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Generación X ¿significa unión?
 
Llega A guitarra limpia a sus cinco años de existencia; un primer lustro que marca la mayoría de edad de un espacio que, a fuerza de cuerdas y poesía, se consolida por derecho propio y esfuerzo sostenido del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en el sitio mágico que acoge en su seno a todas las generaciones y estéticas de la canción trovadoresca cubana.

Estrella Díaz| La Habana
Fotos: Alain Gutiérrez


Llega A guitarra limpia a sus cinco años de existencia; un primer lustro que marca la mayoría de edad de un espacio que, a fuerza de cuerdas y poesía, se consolida por derecho propio y esfuerzo sostenido del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en el sitio mágico que acoge en su seno a todas las generaciones y estéticas de la canción trovadoresca cubana.

Fueron muchos los empeños que se trenzaron para que la noche de la celebración, el pasado viernes 19, resultara especial por muchas razones: entrega del Premio Pablo a dos importantes y reconocidos tovadores: Sara González y Vicente Feliú, la Presentación de la Antología 2 de A guitarra limpia, el cuaderno Memoria y Te doy una canción, antología de textos poéticos de la nueva trova, así como la inauguración de la exposición fotográfica Otra trova, de Alain Gutiérrez.


Vicente Feliú saluda a Sara González durante la entrega del Premio Pablo

Como es de imaginar cada una de estas acciones entrañó en sí misma un esfuerzo y una responsabilidad. El hecho de que Sara y Vicente fueran en esta ocasión los distinguidos con el Premio Pablo —máximo reconocimiento que otorga la institución a creadores cubanos o no que se destaquen en la defensa de los mejores valores de la cultura de estos tiempos— es la forma  que ha encontrado el Centro para decirles: gracias por tanta amistad, solidaridad, amor, apoyo y entrega… y gracias, también por ser, ambos, dos creadores que con su obra han contribuido de manera indiscutible a consolidar los valores esenciales de nuestra cultura.

La Antología 2 de A guitarra limpia no hubiera sido posible sin la solidaria ayuda de los hermanos y hermanas de Trovacub.net —grupo reunido en torno a las Huestes Utópicas, subconjunto de la Tropa Cósmica que agrupa a amigos Venezuela, Argentina, República Dominicana, Islas Canarias, Costa Rica y México, entre otros países y financiaron la publicación de la Antología 2 en soporte digital.

El cuaderno Memoria constituye la manera hallada por el Centro para reunir los textos y las imágenes de los conciertos realizados durante el 2002 para que quede plasmado, en formato de papel, lo acontecido en el espacio A guitarra limpia de aquel año.


Víctor Casaus presenta el cuaderno Memoria


Te doy una canción —antología de textos poéticos de la nueva trova— es igualmente un esfuerzo para que los interesados puedan contar con las letras de algunas de las canciones regaladas por los jóvenes trovadores en las distintas presentaciones en el patio de Muralla 63. Este esfuerzo resulta más sensible si se tiene en cuenta que en estos momentos en el país prácticamente no existen publicaciones de este perfil. Pero, además del sonido y la palabra, en estos años de A guitarra limpia se ha ido acumulando un sólido banco de imágenes que contribuyen a conformar la memoria visual de este espacio y de sus creadores. A partir de su trabajo sostenido, solidario y fiel durante cuatro años en el espacio, el joven fotorreportero Alain Gutiérrez reunió una aguda y hermosa selección de sus imágenes en la exposición Otra trova, que podrá verse hasta mediados de enero en la galería del patio del Centro Pablo.

Todos estos acontecimientos —anunciados y presentados por el poeta y cineasta Víctor Casaus, director del Centro Pablo— se sucedieron en torrente durante la fresca, casi fría, noche del 19 hasta que llegó el momento anunciado y esperado por el nutrido público que acudió para disfrutar del Generación X.

Lo primero que me siento obligada a decir es que Generación X devino espectáculo en el sentido más abarcador de la palabra.

Contó con una escenografía no sé si sencilla o complicada, pero sí de un tremendo gusto y alegoría y Diana Balboa, esa destacada pintora y grabadora, fue la responsable: sogas que asemejaban cuerdas, instrumentos musicales sobredimensionados en su tamaño real se trenzaban, enlazaban, adherían al fondo del escenario y trepaban por una escalera de hierro que dejó de ser de «caracol» para convertirse en sostén y soporte del buen arte.

