JUSTICIA TUERTA

Durante las últimas semanas, se ha procesado ante un jurado de la ciudad de Miami a Armando Fernández Larios, oficial del Ejército durante el sangriento golpe militar de 1973 en Chile, a quien se acusa de haber pertenecido a la Caravana de la Muerte, un escuadrón que asesinó a 75 prisioneros políticos después que el general Augusto Pinochet tomó el poder.

Un testigo identificó ayer, en el primer caso que se ventila en Estados Unidos relacionado con los asesinatos ocurridos hace 30 años en Chile, al ex mayor del ejército y de la inteligencia chilena que se refugió en Miami en la década de 1980.

La familia de una de las víctimas, Winston Cabello, acusa a Fernández en busca de una indemnización por los daños, pero el abogado que los representa ha aclarado que no importa tanto el dinero como  «establecer un registro histórico sobre la verdad de lo que sucedió, y tratar de ayudar a combatir la impunidad de la que esta gente ha gozado por demasiado tiempo».

Esto último, sin embargo, puede que resulte un tanto complicado, hacer justicia en una ciudad que se ha caracterizado por servir de acogedor refugio a torturadores y asesinos de toda laya. Y no nos referimos solo a los criminales de Batista que llegaron a ese país en 1959, sino a los terroristas de origen cubano que jugaron un papel fundamental en la Operación Cóndor, ideada y organizada por los servicios de inteligencia norteamericanos.

Para acabar con la impunidad respecto a los crímenes cometidos en Chile, la justicia estadounidense debería empezar por enjuiciar a asesinos como Orlando Bosh, Posada Carriles, Dionisio Suárez, los hermanos Novo y Virgilio Paz, implicados en la colocación de la bomba en el auto del ex ministro de Allende, Orlando Letelier y en el que perdió también la vida su secretaria, una ciudadana estadounidense.

Pero ya se sabe que cuando el actual Presidente ofreció un discurso público en esa ciudad el 20 de mayo del 2002, entre los oyentes invitados por la Fundación Nacional Cubano-Americana, se encontraban Bosh, Suárez y Paz. No hay que olvidar tampoco que la noche del 11 de septiembre de 1973 los contrarrevolucionarios fueron los únicos en el mundo que realizaron, por las calles de Miami, una manifestación de apoyo al golpe de Estado de Pinochet.

Armando Fernández Larios podrá ser condenado, pero eso no acabará con la impunidad. Ya lo hemos dicho otras veces: desde hace mucho, en la ciudad de Miami la justicia es tuerta.

LA JIRIBILLA. 2003