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AL POETA DE LA PALABRA ENCENDIDA
 
Hemos pasado muchos años recurriendo a aquellas grabaciones, que conservan intactas sus posibilidades de emocionar, pero en verdad no a pocos les inquietaba que los trovadores surgidos en los últimos años no tuvieran la necesidad o la posibilidad de entregarse a la poesía de José Martí. Por tal motivo es causa del mayor placer la aparición  del álbum Acabo de soñar, mientras transitamos el aniversario 150 del nacimiento de nuestro más grande hombre.


Bladimir Zamora Céspedes| La Habana
 

A poco de nacer debió entender José Martí la capacidad de la música para sostener y llevar a todas partes los más fuertes sentimientos y desde su precoz  y angustiada adolescencia, tuvo que haber advertido que en nuestra tierra las canciones son el espejo mejor, el mosaico hecho a trancos humildes donde se pueden advertir los perfiles definitorios de la identidad cultural cubana. Entonces él no sospechaba y mucho menos albergaba aspiración  de ser objeto de alguna de esas canciones, que desde aquellos años fundadores vienen cobijando el cielo de la Isla.

Convertido ya en un haz de ansias perpetuas, por llevarnos al territorio de la dignidad plena del hombre, no habría que dudar  de la aparición de las primeras canciones en su homenaje. Pudo andar la guitarra y la facultad de improvisar décimas, en algunos de aquellos mambises que le empezaron a gritar ¡Presidente!, cuando bajó del bote a trafagar por los montes orientales.

De lo que sí hay total certeza, es de la recurrencia a Martí desde los primeros años del siglo pasado en varios compositores. Lo que ahora llamamos la trova tradicional, fue la vertiente musical donde más abundaron estas composiciones, que de modo general cantaban sus méritos patrióticos desde la palabra de estos creadores populares. Es particularmente recordada la «Clave a Martí» del santiaguero Alberto Villalón.

Aunque no fue lo más frecuente durante la primera mitad del siglo XX, hubo algunas iniciativas valiosas de poner música a la poesía martiana. A mediados de la década del 30, Ernesto Lecuona musicalizó varios de sus poemas, para que fueran cantados por la joven Esther Borja. Están entre ellos «Tu cabellera» y «La que se murió de amor». En los años 40, Arsenio Rodríguez, en pleno apogeo de su Conjunto —de común conocido por sus potentes sones y sus boleros de desengaño amoroso— compuso el son montuno «Canta Montero», en el que aparece la conocida estrofa: Si dicen que del joyero,/tome la joya mejor,/tomo un amigo sincero /y pongo a un lado el amor.

Poco después del triunfo revolucionario de 1959, la presencia de Martí cobra un auge creciente. Ahora no hay demasiado interés por hacer cantos de alabanza al Maestro, sino que se advierte la disposición de los compositores por ponerse al servicio de la palabra martiana. Son los trovadores, como al principio del siglo pasado, quienes con elocuente abundancia se brindan a ello. Se oye a Martí desde «La Guantanamera», de Joseíto Fernández. Terminándose los años sesenta, Teresita  Fernández estrena su versión de «El Ismaelillo» en la Biblioteca Nacional. Pero sin dudas, desde su aparición, la Nueva Trova es el mayor baluarte de la lírica de Martí. La gran mayoría de sus fundadores ha musicalizado al menos un poema de Martí, aunque quienes más se destacaron fueron Pablo Milanés, Sara González y Amaury Pérez, quienes consagraron sendos discos a este empeño, que fueron editados por la Casa de las Américas.

Hemos pasado muchos años recurriendo a aquellas grabaciones, que conservan intactas sus posibilidades de emocionar, pero en verdad no a pocos les inquietaba que los trovadores surgidos en los últimos años no tuvieran la necesidad o la posibilidad de entregarse a la poesía de José Martí. Por tal motivo es causa del mayor placer la aparición —por iniciativa de la Asociación Hermanos Saíz—  del álbum Acabo de soñar, mientras transitamos el  aniversario 150 del nacimiento de nuestro más grande hombre.

El valor de esta antología no termina en el hecho de que muy recientemente Martí haya vuelto a encontrarse con los trovadores. Es también una oportunidad excepcional de palpar la rica coralidad de quienes cantan aquí. Desde una fidelidad esencial a la trova y a los textos poéticos que los han convocado, cada uno de ellos ha dejado visible su floreciente estilo, enriquecido sin prejuicio alguno, por las músicas nacionales o foráneas que les han antecedido. Teniendo estos frutos, nacidos de la espontaneidad y el perpetuo deslumbramiento por la poesía, los arreglistas han podido hacer crecer el árbol jugoso que es cada canción, acercándola convenientemente a las más diversas sonoridades, reclamadas hoy quienes ostentan el mejor gusto y especialmente por los jóvenes.

Este es un  homenaje sabroso de los trovadores cubanos, al hombre de palabra encendida que hoy y en los tiempos por venir, quiere  estar hablando entre nosotros. Acabo de soñar es la feliz prueba de que la palabra de Martí habita, como en su casa natural, entre  estas voces que edifican el goce de lo nuevo.

La Habana Vieja. 13-X- 2003.

Este texto aparece como nota de presentación del disco con el título «Los trovadores de Martí».

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