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PRIMERA RONDA DEL ROBLE
Joel del
Río |
La Habana
Ante
la prensa nacional y extranjera, tuvo lugar este viernes
la premier por invitación del largometraje de ficción
cubano Roble de olor, ambicioso empeño del ICAIC
por darle continuidad a un cierto tipo de cine
histórico, de inspiración más o menos literaria, muy en
boga en los años setenta y también después,
ocasionalmente. El filme se presenta ahora en La Habana,
en especial preestreno con motivo de los días por la
cultura cubana, pero se estrenará oficialmente en el
Festival de La Habana, amén de algún pase internacional
al nivel del Globo de Oro, o de otros premios y
festivales de prestigio que puedan apoyar la
distribución internacional de un filme con aspiración
monumental.
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La
rueda de prensa se inauguró con las palabras de
Rigoberto López, el director, ofreciendo disculpas por
la mala calidad de la proyección, otro síntoma, a su
parecer, del deterioro de la industria cinematográfica
cubana, lo cual permite que se comprenda la magnitud del
esfuerzo desplegado para vencer dificultades por los
muchos trabajadores implicados en un proyecto que
precisó del compromiso a fondo, del talento, la
inventiva y de la buena voluntad, de mucha gente.
«Roble...
es la realización de un sueño —dijo en otro momento el
realizador— desde hace años quería hacer cine de
ficción, pero siempre he pensado que los autores no
debemos tener una actitud voluntarista. Hay obras que
demandan una poética documental y otras que requieren la
fabulación. Utilizamos una anécdota de la primera mitad
del siglo XIX para crear una metáfora, una alegoría, de
nuestro tiempo. Después de tantos documentales, y a
pesar de todas las muchas dificultades que confrontamos,
me siento absolutamente feliz de haber podido realizar
esta película.»
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Aclaró
Rigoberto López que hubiera sido ridículo, o
superficial, contar desde el folletín este amor de una
negra y un alemán, pues luego de que descubrió la
anécdota mediante un reportaje periodístico de Leonardo
Padura, después de investigar en archivos, en leyendas y
en testimonios reales, se percató de que en esta
historia de amor estaba presente también lo real
maravilloso americano, y que a partir de esta anécdota
podía construirse una película que propusiera ideas,
reflexiones sobre el respeto a la diferencia, al otro,
un respeto que también es vital en nuestros días.
Respecto a las ramificaciones temáticas del filme,
aseguró el director: «Desde la construcción de una
utopía que es Angerona, quisimos proponer también la
defensa y el reconocimiento de una espiritualidad, de
una identidad propia. El filme es una alegoría, una
metáfora sobre el presente desde el pasado. Es una
película de ideas, pues a través del aliento y la
seducción románticos, se pasa a un discurso de autor
sobre la defensa de una utopía, de una identidad, y
sobre el respeto a las diferencias. El cine cubano ha
tenido que reconstruir la memoria, y dentro de esa
memoria está la tragedia de la esclavitud, que tuvo un
peso trascendental. En el cine y en otros medios se
conformó una imagen estereotipada y reduccionista del
negro: el de símisuamo y el cimarrón. Ursula Lambert, la
protagonista (interpretada por la dominicana Lia Chapman),
es digna, orgullosa, inteligente, y todos los demás
personajes negros de esta historia la acompañan desde
esa altura, proyectan otra visión».
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López
tuvo palabras de reconocimiento, como parece ser de
rigor en estas conferencias de prensa, para el excelente
actor y compañero que fue Jorge Perugorría; también
habló sobre el magnífico diálogo que sostuvo con el
guionista y formidable dramaturgo que es Eugenio
Hernández Espinosa, y autocelebró su buen tino al
escoger a Livio Delgado para que fabricara la bella y
luminosa fotografía de que goza el filme.Después de
elogiar a varios otros profesionales (Derubín Jacomé,
Nieves Lafferté, Sergio Vitier) que le entregaron a esta
obra lo mejor de su talento y esfuerzo, el cineasta
reconoció que la visualidad propuesta se inspiró más en
«La jungla», de Lam, que en las películas de, por
ejemplo, Luchino Visconti, maestro indiscutido de este
tipo de cine, o en precedentes cubanos como La última
cena, Cecilia o El siglo de las luces.
Respecto a la fotografía, el maestro Livio Delgado
reconoció la dificultad de filmar el guión que le
entregó en algún momento Rigoberto, pero que al final se
logró llevar a cabo con mucho menos dinero del
necesario. Conceptualmente, Livio apuntó que se trataba
de conciliar minimalismo y exuberancia, sencillez e
hipnotismo, con el propósito de contar una historia que
fuera atendida, comprendida, sugestiva y hermosa. El
reconocido director de foto no dejó de resaltar, como en
cierta vieja canción de Silvio Rodríguez, su
agradecimiento de soslayo a los enemigos del proyecto,
que contribuyeron a que los implicados afinaran la
puntería.
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A una
pregunta dirigida al protagonista, Jorge Perugorría,
respecto a la posibilidad de reconciliación con la
crítica cubana, que lo ha «maltratado» en sus más
recientes filmes, a juicio del colega interrogador,
declaró airado el más internacional de los actores
cubanos: «Después de Fresa y chocolate no he
parado de trabajar, y estoy satisfecho con lo que he
hecho, sobre todo en el cine cubano, y en filmes como
Guantanamera, Amor vertical y Lista de espera, que me
han valido elogios fuera de Cuba y hasta premios. Si
este filme logra reconciliarme con la crítica, pues
estaría muy satisfecho, pues creo que ha sido conmigo
dura y tendenciosa».
Para
concluir esta primera ronda de opiniones y preguntas
respecto al más publicitado proyecto del ICAIC, el
asunto dominante fue el desbalance del filme en cuanto a
tonos e intenciones de los actores, particularmente
entre las dos protagonistas femeninas, Lia Chapman, cuya
rigidez afecta el resultado final, y el notable debut de
la cantante y compositora Raquel Rubí. A juicio de
Rigoberto, no había que plantearse diferencias notables
en cuanto a la dirección de una u otra actriz. «El
personaje de Lia llevaba ese endurecimiento, así como su
voluntad inalterable de hacerse valer, además de la
connotación de su orgullo, de su alta autoestima. Raquel
representa el prejuicio, la intolerancia, el racismo,
pero dentro del refinamiento, y no quisimos que fuera la
mala tradicional. En el caso de una y otra actriz,
afirma el director haberles entregado seguridad y
confianza. En su opinión, consiguieron las dos proyectar
a la perfección la diametralidad de sus oposiciones».
Mucho
más dará que hablar Roble de olor en sus próximos
y sucesivos encuentros con la prensa nacional y
extranjera, así como con el público que ojalá sea
susceptible a la bella y desgraciada historia de Úrsula
y Cornelio.
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