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Solo las gentes locas y románticas son capaces de hacer realidad los sueños
 
La primera vez que me senté en la oficina de Alfredo Guevara, recuerdo que él dijo algo así...: «¿tú quieres vivir como cubana o como extranjera?», y yo le respondí: «como cubana». Entrevista con la cineasta peruana Chiara Varese.


Carlos E. León| La Habana

 

Chiara Varese, cineasta peruana, amiga entrañable de Cuba y miembro permanente de la Comisión Organizadora de la evaluación para el ingreso a la Escuela Internacional de Cine y Televisión, San Antonio de los Baños, Cuba (creada por la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano), accedió a conversar un rato conmigo en esta XXV edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano,  en entrevista exclusiva para La Jiribilla.

¿Por qué viniste a Cuba y cuándo?

La primera vez que vine a Cuba fue por esos viajes que se daban en esa época, en el año 1973, en el gobierno de Velasco, pero ya yo andaba buscando la forma de estudiar cine, que era lo que yo quería. Paralelamente andaba buscando una beca en México, en Canadá y en Cineccitá.

Cuando regresé a Lima me enteré de que me habían otorgado una beca en Cineccitá, pero ya en Cuba, hablando con algunas personas se me abrió la posibilidad de venir acá, como también se le abrió a otras gentes, y el ICAIC me dijo que yo podía venir a Cuba a estudiar cine, pero haciéndolo; porque en Cuba en esos momentos, estoy hablando del año 1973, no existía escuela de cine todavía. Entonces yo elegí esa opción; de la que te hablo, hombre, de Cuba y del ICAIC.

Háblame de tu quehacer como cineasta, de tu obra, de lo que has hecho en tanto directora, productora...

Eso tiene varias etapas. La primera sería la década de los 70, los 80, todavía era factible hacer cine, éramos un grupo de cineastas que andábamos como locos, hacíamos de todo; porque mi experiencia en el ICAIC también fue formarme integralmente, en la asistencia, en la dirección, en la producción, en la edición, cargando cables, montando cámaras, era muy completo y era muy bonito. Me especialicé como camarógrafa.

Luego al regresar al Perú, a América Latina, ya como documentalista formé parte de un equipo, no solo de peruanos, sino de latinoamericanos, había uruguayos, argentinos; bueno, pues me podía tocar hacer la segunda cámara, trabajar en el guión, un día hice un corte de negativo con un compañero, que ni él sabía, ni yo tampoco, pero quedó muy bien.

En aquella época hermosa hicimos una cosa con Augusto, un músico de vals, Se necesita muchacha, que fue una codirección, guión y cámara, sobre el tema de las empleadas domésticas; Imágenes para una democracia, sobre la parafernalia «democrática» de los procesos electorales en nuestros países; Teatro de la calle, ese fue el primero que trabajé, y hubo muchos otros, solo te menciono algunos, los que recuerdo en este momento.

Todos estos trabajos que te acabo de nombrar no fueron solo míos, sino del equipo de trabajo, porque estoy convencida de que el cine tiene que ser un trabajo de equipo y entonces es de todos.

Trabajamos un tiempo con video que lo ligamos con animación, en este caso con Walter Tournier, y este trabajo fue muy divertido, trabajamos con cinta de 1 ¼, y el cóndor, que era el que contaba la historia del incanato, que había hecho el flaco Tournier, se movía con palitos que no se veían.

Es una etapa de la que guardo recuerdos muy agradables.

Entre otras cosas que tú has hecho en tu vida profesional, ha estado también la corresponsalía y la fotografía, cuéntame un poco de esto.

Yo fui corresponsal de agencias de noticias extranjeras sobre todo en la década de los 70, he sido fotógrafa, he hecho muchas cosas, como todo el mundo, porque nos gusta y porque lo necesitamos también económicamente. Pero eran situaciones muchas veces muy simpáticas, o  muy locas, que hoy en día alguien de veinte años, como pudieran ser uno de mis hijos, me dirían: «mamá, tu naciste en la época en que las carretas tenían ruedas cuadradas». Por ejemplo, en los 70 éramos corresponsal de una agencia inglesa de noticias, pero filmábamos en 16 mm, el sonido era en Nagra, íbamos al aeropuerto, mandábamos la imagen en una latita, el sonido en la otra, y nunca veíamos, y ahora de eso hace mil años, y eso va por vía satélite, esa es una anécdota.
 

Otra anécdota que tengo es que en una de estas corresponsalías, me piden que vaya a filmar a Quito, Ecuador, la reunión de los cancilleres de la OEA, ¡partí yo sola!; estoy hablando del año 74, partí yo sola con una Arri BL, que debe pesar como unos 12 kilos y una Nagra, y claro, en el barullo o molote de cuando había que entrevistar a un canciller ya yo no sabía qué hacer porque tenía la Nagra por una lado, la Arri en el hombro, hacer foco, y, por supuesto, no tenía la tercera mano para el micrófono, y, entonces, en ese momento, entrevistando a una personalidad muy importante en aquella época, que no me acuerdo cómo se llama, le dije:«por favor, Ud. sería tan amable de agarrar el micrófono porque a mí no me alcanzan las manos, porque no soy pulpo».Todo eso en Quito que tiene como mil pies de altura, era flaquita pero era joven, y esas cosas me fascinaban y me encantaban.

