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MIGUEL
MATAMOROS:
UNA HISTORIA MUSICAL
Liliana
Bonome Hermosilla
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La Habana
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Siro, Cueto y Miguel
«Trío Matamoros»
Santiagueros
y tres
de los
más grandes soneros de
todos los tiempos. |
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Oriundo de Santiago de Cuba, Miguel Matamoros nació el 8
de Mayo de 1894 en el popular barrio Los Hoyos, en la
calle San Germán # 115 entre Gallo y Matadero. Músico
intuitivo, a la par de los múltiples oficios que
desempeñó durante su primera juventud como chofer,
carpintero, monaguillo de la Iglesia del Cristo,
fabricante de losas, alfarero, entre otros, de manera
autodidacta se adentró afanoso en el aprendizaje de la
guitarra.
A la edad de 15 años,
y manteniendo su afición por este instrumento musical
empezó a tocar en el tono La Mayor que le enseñó Ramón
Navarro, compañero de trabajo en el aserrío. Una vez
más, lo que sabía lo aprendió en la calle con los amigos
dando serenatas y amenizando fiestas populares en los
barrios de su pueblo natal.
No obstante, el primer instrumento musical que lo señaló
como intérprete en las actividades en que participaba,
así como recaudando la propina para ayudar a su
familia, fue la armónica o filarmónica como muchos la
conocen y luego la corneta china, esta última tan
conocida en los carnavales de Oriente, que tocó a
petición de Rita Montaner (cantante) (Guanabacoa, La
Habana 1900 – La Habana 1958) en una de sus actuaciones
años más tarde en el Cabaret Montmatre, cuando estaba
dedicado por completo a la vida artística.
En 1910, con 16 años de edad, compuso su primera pieza
musical: un bolero que tituló El Consejo. A partir de
entonces realizaría muchas otras obras hasta llegar a
alrededor de 198 donde se incluirían boleros, sones,
pasodobles, habaneras y polkas, entre otros. Se dice que
el único género en el que no incursionó fue en la rumba,
en su modalidad de guaguancó.
Cantando y rasgando la guitarra se fue adentrando cada
vez más en el mundo artístico, penetrando al mundo de la
trova. Aprendió de los grandes maestros de la trova
tradicional cubana entre ellos José
«Pepe»
Sánchez
(Santiago de Cuba 1856 – 1918), Sindo Garay (Santiago de
Cuba 1867 – La Habana 1968), Alberto Villalón (Santiago
de Cuba 1882 – La Habana 1955), entre otros.
Su primera presentación pública la hizo en 1912 en el
Teatro Heredia de Santiago de Cuba y algunas de sus
canciones eran conocidas en la ciudad por las acogidas
que tenían en las fiestas populares.
La situación socioeconómica y política que existía en
la Cuba del gobierno de Alfredo Zayas, hizo que Miguel
Matamoros se trasladara a la capital en 1922, en busca
de mejoras económicas. Aquí participó en tertulias,
serenatas, presentaciones en teatros, etc. Su paso por
La Habana marcó el inicio de su desarrollo artístico. En
1923 se grabó una de sus obras mas conocidas:
«Mamá son de la loma»,
son que fuera grabado por tres sellos
discográficos en tres tipos de formatos diferentes:
«Mamá son de la loma»
por el sello Columbia (Co –2041-X) con el Dúo Pablito y
Luna, grabado el 9 de Julio de 1923;
Al son de la loma
por el sello Victor (Vi – 73883) con matriz G-2950 con
el Cuarteto Cruz, grabado el 3 de Septiembre de 1923;
Al son de la loma
por el sello Brunswick (40073) con el Trío Villalón,
grabado el 26 de Septiembre de 1923.
Hay que aclarar que aunque la obra aparezca con
diferentes títulos se trata de la misma pieza musical,
solo que antes se le titulaba según el verso de la
primera estrofa de la canción o del estribillo de la
misma.
El Son en los primeros años de la década del 20 no tenía
gran aceptación, era considerado
«música de barracón»,
«marginal»,
«cosas de negro», no podía ser tocado, ni
escuchado en sociedad.
Entre los años 1925 – 1930, el Son cobró mayor auge,
época que muchos consideraron la época dorada del Son
Cubano, gracias al desarrollo de la industria
discográfica y de la radio, lo que sirvió para difundir
universalmente esta música.
Hay que reconocer que el Danzón sirvió para popularizar
al Son, con unos de sus iniciadores José Urfé y su
danzón
«El Bombín de Barreto»
se fue generalizando, e incluyendo al final de cada
danzón un son, convirtiéndose este en el elemento
difusor del mismo. Muchos grupos que grababan como
trova, comenzaron a tocar el Son, formándose los
Sextetos como sucedió con Bienvenido Julián, Juan de la
Cruz y Francisco Villalón.