El diseño de luces fue también un recurso de excelencia; por primera vez he visto en el patio de Muralla 63 torres y parrillas, seguidores y diagonales… y lo más importante: no hubo un solo error, cuestión que hubiera sido entendible.

Igualmente el sonido se destacó en esa noche de celebración. Jaime Canfux y Juan Domósthene, a pesar de no contar con grandes recursos tecnológicos, ayudaron a que Generación X tuviera un sello de claridad y que tanto las guitarras como las voces exhibieran su prestancia y que no se produjeran esos llamados «baches» o sonidos parásitos que tanto molestan y deslucen una presentación.

A mi modo de ver, otro de los aciertos de este concierto fue la utilización de los medios audiovisuales y confieso que cuando supe lo que se tramaba tuve mis dudas.

El video como recurso expresivo fue un protagonista más. A lo largo del concierto (de alrededor de hora y media) y diseñado a manera de bloques —en el gran paredón trasero que delimita el patio— se fueron proyectando imágenes y entrevistas sobre la pequeña pero hermosa historia de A guitarra limpia.

Este material filmado con anterioridad fue una suerte de documental a través del cual se recorrieron sitios comunes donde, años atrás, los trovadores se reunían; entiéndase Casa de las Américas, Casa de la Cultura de Plaza, F y 3ra, Parque de H y 21 en el Vedado…

En términos más especializados podemos decir que el uso de la cámara subjetiva (esa que recorre planos en secuencias casi siempre lógicas y que nos obliga a ser parte) nos condujo a la casa de Teresita Fernández, Ireno García, también a la de Rita del Prado, Sara González, Diana Balboa, a la sede del Instituto Cubano del Libro, a la Universidad de La Habana; luego nos trasladó por la adoquinada Calle de la Muralla y nos hizo penetrar al mismo patio donde ya, de hecho, nos encontrábamos. Ese plano, proyectado en la misma pared anteriormente filmada, asumió un lirismo mayor —aún no sé si fue el azar o la casualidad— cuando las emblemáticas yagrumas (esas con que muchas veces se asocia al patio y que, según se asegura, es el árbol de la buena suerte) se mezclaron: fue bella la superposición de las imágenes filmadas con la propia sombra generada por las hojas de los árboles del patio. También una tatagua (especie de mariposa negra que está prohibida dañar o agredir, según el mito popular) en su vuelo incesante y algo atolondrado por sobre y entre los trovadores y el público, dio al concierto un toque ¿casual? ¿original?

Toda esta atmósfera fue la que envolvió a Generación X, concierto en las que fueron interpretadas 18 canciones: «Homenaje», «Tema del ángel», «Sin frases mayores», «Ena Lucía», «Sueños raros», «El patio», «Ojos de pradera», «Canción triste para un corazón», «Letanía», «Alicia», «Será», «Proceso del trovador», «Danza», «Tarado», «Réquiem por la soledad», «Déjame», «Días corriendo» y «Pasamos temporales».

La producción estuvo a cargo de Marihué Fong y Yuslemi Escobar, mientras que la dirección artística  recayó en los jóvenes trovadores Samuell Águila y Ihosvani Bernal quienes, además de cantar, diseñaron el concierto con la participación de Fernando Bécquer, Diego Cano, Ariel Díaz, Heidi Igualada, Silvio Alejandro, Inti Santana, el Dúo Karma, Norge Batista (Las Tunas) y Leonardo García (Villa Clara).

Ellos intercambiaron entre sí canciones y esa fue otra de las peculiaridades del espectáculo que tuvo también un momento de sorpresa y complicidad cuando, casi al final, fue sacado de dentro de un estuche de guitarra (¡qué mejor guardián!) un ramo de flores dedicado con especial cariño a María Santucho, coordinadora general del Centro Pablo, y quien al recibirlo solo atinó a afirmar: «Ahora mismo le decía a Teresita: ¡esos son mis muchachos».

