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MARTÍN EL PERTURBADOR
Andrés D.
Abreu |
La Habana
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«A veces la historia puede ser
divertida, especialmente
cuando te convierte en una leyenda»
Martín Sastre |
Dejó de estudiar arquitectura en el año 2000 y decidió
profesionalizarse en el nuevo milenio como artista
visual. No acudió para ello a la escuela de Bellas Artes
de Montevideo porque no la considera una buena academia.
Apostó mejor por un desarrollo autodidacta a partir de
tres años de estudios en una escuela experimental de
cine y varios talleres sobre artes plásticas recibidos
en su adolescencia.
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Martin como actor en su propia obra. |
En 1999, junto a su amigo Felipe Aguirre, interviene una
galería comercial con unos stands llenos de
productos ficticios elaborados a partir de una absurda
deconstrucción y reconstrucción de productos reales del
mercado. Muestra que incluyó un teleshoping o video
promocional donde paródicamente se explicaba la
utilidad de estas «nuevas» mercancías.
Luego la Alianza Francesa de Montevideo le pide
organizar una instalación para una muestra de
videocreación. Consigue empleo en la galería de la
Alianza y desde allí (en medio del revuelo informativo
por la muerte en agosto de 1999 de Robert Quenedit)
lanza un comunicado de prensa anunciando que Jaquelín
Quenedit llegaría a Uruguay como parte de gira mundial
para exorcizar la maldición de la familia, consiguiendo
que algunos periodistas solicitaran entrevistas con
alguien que nunca arribaría porque había fallecido
algunos años atrás.
Después de esta intervención mediática obtuvo una beca
en Francia y a la vuelta a su país se dedicó seriamente
a la creación audiovisual.
Hasta aquí los antecedentes de perturbador Martín
Sastre, un uruguayo que con su video-arte The
Iberoamerican Leyend se inscribe como uno de los
mejores sucesos llegados a la Octava Bienal de La Habana
y en especial a la muestra que exhibe la Fortaleza de La
Cabaña.
¿Es el medio audiovisual el recurso total del Martín
profesionalizado?
No es el único medio que trabajo pero es el lenguaje que
naturalmente me gusta más y me lleva mucho empeño y
tiempo.
¿Lo has trabajado solo desde la perspectiva del llamado
video-arte?
La gente dice video-arte porque así se categorizó en sus
inicios pero esa necesidad ya es irreal como no existe
la categoría pintura-arte. Lo importante para que el
arte perdure es que detrás de cualquier formato, ya sea
el video, el cine o la moda, trabaje un artista. En
Madrid he tenido un programa de televisión con
entrevistas y acciones performáticas que a su vez movían
el esquema televisivo a los terrenos del arte. Me
interesa expandir los límites, trabajar sobre ellos y
desdibujarlos. No estoy de acuerdo con que se acote al
arte cuando el resto de las cosas se expanden.
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Desde sus carteles Martin desacraliza
el cine de Hollywood |
¿Existen referentes sobre los que creció ese Martín
ilimitado?
Realmente de los padres del video-arte tengo que decir
que me aburren. Pero desde niño cuando empecé a estudiar
cine vi películas de directores como Billy Wilder,
Almodóvar y John Water. Mi uso de la razón se desarrolló
en la década de los 80 en medio del avance del video
clip y de ahí deviene en mi obra la necesidad del empleo
coherente de sonido e imagen.
¿Preocupaciones para llevar a los medios?
Dependen del momento histórico y siempre busco conseguir
diferentes enfoques y niveles de lectura al concebir mis
trabajos. Básicamente me interesa la construcción de
lo real a través de la cultura del entretenimiento. Mi
obra en la Bienal habla de la guerra de Iraq antes de
que sucediera. Es un ejemplo de hasta qué punto el
sinsentido puede ser convertido en una verdad a través
de los medios. También trabajo sobre la hipótesis del
colapso de Hollywood. Es una idea posible. No sé si lo
veremos nosotros o nuestros tataranietos pero debe
existir el día en que ese fenómeno acabará.
Esto visto desde un país al que pertenecer es como una
«marcianaza» absoluta. Uruguay es un territorio pequeño
que no tiene una cultura muy arraigada y autóctona. Un
lugar de cruce entre lo latinoamericano como origen
geográfico, el aporte de la mayoritaria emigración
europea, y la fuerte invasión de la cultura
norteamericana.
¿Y no temes que esa parodia a los medios y al manejo de
la información desde esa multicultura te convierta en
una otra especie de manipulador?
Para nada porque soy bastante sincero. Me divierte la
imagen del manipulador cuando lo represento dentro de
mis creaciones pero a la vez me preocupa su existencia
desde el artista que soy, y por eso la cuestiono.
¿Y si Hollywood te llamara a hacer una película?
Para categorizar sobre algo, lo mejor es participar del
hecho. Aprovecharía la oportunidad, antes que se
derrumbe ese no lugar donde están representadas las
fantasías de mucha gente del planeta, para hacer un «remade»
de
Flash Dance
y
en lenguaje de video porque no lo considero un hermanito
menor del cine.
¿Intenciones al viajar a La Habana?
La invitación a participar y apoyar el proyecto de la
Bienal de La Habana me pareció súper interesante porque
es la única que va quedando con un interés especial en
la obra de los jóvenes artistas de Latinoamérica y el
Tercer Mundo. Aunque he participado en las bienales del
MERCOSUR y Praga, me parecía muy lógico estar aquí. A
pesar de las limitaciones económicas que dificultan
algunas cosas creo que está muy bien. Si la comparamos
con la recién finalizada Bienal de Venecia, cargada de
recursos y muy politizada en la selección que representa
a cada país, creo haber visto mucho más de nuevo e
interesante aquí en Cuba. |