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NUEVOS CARTELES POR MARTÍ
Iris Cepero
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La Habana
La exposición de carteles por el aniversario 150 del
natalicio de José Martí es el resultado de un concurso
convocado por el Consejo Nacional de las Artes
Plásticas, la Asociación de Artistas Plásticos de la
UNEAC y el Comité Prográfica cubana, que con el
propósito de celebrar y conmemorar la efeméride, el
Centro de Desarrollo de las Artes Visuales asumió a
inicios de este año. Se trataba de compulsar, mediante
la apelación al tema martiano, la creación de una si no
nueva, al menos, más reciente imagen del Héroe Nacional,
en medio de los festejos en las que otras
manifestaciones artísticas y otros géneros de la
plástica ya habían mostrado sus empeños.
Se trataba, pues, de un doble propósito. Si por un lado,
la conmemoración martiana era razón más que valedera,
por otro, se pretendía hacer saltar nuevamente el
resorte de la inventiva «cartelística», cuya historia
nacional es bien conocida y reconocida.
En los últimos tiempos numerosos investigadores y
críticos no solo en Cuba, sino internacionalmente, han
llamado la atención sobre cierto empobrecimiento del
cartel y su desplazamiento del ámbito público hacia el
interior. La comunicación, en su permanente desarrollo
hacia medios tecnológicos novedosos, ha ido apartando
los más tradicionales, como es el caso del cartel.
Dentro de esta tendencia, los carteles políticos y de
arte, con pequeñas tiradas, se inscriben apenas en
galerías, limitando de esa manera el alcance más
multitudinario que lo caracterizó en décadas
precedentes.
Al decir de muchos conocedores es en este contexto que
el cartel y específicamente el cartel cubano está
necesitado de nuevos modos de decir, de un acercamiento
creativo más renovador y polisémico. En muchos casos
resulta difícil desprenderse de la innegable influencia
que significó la época de oro del cartel nacional. A la
vez, resulta difícil remover y rehacer conceptos e
imágenes apegadas y entronizadas en las pupilas del
público cubano.
Según palabras del investigador Jorge Bermúdez: «Hacia
los noventa, el código visual representativo de la
gráfica mostraba un total agotamiento en lo relativo al
asunto martiano... La imagen del Apóstol se distanciaba,
cada vez más, de la recepción que, en términos visuales,
reclamaba una nueva generación de cubanos».
También se ha apuntado la continua renovación de la
iconografía martiana en el contexto de la pintura
contemporánea y su peso insoslayable en el
desplazamiento del tema hacia ese género.
Según opinión del jurado de este concurso, aunque la
calidad técnica de las piezas fue general, algunas
adolecieron del espíritu novedoso que otras, sobre todo
las premiadas y mencionadas, sí brindaron en su
acercamiento al tema martiano.
El primer premio, obra de Abel Nova, apela a la
utilización de la palabra como representación suprema de
Martí. Imagen y cartel todo nacido de palabras sumadas
que se vuelven, frases, ideas. Una obra, profesional,
formalmente buena, comunicativamente eficiente. El
hombre es superior a la palabra, destaca, por sobre el
texto de más de mil palabras.
En el caso del segundo premio, se trata de una propuesta
mucho más conceptual y polisémica y el juego con la
imagen dañada aporta una atrevida lectura. También el
tercer premio, como los anteriores y las menciones,
apuesta por un acercamiento renovador tanto técnica como
conceptualmente.
Ha sido pues, esta idea, tanto un valioso aporte a las
conmemoraciones martianas de este año como un aderezo y
resorte necesarios en la cartelística nacional. |