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TRÍO ENSERIE
DESDE EL ASOMBRO
Roly, junto con otros
trovadores y poetas, a puro verso recorrió la Isla.
Convocados por el Instituto Cubano del Libro y la
Asociación Hermanos Saíz, con el auspicio del Ministerio
de Cultura y la Unión de Jóvenes Comunistas, este grupo
de creadores juntó acordes y versos en homenaje a José
María Heredia. De sus versos fue tomado el nombre de esta
gira que recorrió las provincias de la Isla. La travesía
de La estrella de Cuba terminará en el Pabellón
Cuba, el 20 de octubre, Día de la Cultura
Cubana, cuya jornada se dedica este año al bicentenario
del cantor del Niágara.
Ahmel
Echevarría|
La Habana
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No podría definir con
exactitud si el asombro ante la música que nos proponía
el Trío Enserie fue consecuencia de haber presenciado
uno de sus conciertos o surgió mientras escuchaba una
grabación casera. Lo cierto fue el asombro. En Villa
Clara, a principios del año 1992, tres jóvenes
estudiantes de Educación Artística del Instituto
Pedagógico Félix Varela apostaban en serio y en serie
juntando acordes y letras; querían tomar por asalto un
espacio en el panorama musical de la Isla ―al menos un
lugar en ese pequeño gran rincón destinado a los
trovadores.
Sin que acaso
importen demasiados detalles Raúl Cabrera, Levis Aliaga
y Rolando Berrío hacían de las suyas sobre un escenario
que ahora, desde la memoria, se me antoja irreal. La
sorpresa fue el formato musical, el acople de las voces
y las letras que escuchaba. Enserie, esa suerte de
individuo de naturaleza extraña que al mismo tiempo
habitaba en tres cuerpos siendo en realidad uno,
proponía un acercamiento no ya a la trova, sino a la
música. La frescura, géneros diferentes como plataforma
del repertorio del trío, la gracia de la levedad ―léase
aquí sencillez, no simpleza― en contraste con la manera
en que combinaban las voces ―una suerte de complicado y
armónico tejido―, juego e irreverencia sin olvidar nunca
que el otro buen porcentaje de lo llevado a la escena en
el texto de las canciones, caracterizaron su propuesta.
Para mí lo cotidiano era asistir a conciertos de
trovadores que se hacían acompañar por otra voz,
cantautores engranados a una banda de rock, jazz o
instrumentos de cuerda, viento y percusión menor, hasta
que supe de Raúl, Levis y Rolando. Desde Santa Clara
llegaba Enserie para dejar sin habla a más de uno. No me
equivoco, Silvio confesó que ha sido un «fan activo de
esta experiencia de trova cubana. Son tres pero son uno.
Todo lo que suena y sueña está concebido, trabajado y
expuesto en el triunvirato... un magnífico trío con
excelentes, insólitas canciones».
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Decidieron separarse.
Fue lo que escuché. La noticia me causó una sorpresa
similar a la que provocaron cuando di con ellos. Me
resisto a creerlo a pesar de que sea una certeza todo
este tiempo esperando un nuevo encuentro. Del trío solo
tenía el recuerdo de varios conciertos y dos grabaciones
―la casera y una de estudio―. Pero creo que el asombro
forma parte de la alquimia vital que integra y emanan
sus integrantes. Supe de un espacio que creó Eduardo del
Llano en la sede de la revista Revolución y Cultura.
Allá fui. Luego de una lectura Eduardo propuso escuchar
a un trovador que había conocido en una descarga en El
Mejunje, y a quien convidó a presentarse en su peña.
Para mi sorpresa el invitado era Roly, solamente Rolando
Berrío. Comenzó a cantar y supe que no eran ciertas las
palabras de Eduardo. En el salón el que tocaba la
guitarra no era un «único individuo», a un mismo tiempo
la voz, la guitarra y el cuerpo componían un ser
múltiple. Rolando Berrío no es un trovador, son varios
trovadores fundidos en un molde. Bajo su piel habita el
cantautor que compone desde y para la ternura; el que
escribe desde la ironía; otro que actúa y canta y atrapa
con sus gestos e improvisaciones porque es un histrión;
el que sabe hilvanar las canciones con un diálogo
fresco, cargado de humor, y aquel que escribe no porque
«sabe del oficio», sino porque es un creador. «Es,
también acaso, un adelanto de lo que todos, todavía
dando tumbos, intentamos para trascendernos y crecer:
cada uno es quien es, pero esencialmente conectados
podríamos estrenar la soledad de lo único e indivisible
rescatada por la misteriosa multiplicidad de la colmena»
―son estas las palabras que Enserie le arrancó a
Silvio. Otra vez he quedado sorprendido. Como solista
Rolando Berrío posee esa misteriosa multiplicidad.
Roly, junto con otros
trovadores y poetas, a puro verso recorrió la Isla.
Convocados por el Instituto Cubano del Libro y la
Asociación Hermanos Saíz, con el auspicio del Ministerio
de Cultura y la Unión de Jóvenes Comunistas, este grupo
de creadores juntó acordes y versos en homenaje a José
María Heredia, aquel que, según Max Henríquez
Ureña,
«no pretendía ser un mero adorador contemplativo de las
maravillas del mundo físico. Quería que su voz estallara
como trueno apocalíptico. Deseaba ser apóstol o profeta,
meditar en el tiempo futuro, contemplar en el tiempo que
fue». De sus versos fue tomado el nombre de esta
gira que recorrió las provincias de la Isla. La travesía
de La estrella de Cuba terminará en el Pabellón
Cuba, el 20 de octubre, Día de la Cultura
Cubana, cuya jornada se dedica este año al bicentenario
de Heredia.
Peregrino al viento
Yo,
tal cazador de mi opinión,
viviendo entre mis bosques.
Yo, un buscador de mi razón.
Yo, fiel leñador de mi verdad,
un peregrino al viento.
Yo, terco pastor de la bondad.
Y yo tengo un andar, un sendero escrito,
líneas en mi mano.
Yo sé de las brujas que todo es posible,
espejos y magos.
A dónde me va a llevar
el encuentro día a día con el sol.
A dónde me va a llevar
el instinto, negación de la negación.
A dónde me va a llevar
la pregunta y el reloj.
A dónde me va a llevar
la mano mía, la lengua mía, la canción mía.
Yo, príncipe en mi ventana azul
que alguna estrella espera.
Yo, enano en mí con la invención.
Yo, loco civil con mi porqué
vestido de colmena.
Yo, menos que el mar, sabiéndome.
Y yo tengo otro andar, un sendero escrito,
líneas en mi mano.
Yo sé de las brujas que todo es posible,
espejos y magos.
Rolando Berrío / Levis Aliaga
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