A su regreso a Santiago de Cuba, Miguel comenzó a
trabajar como chofer de alquiler, alternando está labor
con su vida de trovador. Hizo dúo con Miguel Bisbé que
hacia de segundo y en ocasiones agregan otra guitarra al
grupo con Alfonso del Río.
En un segundo viaje a La Habana, por problemas de
trabajo del Río no pudo ir y es cuando se unen en 1924
Miguel Bisbé y Rafael Cueto y Miguel Matamoros,
creándose el Trío Oriente (conocido también como
Trío Oriental)
realizando actuaciones en diferentes lugares, tanto en
su pueblo natal como en la capital, en esta última
presentándose en los Teatros Albisu y Actualidades.
Un año después, al separarse Bisbé del Trío y en ocasión
de la fiesta de cumpleaños de Matamoros, este uniría su
voz a la de Siro Rodríguez, junto a la guitarra de
Rafael Cueto, surgiendo así un nuevo trío bajo el mismo
nombre, que se convertiría en el más popular de toda la
zona oriental, y que fuera bautizado como Matamoros
por el empresario norteamericano Mr. Terry,
director artístico y representante en Cuba de la firma
impresora de disco
«Victor», en 1928. Otros cuentan que
este nombre fue recomendado por el técnico que les hizo
la primera grabación para esta firma discográfica,
estando en New Jersey, Estados Unidos: - Al preguntar a
Miguel el nombre que llevaría el Trío y este comentar
que se llamaba Trío Oriental – el técnico le respondió
que ya existían algunos grupos con ese nombre
sugiriéndole a Miguel que le pusieran su apellido; los
tres músicos estuvieron de acuerdo en llamarse Trío
Matamoros.
Cualquiera que haya sido la manera en que se le
denominó, lo cierto es que fue una agrupación
inigualable donde Miguel jugó un papel importante en la
música cubana con sus acentos fundamentales que no hacen
perder la originalidad ni la frescura en sus obras. Poco
después de ser escogidos por Mr Terry y Juan Castro
empleado de la Victor y de Humara y Lastra
respectivamente el Trío estaba grabando en los estudios
de la Victor.
Resulta imposible hablar del Trío sin referirnos a cada
uno de sus integrantes, auténticos santiagueros fundidos
por su arte en 1925 quienes manteniendo por 35 años la
labor de enriquecimiento e inmortalizando la música
trovadoresca, se convertirían en representantes del
genuino sabor cubano.
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Siro Rodríguez (Santiago de Cuba 1899 –
La Habana 1981)
No sería solo intérprete sino también un fecundo creador
de obras como
«Tu boca», «Fue un solo corazón», «Déjame gozar mulata»,
«Dudas», «Cuando al fin te vayas», «El puerquito en la
yuca», «La China en la rumba» y «Cien veces».
Como barítono demostró gran calidad en el canto popular;
antes de integrar el Trío entonaba canciones con
músicos, entre los que se destaca el guitarrista y
compositor José (Pepe) Banderas (Santiago de Cuba 1891 –
1967), quien fuera presentado en público por uno de los
más destacados trovadores de la época: el maestro
compositor, cantante y guitarrista Sindo Garay (Santiago
de Cuba 1867 – La Habana 1968 ), y que compartiera dúo
con el cantante Alberto Aroche (Santiago de Cuba fines
del S. XIX – La Habana 1968), en su mas temprana
juventud.
Rafael Cueto (Santiago de Cuba 1900 – La
Habana 2000)
Guitarrista y cantante, fue el creador de un modelo
rítmico (tumbao) agreando la percusión. Con este tumbao
y el rayado que hacia Miguel con la guitarra se
resaltaba el eminente y sabrosísimo sabor cubano. Cueto
al igual que Siro y Miguel, compuso varias obras, entre
las que se destacan
«Algo me dejaste, «Pico y pala», «Los carnavales de
Oriente», «Rosa y estrella».
Hay que destacar que Rafael, quien se desempeñaría en
oficios como sastre, cargador en la fábrica de ron
Bacardí, distribuidor de cerveza Tropical y Secretario
de la Jefatura Local de Sanidad, antes de formar parte
del Trío nunca se había dedicado a la labor trovadoresca
de forma estable, aunque se reunía con músicos y
cantantes a los que acompañaba con la guitarra, y
ocasionalmente ejecutaba el cornetín.
Matamoros fue uno de los primeros en perfilar la fusión
del son y la trova dando origen al bolero son. Un
ejemplo lo tenemos con su obra
«Lágrimas negras»
creada en 1929.
Lágrimas negras.
Bolero son.
(Letra según partitura)
Letra y música: Miguel Matamoros.
