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ÑICO SAQUITO...
MARÍA CRISTINA LO QUIERE GOBERNAR

Mario Vizcaíno Serrat
| La Habana

El famoso guitarrista y compositor cubano Ñico Saquito recobra toda la vitalidad de su leyenda cada vez que asoma el tema del talento musical cubano, y, sobre todo, la cualidad de algunos como él para ser simpáticos y profundos cronistas de su país.

Nacido en febrero de 1901 en Santiago de Cuba, al oriente de la Isla, Benito Antonio Fernández Ortiz fue uno de esos seres que nunca se desvían de lo que parece el destino, gracias a un talento que se impone ante los obstáculos.

A los 12 años, Ñico Saquito tuvo que convertirse en soldador metalúrgico debido a la humildad de su familia. Así fue como participó en algunas zafras azucareras antes de 1959. Cuando aparecía el temido “tiempo muerto” —período en que cesaba la molida— Ñico Saquito vendía sortijas, fosforeras, fogones de cocina, coladores de café.

De acuerdo con la leyenda, el que después sería famoso integrante de Los Guaracheros, era contratado, cuando joven, por equipos de béisbol que visitaban Santiago de Cuba: entonces, él iba con un saco para capturar las pelotas que se escapaban del terreno, de ahí que los aficionados lo bautizaron como Ñico Saquito.

Sin embargo, el hasta hace poco reverenciado Compay Segundo aseguró alguna vez que era apodado así porque solía llevar un “saquito” debajo del brazo.

La música comenzó a invadir el espacio de Ñico cuando su mamá y su tía juntaban voces en el barrio Tivolí, donde él nació, además de la influencia de la tradición folclórica y musical de Santiago de Cuba. A los 15 años, acarició por primera vez una guitarra, ayudado por el maestro Félix Premion.

Después de varios años de probar fortuna en el arte, integró el Cuarteto de Manolo Castillo, mientras tocaba guitarra y cantaba. En 1934 integró el grupo Típico Oriental, dirigido por el brillante tresero Guillermo Mozo.

Pero el éxito de Saquito —por el que todas las miradas lo iluminaron— fue “Cuidaíto Compay Gallo”, que compuso en 1936, pieza de gran notoriedad en las voces y guitarras del trío Matamoros, que le grabó el tema y lo hizo popular. Otros conjuntos lo incorporaron a su repertorio cuando escucharon algunas estrofas: “Valga que hable, que si no, valga que hable, que si no, me coge el gallo Rufino, esto lo dijo el perico, porque un gallo equivocado lo confundió con gallina”.

Estimulado, Ñico Saquito fundó, en 1937, el trío Compay Gallo, con el que grabó otras de sus populares y contagiosas piezas, entre ellas la guaracha “Saca la jabita” y el son “Un domingo en el batey”, más tarde escogidos por el maestro Gonzalo Roig para ser interpretados en el filme Romance del Palmar.

Ñico Saquito es el compositor de la gracia cubana, de una inspiración que se deja arrastrar por un humor burlón y chispeante que no se detiene ante las circunstancias más desfavorables.

Varios cantantes extranjeros se sintieron estimulados por el genio del cubano. Le grabaron temas famosos de la época como “Camina como Chencha la Gambá”, “Mi cinturita”, “Me voy para la luna”, mientras el trío mexicano Los Panchos conquistó a miles de admiradores con el tema “Silverio, Facundo y la luna”.

Pero la canción más popular de Ñico Saquito es la que ha quedado como sellada en la memoria de los cubanos: “María Cristina”, cuya estrofa, convertida en leyenda, dice: “María Cristina me quiere gobernar, y yo le sigo, le sigo la corriente, porque no quiero que diga la gente que María Cristina me quiere gobernar”.

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