Con el temor de no ser capaz de tomar la distancia debida a la hora de emitir un juicio, al término del concierto preferí que varios de sus protagonistas o participantes nos evaluaran el hecho artístico. He aquí sus reflexiones.

 

Joaquín Borges-Triana
(periodista especializado y crítico)

«Creo que lo más lindo es que se ha puesto de manifiesto algo en lo que yo insisto: este concierto obligó a trabajar, compulsó a que la gente estudiara porque tuvieron que montar todo un repertorio y eso es importante. Siento, desde mi posición de espectador, que crecieron tanto en el momento en que tuvieron que interpretar canciones adaptándolas a la tonalidad de cada cual, así como cuando hubo que tocarlas guitarrísticamente. He señalado muchas veces que los problemas que palpo es que en ocasiones existe descuido en la ejecución de la guitarra, hoy, afortunadamente, no. Fue un concierto de lujo».

¿Categóricamente de lujo?

«Sí, fue un concierto en el que se tocó con deseos, se estudió; hubo solos con guitarras eléctricas y también con acústicas y ello enriquece. Sé que este tipo de espectáculo conlleva un gran esfuerzo, pero debería de hacerse con más frecuencia, que la gente se pusiera de verdad y que no fuera la simple sucesión de canciones que se acostumbra a hacer. Hay un trabajo de montaje de voces, de guitarras, las entradas de los solos, momentos para cierre. Fue una cosa muy linda».

Este concierto, ¿más pensado que espontáneo?

«Existe una espontaneidad que va a ser siempre la que pone el cantautor, está la  espontaneidad que da un concierto en vivo, pero es un concierto que se trabajó, se pensó en cada canción, se busco que cada interprete hiciera la canción de un colega adaptándola al registro en que puede cantar. No sé cuantas semanas se trabajó, pero el resultado habla por sí mismo; se ve que hubo un trabajo de mesa, hubo que repartir temas y eso es lo bonito, que interactuaron unos con otros y se enriquecieron recíprocamente».

¿Piensas que fue inteligente ese intercambio de canciones? 

«Eso tiene un riesgo, pero como meta de ayudarte a crecer, a fijarte una meta superior, además tiene un valor espiritual. Aquí se cantaron temas de gentes que incluso en estos momentos no están viviendo en Cuba y eso es importante. Soy de los que defiende la idea de que la cultura cubana es una sola: la que se hace en La Habana, en México, en España o en Miami y eso fue muy importante. Hoy la gente comparte emociones e interactúa y eso, estoy seguro, es un principio fundamental y uno de los rasgos más positivos que está ocurriendo en la cultura cubana, sobre todo en la más joven generación».

Estamos festejando los 5 años de A guitarra limpia… ¿habrá trova para los años futuros?

«Creo que sí. Siempre habrá una persona cantando al acontecer cotidiano, al amor en sus distintas manifestaciones, es decir, al país, a la pareja, a la familia… Eso siempre va a existir porque son elementos consustanciales al hombre lo que se va a ir transformando. En un momento determinado se hará con una guitarra, otro día con un piano o a través de otro soporte instrumental, pero el hecho de que haya un tipo con una poética tratando de que exista poesía en sus textos y quiera hablar de su entorno, de su realidad, del momento en que vive, eso en la historia de la humanidad ha ocurrido por siglos y va a continuar existiendo porque es una razón linda y, además, dentro de la cultura cubana es un elemento que es parte de nuestra identidad y de nuestra manera de ser y que se ha ido desarrollando por muchos años».

¿Qué ha sido para ti la tarde-noche de hoy? 

«Linda, alegre y constituye una confirmación de algo en lo que creo y de lo cual me siento partícipe —no como critico ni como espectador sino como uno más—, ahí están mis amigos, a los que a veces he criticado y se han puesto bravos, pero, justamente, para eso están los amigos. Lo único que lamento es que a la academia en sentido general —quiero decir la crítica, los musicólogos, las personas que deberían ir acompañando esto desde el  discurso teórico, la reflexión, el pensamiento— no lo están».