¿Te siguen encantando?

Sí, me siguen encantando, y quisiera volver a la cámara, que la dejé cuando nació mi segundo hijo, él no tiene nada que ver con eso, fue una cuestión de que había que tomar opciones en términos de trabajo que tuvieran un horario que fuera más coherente con la situación que yo tenía en aquellos momentos, porque el cine, la lactancia y la maternidad… hay momentos en la vida en que son un poco complicados.

Recuerdas alguna anécdota de tu estancia en el ICAIC, con los que hoy son tus amigos y ayer fueron tus compañeros de trabajo.

Bueno, los recuerdos son interminables, no quiero ser ni aburrida, ni larga.

Recuerdo mucho la estancia con Santiago Álvarez, para mí eso fue una experiencia..., no lo puedo ni siquiera mencionar sin que se me haga un nudo en la garganta; recuerdo las bromas de los compañeros del Departamento de Cámaras, que me enseñaron todo, me enseñaron, incluso, a limpiar cámaras, a desarmar lentes y a limpiarlos. Una de las que más recuerdo de estas bromas lindas y maravillosas, porque me sentí cada vez más parte del equipo de gente humana, fue que yo tenía que cargar unos magazines, eran unos magazines, nada más y nada menos, que para ir a filmar la Plaza de la Revolución con el Comandante Fidel que hablaba, entonces entro al cuarto oscuro con un calor espantoso, cuarto oscuro, más bolsa negra, más todo negro, no lograba enganchar la película en el núcleo y yo estaba ya al borde de la desesperación total y me decía: «no puede ser, eso ya lo he aprendido a la luz, lo he aprendido a la vista, lo he aprendido con película velada...»; hasta que comienzo a escuchar unas carcajadas afuera porque el núcleo lo habían puesto al revés a propósito.

También recuerdo con el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, cuando iban a grabar a la EGREM y me llevaban, cuando se estaba haciendo algún documental de música, de Soledad Bravo y otros cantantes y músicos. Hacía de asistente de cualquier cosa, lo cual me parece fantástico porque uno aprende desde cargar un cable hasta barrer el piso, y aprende todo porque se va pasando por todas las etapas. Claro, después que se terminaba de grabar, uno seguía compartiendo, seguías viviendo, lo importante era eso.

Chiara Varese, ha sido jurado varias veces en Festivales Internacionales, tanto en Cuba, como en otros países, ¿cuáles han sido tus experiencias en ese desempeño?

Antes de hablar de las experiencias, voy a hablar de las sensaciones, y la sensación, siempre, es como una especie de pánico, de miedo, porque al final hay que tomar una decisión sobre un premio, o cinco premios, o diecisiete premios, dependiendo de los festivales, y muchas veces es muy difícil, porque hay muchas películas que llegan a un nivel, que uno quisiera que fueran premios compartidos, pero por cuatro, por ejemplo.
 

Sí, he sido jurado, he participado en muchos eventos en Perú, en Venezuela, en Brasil, en España y en Cuba dos veces.

Como anécdota quiero contar la de Bahía, la Jornada de Cine de Bahía. Éramos siete jurados, pero en el hotel compartíamos la misma habitación, eso es muy bahiano, que es muy parecido a los cubanos, lo cual me parece fantástico. Compartíamos la habitación..., yo estaba de jurado y Miriam Talavera competía con un documental y compartíamos la habitación, cosa que se supone que no se debe hacer porque pudiera ser que haya determinadas influencias, en este caso no las hubo porque realmente las dos somos incapaces de influenciar una con la otra.

Otra locura que me pasó a mí, siendo jurado de documental en el año 87, en el Festival Internacional de Cine de La Habana, cuando se decidió que los jurados de documental y animación, más los jurados de ficción después se reunían a hacer el Gran Jurado y daban un solo Gran Premio Coral y competían ficción, documental y animación, y entonces los once que éramos, pensábamos que era absolutamente loco, porque eso es como que compita por un premio novela, poesía, ensayo y periodismo, ¿no? Entonces estábamos todos, y como en muchos casos se considera que la ficción está por encima del documental, se considera digo, yo no lo considero así; es decir, como que uno va a la primaria, a la secundaria y después va a la universidad, entonces en este caso después del documental viene la ficción y si uno no llega a la ficción parece que es como si uno nunca hubiera tenido un postgrado universitario.

