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HAITÍ: IMAGEN DOCUMENTAL Y
FICCIONAL
DESDE LO REAL-MARAVILLOSO
EL CINE DE RIGOBERTO LÓPEZ
Como cineasta Rigoberto López siempre
ha querido escudriñar los universos humanos. De la
memoria gráfica cubana, pasó a tierras internacionales.
Fue precisamente Haití su último paradero
—con
el documental Puerto Príncipe
mío—,
previo a su reciente ópera prima en ficción Roble de
olor, también con un referente a esta isla caribeña,
y al parecer el próximo sitio donde recreará su obra:
El fantasma de Henri Christophe.
Sandra del
Valle Casals|
La Habana
Un primero de enero
de 1804, como sucedió un siglo y medio después en Cuba, triunfa
la revolución popular más importante en América Latina y
el Caribe. La otrora colonia francesa Saint Domingue se
convertiría entonces en una nueva nación libre: Haití,
escoltada por los ideales de la Revolución parisina y
por el baluarte de una raza proscrita y estigmatizada
bajo el yugo europeo, que devendría paradigma del
continente americano.
Narrada desde la
objetiva visión de historiadores, la Revolución haitiana
también es mitificada en grandes páginas de la
literatura desde lo real-maravilloso. Pero, ¿acaso no
pudiera ser (es) el cine ese espléndido visualizador de
una historia entre la ficción y el documental? En el año
2000 apareció en la cinematografía cubana un excelente
testimonio del Haití casi doscientos años después del
suceso que marcó la historia de Nuestra América.
Puerto Príncipe mío, documental del probado
realizador Rigoberto López, confesó la realidad del
pueblo que todavía viaja «a las nubes» en busca de
Citadelle, el reino del legendario personaje Henri
Christophe.
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Como cineasta,
Rigoberto López siempre ha querido escudriñar los
universos humanos. De la memoria gráfica cubana, pasó a
tierras internacionales. Fue precisamente Haití su
último paradero
—con el ya
citado documental Puerto Príncipe mío—,
previo a su reciente ópera prima en ficción Roble de
olor, también con un referente a esta isla caribeña,
y al parecer el próximo sitio donde recreará su obra:
El fantasma de Henri Christophe.
«Puerto Príncipe
mío narra
la gran tragedia que vive la capital haitiana, desde el
punto de vista demográfico, social... Por supuesto, la
realización de esta película profundizó mis marcados
sentimientos de simpatía hacia ese pueblo,
—que conocía
por su historia, cultura y toda la obra donde se refleja
a la nación haitiana por artistas y escritores como el
insigne novelista Alejo Carpentier o el pintor Wifredo
Lam, así como la huella que dejó en nuestro Poeta
Nacional Nicolás Guillén, y no olvidemos la
significación que tuvieron para Martí sus días en Cabo
Haitiano de lo cual dejó páginas reveladoras; luego de
hacer este documental, sentí la necesidad de volver a
Haití, país que para mí encierra algo enigmático y
amoroso. Esta vez quiero hacer una película de ficción (El
fantasma de Henri Christophe) concebida solo para
dos actores, se filmará en formato digital y tendrá como
escenarios Citadelle y Sans Souci, fortaleza erigida por
Henri Christophe para que su pueblo no volviera a ser
esclavo y defender de los colonizadores la civilización
que soñó.
«Aunque este proyecto
haya nacido con un poco de anterioridad a la jornada
conmemorativa del bicentenario de la Independencia de la
República de Haití, ahora se inserta en la celebración
de esta fecha, y hasta como un homenaje personal nuestro
a un acontecimiento tan trascendente.
«Aspiro a que podamos
combinar un guión que trabajamos con Eugenio Hernández
Espinosa, donde el discurso no solo aborde lo que ha
sucedido en Haití o para Haití, si no también qué ha
acontecido con el hombre negro en América.
«Aunque para algunos
el movimiento haitiano pudiera significar simplemente la
‘validación’ de una raza, hay que pensar que la
República de Haití fue resultado de la primera gran
revolución de Independencia de América, que introdujo
una nueva concepción de independencia para el hombre,
convirtiéndolo en un fenómeno real, asentado en las
circunstancias sociales. Antes del movimiento haitiano,
este concepto tenía un valor limitado a lo filosófico,
tal y como era manejado por los enciclopedistas (Voltaire,
Diderot...) quienes hablaban de la independencia del
hombre frente al concepto de Dios y de monarquía: eran
especulaciones filosóficas en torno a la libertad
individual, de lo cual no se desprendía una
interpretación política del concepto de independencia.
Es la Revolución de Haití la que introduce esa noción
en el pensamiento de nuestros días, porque lo negros,
precursores de las guerras independentistas de nuestro
continente, lucharon no solo por su libertad como
esclavos, sino por la independencia total de su país.
Significó una verdadera guerra anticolonial que buscaba
transformar lo establecido por la corona francesa. Desde
este punto de vista hay que ver la dimensión de un hecho
como este, que rebasa los límites de sus fronteras para
tomar una connotación de suma importancia para nuestra
contemporaneidad. Pero hay más, algo poco mencionado y
de gran significación: la importante ayuda prestada por
Petion a Simón Bolívar en un difícil momento de fracaso
transitorio del proyecto independentista del Libertador.