Aunque tú me has
echado al abandono
Aunque tú has muerto
todas mis ilusiones
En vez de maldecirte
con justo encono
En mis sueños te
colmo
En mis sueños te
colmo
De bendiciones.
Sufro la inmensa pena
de tu estravío [sic]
Y siento el dolor
profundo de tu partida
Y lloro sin que sepas
que el llanto mío
Tiene lágrimas negras
Tiene lágrimas negras
Como mi vida.
Tú me quieres dejar
Yo no quiero sufrir
Contigo me voy mi
santa
Aunque me cueste
morir (bis)
En una entrevista que le hiciera Guillermo Villaronda,
Matamoros confesaría ser el primero que inició la
modalidad de punteo vibrante, es decir, empleando las
cuerdas finas en pasacalles o introducciones. Él como
inventor en potencia que se autotitulaba, creo su
cejilla a la que le adoptó un muelle para que hiciera
presión sobre el brazo de la guitarra, y así poder
cambiar de tonalidad, sin pérdida de tiempo.
Los Matamoros llevaron la música cubana a muchos países,
cultivando grandes éxitos en España, Portugal y países
de Centro y Sur América como México, República
Dominicana, Puerto Rico, Venezuela, Brasil, Panamá,
Colombia, Perú y Chile, marcando pautas no solo en Cuba
sino internacionalmente. Esto lo prueba la acogida que
tenían sus grabaciones y las grandes ventas de sus
placas, así como las amistades que fueron cultivando en
toda su carrera artística por diferentes lugares,
perdurando su influencia.
El primer disco que salió al mercado fue el Victor
V-81274 que contenía por una cara el bolero
Olvido
y por la otra el son
El que siembra su maíz
ambos números de la autoría de Miguel Matamoros.
El primer gran hit discográfico del Trío fue
El que siembra su maíz
con una venta de 64.000 copias, considerado uno de los
grandes éxitos de la discografía cubana. Fue inspirado
en un personaje popular santiaguero El Mayor, que vendía
pasteles y planchaba camisas.
El que siembra su
maíz.
Son (Letra según
partitura)
Letra y Música:
Miguel Matamoros.
Huye, huye…
Donde esta mayor,
donde esta
Ya no vende por las
calles
Ya no pregona en la
esquina
Ya no quiere
trabajar.
El que siembra su
maíz, que se coma su pinol
El que siembra su
maíz, que se coma su pinol (bis).
La mujer en el amor,
si señor
Se parece a la
gallina, como no (bis)
Que cuando se muere
el gallo, si señor
A cualquier pollo se
arrima, como no.
El que siembra su
maíz, que se coma su pinol
El que siembra su
maíz, que se coma su pinol.
Muchacha dice tu
abuela, si señor
No te metas en la
cocina, como no (bis)
Que el que tiene
gasolina, si señor
No ha de jugar con
candela, como no.
Ya mi cantar ha
gustado, si señor
Aquel que me esta
escuchando, como no (bis)
Seguro esta
recordando, si señor
Cosas del tiempo
pasado, como no.
No te parece Rufina,
si señor
Mirar en el farallón,
como no (bis)
Y ver rodar el
trombón, si señor
Hasta que se
desafine, como no.
Del mismo modo fueron muchos los prototipos populares
que formaron parte de los textos de las canciones de
este inigualable compositor, sólo comparable con los
grandes de la trova tradicional.
Observamos en las letras de sus canciones que hay tres
rasgos que lo caracterizan: el sentido del humor
criollo, logrando un resultado sorpresivo y humorístico;
la narración de hechos cotidianos, que resaltan la
idiosincrasia del cubano; y el argot popular de la época
colonial; como por ejemplo
«El
que siembra su maíz»
(1928),
«Regálame el ticket»
(1929), «La Mujer de Antonio»
(1929),
«El Marido de Pancha,
«El Paralítico»
(1930),
«Habana – Santiago»,
etc., además de tener textos patrióticos como:
«Camarón y Mamoncillo».
Camarón y mamoncillo.
Guaracha
(Letra según partitura)
Letra y música: Miguel Matamoros
Pararán, pararán,
pararán…
Allá por el año tres…
(se repite para final)
(Fue en el año 1895,
pero Matamoros lo llamo así)
Se bailó mejor el son
Era corto y a la vez
Más caliente y
sabrosón
Oyelo, báilalo,
gózalo
Allá va, lo veras…
(Fin)
Camarones, donde
están los mamoncillos?
Mamoncillos, donde
están los camarones? Pararán...
Este son tan sabrosón
Es el son tradicional
que nació en el corazón
De la región oriental
Óyelo, báilalo gózalo
Allá va, lo verás.