Yo recuerdo que ese año, en ficción, estaba Susana Amaral y Eliseo Subiela, que son personas que uno miraba con sumo respeto por lo que habían hecho y siguen haciendo, y fue una discusión interminable donde yo perdí mi reloj, y ganó Tierra para rosa, porque en esa competencia, en esa locura, Tierra para rosa, dentro del marco de este festival era el Gran Coral.

Al siguiente año, felizmente, los compañeros del Festival decidieron que nunca más se iba a volver a hacer ese premio.

En febrero de 2003 tuvimos la suerte de tenerte aquí, otra vez, pero en la Feria Internacional del Libro, ¿a qué viniste y qué te pareció?

Bueno, voy a hacer un breve resumen. Después de treinta años que vengo a Cuba, conozco mucha gente y quiero a mucha gente y quiero a muchas instituciones culturales.

Los países invitados de honor a la Feria de este año eran los cinco países de la Comunidad Andina de Naciones, y entonces el año pasado el Instituto Nacional de Cultura del Perú, que equivaldría a un Ministerio de Cultura de alguna manera, me pidió que yo organizara la presencia del Perú como uno de los países invitados de honor; eso significaba, no solo ver los escritores y las editoriales y todo lo que eso implica, sino también hacer una muestra en uno de los pabellones de La Cabaña y trabajé en eso, trabajé en eso y fue una experiencia también muy grata y muy importante en mi vida porque, entre otras cosas, yo jamás pensé encontrarme con una Feria del Libro  ―que he visto algunas, otras en el mundo― de la magnitud de esta, en términos de la cantidad de gente que va a la Feria, que participa de la Feria, que va a escuchar conferencias, algunas interesantes y otras aburridísimas, pero que tiene un gozo por el libro, por la cultura. Una masividad de gente que era sencillamente impresionante; y, además, quiero añadir a esto que, felizmente, logré convencer a dos compañeros cineastas cubanos para que colaboraran conmigo en montar esa locura, porque, obviamente, como buen país latinoamericano que somos, había que solucionar los miles de problemas y, como buenos cineastas, saben solucionar los problemas. Y también que sin el apoyo de Casa de las Américas, la presencia que tuvo el Perú, en términos de la exposición de las fotos de Martín Chambi, de la réplica de huacos, no hubiera salido tan bien como salió.

En este XXV Festival no viniste de jurado, viniste a hacer otro trabajo y participar del Festival, ¿qué trabajo fue este?

Como una de las cosas maravillosas que hay en el mundo están los sueños, solamente las gentes locas y románticas son capaces de hacer realidad los sueños.

Se pensó en hacer un documental para la inauguración del Festival, que de alguna manera mostrara este veinticinco aniversario del Festival de Cine.

Vine llamada por la Casa del Festival y por su director Iván Giroud.

Este proyecto surgió de varias cabezas, y se hizo este documental, Memorias; se trabajó con Miriam Talavera, con Cristina Fernández, con Carlos León y un equipo de gente indispensable para sacar esto adelante, complicado, pero maravilloso.

Fue un trabajo duro, por la cantidad de material de archivo que existe de los veinticuatro festivales anteriores, y por el poco tiempo que teníamos para prepararlo; pero como te decía antes, las gentes locas suelen lograr los sueños, y todos los que trabajamos, nos divertimos y nos emocionamos, en silencio, desde nuestras butacas, cuando vimos que abría la inauguración del XXV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en el teatro Karl Marx.

¿Qué significación tienen para ti estas tres personalidades del cine cubano: Sara Gómez, Julio García Espinosa y Alfredo Guevara?

Para mí, Sara Gómez, aparte de la importancia que tiene dentro del cine cubano, en mi experiencia personal de cuando tenía veinte años, fue de trabajar en la película que ella estaba haciendo, De cierta manera, cargando chasis y otras cosas; cargando, digo, con placer y alegría porque conocí a una mujer maravillosa.

Julio, en ese momento, supo entender que para este personaje que soy yo, en ese momento de mi vida, de mi mundo, habían cosas que me eran difíciles, porque uno está en un país que no es el suyo, al comienzo, los primeros meses, y supo entender eso, y supo ayudarme mucho a poder entender y solucionar algunas cosas. En fin, si no hubiera sido por él yo no hubiera logrado llevar mi vida como la hice en el ICAIC.

La primera vez que me senté en la oficina de Alfredo, recuerdo que él dijo algo así..., mejor dicho de lo que yo lo voy a decir: « ¿tú quieres vivir como cubana o como extranjera?», y le respondí: «como cubana». Yo le agradezco a él, desde ese entonces y hasta el resto de mi vida, que me haya hecho, como decimos nosotros, arar, en ese primer año, aunque después hubo otros. Me hizo ver, me hizo vivir, me hizo buscar, me hizo resolver, y eso a mí me enseñó mucho en la vida.

Cuba es una isla que es casi tuya, mi pregunta es: ¿Cuba, a la que tú regresas a cada rato, es un paso en tu vida o una estadía?

Una estadía.
 

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