«Toda manifestación artística necesita poseer un correlato, un acompañamiento de análisis. Faltan muchas cosas, falta también el respaldo de las instituciones; estamos viviendo un momento de repunte interesante dentro de la cultura cubana, pero todavía en el país hay una lucha muy fuerte que se está dando en cuanto a que por un lado se pretende hacer cultura y por otro se están instaurando los mecanismos de la industria cultural y esos mecanismos te llevan al mercado que nos salva y nos pierde».

«Este tipo de propuesta —por ser el mercado cubano un mercado cautivo en el cual el público que asiste a los conciertos no tiene la capacidad para adquirir los discos en moneda libremente convertible— a las disqueras no les interesa editarlo porque, justamente, este público no lo puede comprar».

«Entretanto la situación económica de este País no se revierta va a seguir ocurriendo lo que actualmente: las discográficas no van a apostar por esto porque no tiene realización comercial.  Habría que ir apelando a estas formas alternativas que tiene el Centro Pablo que no se proponen generar ganancias económicas, pero sí ganancias espirituales porque cuando tú vendes un soporte en moneda nacional, estas dejando de recuperar dinero, pero tiene una ganancia espiritual muy importante porque estas preservando algo que a mí me parece fundamental y que ha sido un principio de este lugar».

 

Diego Cano (trovador)


Diego Cano

«Me parece que es el mejor concierto que hemos logrado en conjunto donde se ha trabajado mucho, hemos tenido largos ensayos, se ha ensayado todo muy bien y yo estoy muy contento con el resultado final. El Centro nos ha dado mucho apoyo: los espacios para ensayar el concierto durante un mes, tres veces por semana, estoy muy contento. Tuve mucho miedo hasta el final».

¿Pero lo disfrutaste?

«Muchísimo, aunque tuve miedo»

¿Cómo asumiste esto de intercambiar canciones?

«Con temor porque no es lo mismo cantar tus canciones a las que estas acostumbrado. A mí me gusta versionar, pero asumir un concierto y cantar una serie de canciones que no son tuyas y donde todo el mundo canta lo que no es de uno, es algo diferente. No es incomodo, pero te sientes algo inseguro porque no son tus temas. Por ejemplo, `Homenaje´, con la que abrí el concierto, llevo un mes cantándola y no me aprendo la letra, tuve que leerla, pero salió bien. Fue un vacilón, estoy super feliz».

 

Inti Santana (trovador)


Inti Santana

«Generación X ha sido un concierto muy lindo donde se cantaron canciones que apelan a la nostalgia de los noventa en que muchos de nosotros aún no teníamos canciones y otros aunque jovencitos, sí. Por lo general son canciones que nos transportan a los tiempos en que estábamos en los parques y descargábamos y todo era como menos serio.

A guitarra limpia es el espacio que nos ha catalizado y obligado a ser más profesionales, más serios en el trabajo, es el lugar que, aunque no quieras, te obliga a tomar las cosas en firme, a ensayar más, a no dejar las cosas en una descarga… retomar esas canciones y hacerlas con rigor fue importante.

Desde mi punto de vista este concierto tiene también el valor de dar a conocer canciones que muchos no conocían y ofrecerlas en esta suerte de bandeja fina. Lo que no se debe es confundir y pensar que Generación X es un grupo de trovadores que se están autotitulando así. Si en algún momento, alguno de nosotros llegua a ser parte de una generación, llegamos a constituirnos en una generación, debería llamarse algo así como la Generación Centro Pablo».

 

Fernando Bécquer (trovador)

«Durante el concierto me sentí feliz, pero me parecía que estaba ante un tribunal porque en primera fila estaba la maestra Sara González, la maestra Teresita Fernández, el maestro Vicente Feliú, Juan Carlos Pérez, Marta Campos… todos muy atentos a lo que estaba sucediendo: me sentí como ante un tribunal de evaluación y eso es muy bueno. No quise romper esa evaluación, pero sí relajar un poco al jurado.


Fernando Bécquer

Esto de intercambiar canciones se había hecho anteriormente, pero no en el escenario y en un ámbito serio. Por encima de todo, este concierto significa unión, creo que hoy lo estamos más que nunca; somos mejores. Eso se veía desde que estábamos preparando el concierto. Todos nos queremos mucho, pero luego de Generación X nos queremos un poquito más y eso es muy bueno, más bien, diría yo, requetebueno».
 

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