|
Más comida para las
mascotas
Informe Worldwatch Institute 2004 /
Más
ricos, más gordos, pero no más felices
Occidente gasta más en comida para perros que en la
lucha mundial contra el hambre
Periodista Digital
Más de 1 700 millones de habitantes del planeta
conforman la categoría global de la «clase
consumidora». En el reverso de la moneda
figuran los 2 800 millones de personas que sobreviven
con menos de dos dólares al día. Y un dato: los
occidentales gastamos al año en «comida
para mascotas» 17 000 millones de
dólares, frente los 19 000 millones que se destinan a la
«lucha
mundial contra el hambre». Son algunas
de las conclusiones del informe El Estado del Mundo
2004, elaborado por el
Worldwatch Institute y consagrado
por entero a los excesos de la sociedad de consumo.
El apetito consumidor
que existe en el planeta no solo ha perjudicado por
igual la vida de ricos y pobres, sino que mantiene un
ritmo insostenible, según el Informe Worldwatch.
El consumismo, que se
ha extendido por el mundo debido a la creación de mayor
riqueza y la globalización, acarrea graves consecuencias
para los ricos y no contribuye a resolver los problemas
de los sectores más indigentes, según el informe.
El Instituto Worldwatch (WI) indica que «las
enfermedades del consumismo», entre ellas la obesidad,
han afectado gravemente a los sectores de mayores
recursos.
El mundo consume
productos y servicios a un ritmo insostenible, con
resultados graves para el bienestar de los pueblos y el
planeta», destaca el informe.
Agrega que más de 1
700 millones de personas ingresaron durante gran parte
del siglo pasado a la «clase consumista» y adoptaron
dietas, sistemas de transporte y estilos de vida hasta
ahora limitados a Europa, América del Norte y Japón.
«El aumento del
consumo ha ayudado a atender necesidades básicas y a
crear fuentes de empleo», dijo el presidente del
Worldwatch Institute,
Christopher Flavin, al dar a conocer el
informe.
«Pero en este siglo,
el apetito consumidor sin precedentes destruye los
sistemas naturales de los que todos dependemos y hace
aún más difícil que los pobres satisfagan sus
necesidades básicas», añadió.
«Los mayores índices
de obesidad y deuda personal, escasez crónica de tiempo
y degradación ambiental son síntomas de un consumo
excesivo que reduce la calidad de vida para mucha
gente», agregó.
El informe afirma que
el gasto para la adquisición de bienes y servicios se
cuadruplicó desde 1960 y en el 2000 fue de más de 20
billones de dólares.
Además, solo un 12 %
de la gente que vive en Norteamérica y Europa occidental
es responsable del 60 % de ese consumo, mientras que los
que viven en el sudeste asiático o en África al sur del
Sahara representan solo un 3,2 %.
Según los directores
del proyecto,
Lisa Mastny y
Brian Halweil, en las últimas décadas el
consumismo de los más ricos, y ahora de las clases
medias, ha ido más allá de la intención de saciar
necesidades o incluso ansias.
Además, el fenómeno
aumenta en el mundo en desarrollo debido a la
globalización, que ha permitido que millones de personas
entren en el consumismo al proporcionar la tecnología y
el capital para producir y distribuir bienes de consumo.
Para el Worldwatch
Institute, el ejemplo clásico de país consumista es
EE.UU., donde hay más automóviles que personas
autorizadas para conducirlos.
Pero esto no
significa que los estadounidenses sean más dichosos, ya
que solo un tercio de ellos dijo que vive «muy feliz».
Esa cifra es casi
igual a la de 1957, cuando solo disfrutaban de la mitad
de su riqueza actual.
El creciente consumo
en el mundo industrializado y en los países en
desarrollo es más de lo que nuestro planeta puede
soportar, señala el Worldwatch Institute.
Los bosques, las
tierras agrícolas, las selvas y los territorios vírgenes
disminuyen para dar espacio a la gente, las casas, los
centros comerciales y las fábricas, señaló.
Según Halweil, el
consumo no es intrínsecamente negativo. En estos
momentos en el mundo hay casi 3 000 millones de personas
que sobreviven con menos de dos dólares diarios.
En China, la demanda
consumista ha estimulado la economía, creado fuentes de
empleo y atraído la inversión externa, señaló.
Pero para que no se
alteren estos beneficios, el Instituto Worldwatch
propone reformas tributarias para dedicar más impuestos
a reparar los daños al ambiente, normas para impedir la
incineración y mejorar la calidad y durabilidad de los
productos, así como la responsabilidad personal.
«Sería una tontería
subestimar el desafío que significa controlar el marasmo
del consumismo», señaló Flavin.
Sin embargo, advirtió
que ante el costo de no controlar este apetito, es clara
la necesidad de encontrar respuestas.
«En última instancia,
atender necesidades básicas, mejorar la salud humana y
apoyar un mundo natural que nos alimente a todos, hará
necesario que controlemos el consumo y que el consumo no
nos controle a nosotros», dijo Flavin.
|