Hombres, armas, dinero, dio Petion a Bolívar con la
condición de que cada territorio liberado en el
continente se tradujera también en la liberación de los
esclavos.
«La Revolución de
Haití no se circunscribe solamente a ese país, ni a las
motivaciones que impulsaron a las fuerzas
desencadenantes de este gran suceso, pues como evento
histórico y político transciende esos marcos para
convertirse en un referente sustancial, fundamental para
el mundo moderno.»
El fantasma de
Henri Christophe
aparece como el espacio donde Rigoberto López enunciará
su tesis sobre miticismo y realidad que revierte a esta
isla. Sin embargo, su polémico filme Roble de olor,
insiste en la procedencia haitiana de Úrsula Lambert, no
solo como contexto para la narración, sino como elemento
propulsor de nuevos sentidos.
La anécdota en la que
se inspira la historia ficcionada de esta película,
habla de una mujer procedente de Saint Domingue, y su
relación amorosa con un alemán comerciante, Cornelio
Souchay. Mantener y utilizar conscientemente la
nacionalidad de Úrsula permitía darle una dimensión al
filme donde se mostrara a través de ella el orgullo de
una raza, el sentido de autoestima, de dignidad, defensa
y respeto a una identidad.
Dada la necesidad
insoslayable de reconstruir nuestra memoria histórica,
el tema de la esclavitud como un capítulo de obligada
referencia, ha hecho que el personaje del negro en el
siglo XIX cubano cayera en los asfixiantes lugares
comunes: el esclavo, valiente, pero no de muchas
«luces»; donde además con frecuencia hay un tratamiento
maniqueo de su religión, estereotipado y reductivista.
Era sano que con el personaje de Úrsula Lambert se
presentara a una mujer con una elaboración, con una
inteligencia que llega a la ironía, con un refinamiento
que es capaz de defenderse a sí misma y a su propia
identidad, incluso utilizando las propias armas de la
cultura europea dominante. Al reafirmar este enfoque
contribuyó que el personaje fuera haitiano, proveniente
de la cultura francesa del Caribe, pero que a la vez
tiene un vínculo orgánico, natural, con la cultura
popular de su país, con sus cosmogonías, sus raíces.
(...) en el
documental deseo reflejar al hombre contemporáneo», dijo
Rigoberto López en una entrevista sobre la presentación
de su película Semilla de hombres. A través de la
ficción en su último filme, evidentemente sus anhelos
expresivos buscan un pasado donde se evoque el presente.
Tras la canónica historia de amor imposible que para
muchos anuncia Roble de olor, subyacen temas que
metaforizan nuestra realidad. El racismo sobreviene como
manifestación de la intolerancia étnica; el racismo,
—le cuestiono
a Rigoberto: ¿problema actual de nuestra sociedad?
El racismo se
mantiene hoy como un problema mundial, que venimos
enfrentando como otra expresión de la intolerancia del
mundo en que vivimos. En cualquier foro de debate, no
escapa el tema de la presencia de posiciones
prejuiciados y racistas en nuestra sociedad. Sería muy
saludable la generalización de una conciencia
antirracista. Para mí la solución de este asunto está no
sólo en la voluntad política animada por la Revolución
desde sus inicios, sino que la respuesta hay que
buscarla también desde el plano de la cultura.
De los símbolos
que se leen en su ópera prima, la utopía o la ciudad
utópica
—Angerona y
esta vez Citadelle—
será uno de los móviles expresivos para ese cine de
imaginación poética preconizado por Rigoberto López. Las
características de la nueva historia potenciarán el
diálogo de la puesta en escena con una estética de lo
real-maravilloso.
La historia está
inspirada en el emperador Henri Christophe y en un
violinista y compositor que fuera muy conocido en Europa
y que algunos llegaron a llamarle «el Mozart negro». Es
la confrontación de estos dos personajes en Citadelle.
Como referente nos apoyamos en Joseph Boulogne,
—originario de
otra Isla del Caribe, La Guadalupe—,
reconocido y aclamado en el mundo como Chevalier de
Saint George; para que naciera un personaje de
ficción, construido a partir de una anécdota asombrosa
que encontré en mi visita a Citadelle, la que da cuenta
de un mulato haitiano quien fue violinista de la corte
de Napoleón y cuando las tropas francesas invaden Haití
para enfrentar a los líderes de la Revolución, regresó a
su país de origen, y de violinista de la corte de
Napoleón pasó a ser violinista del reinado de Christophe.
Hoy, para quienes
entendemos el Caribe como una gran nación cultural, en
su diversidad y en su unidad, Haití es un referente
clave. El anclaje que tiene la cultura del Caribe en
Haití es fundamental para comprender quiénes somos. Hay
una riqueza poética, artística,
—yo diría que
intrínseca a su gente—,
que seduce y muy pronto gana la empatía para con sus
vecinos del continente. Este país es el más pobre de
América, y sin embargo, siempre sentí una dignidad en la
mirada de su pueblo, una suerte de educación natural,
—aún cuando
sean muchos analfabetos, y un cariño especial hacia
Cuba. Siento entre Cuba y Haití una suerte de alma
compartida, la inspiración de un canto a dos voces. |