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DONDE GERMINAN LAS SEMILLAS
 
Hoy son mucho mejores las condiciones con que cuentan quienes llevarán sobre sus hombros la tarea de dar continuidad a nuestra cultura en escuelas primarias y en Casas de Cultura, así como en cualquier otra institución donde existan, de alguna manera, aptitudes para el desarrollo de las manifestaciones del arte.


Magaly Cabrales| La Habana


La creación de las escuelas donde se formarían instructores de Arte era un viejo anhelo de la Revolución cubana, que vino a convertirse en obra tangible el 18 febrero del 2001, cuando nuestro Comandante en Jefe dejara inaugurado en la provincia de Villa Clara  15 centros dedicados a esta actividad. Estas escuelas se corresponden con el número de provincias que conforman nuestro territorio nacional, incluyendo al Municipio Especial de la Isla de la Juventud.

Hace algunos días visitamos uno de estos centros encargados de sembrar las semillas que posteriormente engrandecerán con sus frutos nuestra cultura nacional, la escuela de instructores de Arte de Ciudad de La Habana Eduardo García Delgado, dirigida por el licenciado en Educación Mario Pérez Márquez, quien conversó para La Jiribilla sobre sueños y retos.

Para empezar prefirió mirar al pasado, a aquellos días de las primeras escuelas de instructores que existieron en nuestro país, surgidas a partir  de una idea de Fidel, en los años 60. «No se semejaban en modo alguno a estas con que contamos ahora», asegura. «Aquel primer grupo de jóvenes que aspiraban a ser instructores de Arte, que eran campesinos o hijos de campesinos en su mayoría, arribaron a la capital, procedentes de las distintas provincias del país, para ser acogidos en distintos hoteles. Uno de ellos fue el Comodoro, donde se conserva una tarja que identifica esta instalación como la primera sede de una escuela formadora de instructores. Más tarde pasaron a residencias de burgueses abandonadas en Miramar, en las que concluyeron sus estudios. Regresaron a sus provincias de origen y, no sin grandes dificultades, cumplieron la misión que la Revolución les había encomendado. Precisamente en nuestro centro laboran actualmente algunos de aquellos instructores. Para nosotros constituyen ejemplos, inspirándonos respeto y admiración».

Hoy son bien distintas las condiciones con que cuentan quienes llevarán sobre sus hombros la tarea de dar continuidad a nuestra cultura  en escuelas primarias y en Casas de Cultura, así como en cualquier otra institución donde existan, de alguna manera, aptitudes para el desarrollo de las manifestaciones del arte. La escuela Eduardo García Delgado, de la capital, es una magnífica instalación, equipada con los mejores y más modernos recursos materiales y humanos donde sus matriculados no solamente se preparan para graduarse como  instructores de Arte, sino también como Bachilleres en Humanidades.

«Por tal motivo, nos explica el Director de la escuela, los alumnos reciben conocimientos de asignaturas como Español, idioma Inglés, Literatura, Historia Universal y de Cuba y Elementos de Cultura Política, entre otras. Conjuntamente con este aprendizaje llevan a cabo estudios que tienen que ver con el arte, o sea, con la especialidad que han seleccionado, que puede ser música, danza, teatro o artes plásticas, aunque profundizan en el conocimiento de todas las manifestaciones del arte. Por ejemplo, un instructor que se forma en la especialidad de teatro, se gradúa en nuestros centros como instructor de Teatro y bachiller en Humanidades, pero al propio tiempo tendrá conocimientos de música, de las artes plásticas y de la danza desde el punto de vista de la apreciación y la aplicación del arte. Es decir, que lo que tratamos en nuestras escuelas es de formar un instructor de Arte que tenga realmente  una cultura integral. Que se haga un especialista bien formado, pero que reciba dentro de esa buena formación el resto de los conocimientos necesarios para poderse graduar integralmente».

Estos conocimientos son impartidos por un experimentado claustro de profesores, algunos de los cuales constituyen prestigiosas figuras de la cultura cubana. Asimismo la escuela cuenta con aulas especializadas de música, danza, teatro y artes plásticas; bibliotecas, salas de video, confortables dormitorios y los estudiantes disponen además de  atención médica y alimenticia. «Soy de los que piensa, explica Pérez Márquez, que no es comparable en modo alguno lo que ponemos a disposición de nuestros educandos en relación con lo que les exigimos durante los cuatro años que permanecen en nuestro centro y mucho menos lo que se les exige para ingresar en él, donde se tiene sobre todo en cuenta la aptitud de los aspirantes y no sus conocimientos del arte, los cuales somos nosotros los encargados de trasmitírselos una vez que forman parte de nuestro colectivo estudiantil».

Para más garantías la escuela hace extensiva su responsabilidad hasta después de graduados  sus egresados, los cuales reciben, junto con sus  títulos, su ubicación laboral y la opción de matricular estudios superiores en las especialidades de Humanidades y Pedagogía.

En la despedida, se impuso hablar de satisfacciones: «Sí, nos sentimos muy satisfechos de lo que va ocurriendo fundamentalmente con los estudiantes. Cuando entraron a nuestra escuela los conocimos siendo casi niños, con 14 y 15 años. Ahora vemos a aquellos niños convertidos ya en artistas, en profesionales  que se van a dedicar a la pedagogía del arte y al mismo tiempo convertidos en jóvenes con conocimientos muy profundos.

No niego que la formación de instructores de Arte es una tarea bien compleja, sin lugar a dudas. Pero cuando pensamos que dentro de muy poco tiempo, en el mes de julio del presente año, graduaremos los primeros 300 alumnos de nuestro centro recogiendo así los frutos de aquellas semillas que sembramos hace cuatro años; cuando pensamos que el resto de nuestros educandos avanzan en su aprendizaje; que sentimos su respeto, su afecto; que el sacrificio y la dedicación no han sido en vano; que hemos cumplido con la dirección del país y especialmente con el Jefe de la Revolución, que tanto nos ha apoyado en el desarrollo de nuestra tarea y a quien estamos preparados para decirle, sin el menor temblor en la voz: Fidel, hemos cumplido contigo, aquí están los instructores que tú nos pediste que formáramos, nos llenamos de orgullo, de mucho orgullo».
 

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