia no tenía espacio dedicado para tales labores

De todos modos mientras se construía una iglesia y casa para los monjes se permitió que permaneciera en San Felipe de Neri, aunque una orden real especificaba que no: “se enajene ni disponga de efecto alguno o alhaja del oratorio ni se innove en los retablos y adornos de la iglesia, sacristía y demás oficinas.”

Hoy la iglesia, restaurada y embellecida, por estos días sirve como una de las sedes del encuentro internacional de canto coral Corhabana. La belleza conservada del edificio, la excelente acústica y la muy buena ubicación dentro del centro histórico la hacen ideal para tales menesteres, pero en su momento y a pesar de las indicaciones del rey y la defensa del gobernador, la construcción sufrió unos cuantos embates provocados por  los hombres y el tiempo.

En la esquina de Obrapía y Aguiar, en 1693 se había construido el templo, después que sus congregantes transitaran por varias iglesias hasta  conseguir  que, a expensas del Licenciado Francisco Sotolongo, quien ofreció el sitio  propiedad de sus padres, se remodelara la edificación.

La torre y la fachada, construidas en la  misma esquina, tenían la peculiaridad de erigirse un tanto  alejadas de la calle  ¾ algo que se conserva hasta hoy¾ y es un detalle distintivo de esta edificación.

La pequeñísima plazuela que se forma hace hermoso y encantador el conjunto Así, “todo el cuerpo bajo la fachada era extremadamente sencillo, mientras el alto formaba un remate  decorativo muy barroco ¾semicircular en el centro, apuntado a los lados¾, bien calculado para elevar las proporciones del conjunto"... señalaba el arquitecto cubano Joaquín Weiss.

Pero en 1844 se había reducido tanto la cantidad de congregantes ,que se decidió por la autoridades coloniales restaurar la mayor parte del edificio, entregándolo a la Sociedad Amigos del País, que aún no tenía sede propia, pero si una enorme biblioteca con cerca de 12 mil libros.

Casi cien años después y luego de otros avatares poco afortunados la Iglesia fue vendida (y demolida la torre) para entregarse a la Oficina de una institución bancaria.

Según Weiss la Iglesia de San Felipe de Neri tenía unos espléndidos altares barrocos que fueron transplantados hacia la iglesia del Carmen para embellecer el nuevo y flamante templo construido con arquitectura moderna.

San Felipe de Neri, ahora  con otras funciones distintas para las que originalmente se edificara, tiene en su conservación el merito de servir igualmente para  el enriquecimiento cultural de las almas que allí concurren, para escuchar música en uno de los mejores lugares posibles.
 

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