Camarones, donde están los mamoncillos...(bis)
Y cantamos a la vez
En el coro de mi son
Al derecho y al revés
Mamoncillo y camarón
Óyelo, báilalo,
gózalo
Allá va, lo verás
Camarones, donde están ... (vuelve arriba)
Esta guaracha fue dedicada a los participantes en la
guarra de 1895, que peleaban en la Loma del Gato. A los
voluntarios españoles que vestían de rojo lo llamaban
«camarones»
y los mambises eran los
«mamoncillos», era
la clave que usaban para identificar a cada bando. Otros
ejemplos con textos patrióticos los encontramos en
«Bomba lacrimosa»
(1928),
«¿Quién tiró la bomba?»
(1935);
y otros de corte romántico y sentimental,
«Dulce embeleso», «Lo que es amar», «La
única boca», «Reclamo místico», «Luz que
no alumbra», «Juramento».
Juramento.
Bolero
(Letra según partitura)
Letra y Música: Miguel Matamoros.
Si el amor hace sentir hondos dolores
Y condenan a vivir entre miserias
Yo te diera mi bien por tus amores
Hasta la sangre que hierve en mis arterias
Hasta la sangre que hierve en mis arterias.
(Se repite 1er párrafo)
Si un rigor de místicos pesares
Y hace al hombre arrastrar largas cadenas
Yo te juro arrastrarlas por los mares
Infinitos y negros de mis penas
Infinitos y negros de mis penas.
En 1930 en su segundo viaje a Nueva York el Trío
Matamoros participó en la película
«Mosaicos
Internacionales», producida por Paramount Film, donde
interpretaron:
«Promesa», «Olvido»
(dedicada a su novia Mercedes, mas tarde su esposa) y
«Mamá son de la loma».
Cuentan que el título de esta última obra fue tomado de
un hecho que ocurrió un día de 1922.
En una entrevista que se le realizará años más tarde a
Matamoros narró -...Yo fui a dar una serenata en Trocha
y San Pedro frente al sanatorio La Colonia Española.
Conmigo estaba tocando y cantando Alfonso del Río;
entramos a la casa, afinamos la guitarra y nos pusimos a
cantar, una señora entró a la casa y nos dijo:
«(...) Yo he entrado aquí
porque mi hija se ha vuelto loca con las canciones de
ustedes (...) Y preguntó – yo quiero saber de donde son
los cantantes – y solamente la niña al decir de donde
son los cantantes, yo le dije son de la loma y la
chiquita dijo – mamá son de la loma, - de ahí fue que yo
cogí el título
Mamá son de la loma,
eso quiere decir que somos de Santiago de Cuba y al
referirnos que cantan en el llano es que cantan en La
Habana...».
Otros dicen que fue después de dar una serenata y no
tener respuesta alguna, ya cuando se iban de retirada,
seguros y muy angustiado de saber que la serenata había
sido un fracaso, del interior de uno de los edificios
contiguos la voz de una niña pregunto (...) – mamá ¿esos
cantantes son de La Habana? A lo que la aludida dio
respuesta –
«No, hijita son de aquí, de Santiago, de la
loma...»
Después de separarse Alfonso del Río terminada
la serenata dice Miguel – compuse lo que el pueblo llama
«El son de la loma»
(en realidad se titula
«Mamá son de la loma»).
En su libro
«80 años del Son y Soneros en el Caribe»,
Jesús Blanco, nos refiere que esta obra fue inscrita
como
«Mamá»
con el No. 16 de la Secretaría de
Agricultura, Comercio y Trabajo; aunque nunca fue
grabada con este nombre, se conoció mundialmente como
«Son de la loma»
o
«Mamá, son de la loma». En 1922 fue
editada por primera vez en la calle Villegas No. 18 en
La Habana por Pastor R. Lahera.
Mamá,
son de la loma.
Son
(Letra según partitura)
Letra y Música: Miguel Matamoros.
Mamá
yo quiero saber
De
donde son los cantantes
Que
los encuentro muy galantes
Y los
quiero conocer
Con su
trova fascinante
Que me
la quiero aprender.
¿De
dónde serán? Ay, mamá
¿Serán
de La Habana?
¿Serán
de Santiago,
Tierra
soberana?
Son de
la loma, y cantan en llano…
Tu
vera, tu vera
Mamá
ello son de la loma
Mamá
ello cantan en llano
Mamá
son de la loma…
Mira
mamá ello cantan en llano
Mamá
ello son de la loma…
En un Concurso de Bandas, celebrado en La Habana en
1929, el Trío colaboró con la Banda Municipal de
Santiago donde interpretó la parte vocal de la obra de
carácter popular escogida,
«El Cocoyé»,
alcanzando el primer premio, y cantando en la misma
actividad
«El que siembra su maíz»,
obra que disfrutaba de gran popularidad.
Muchas más y de diversa connotación serían sus gustadas
actuaciones. En ese sentido, una peculiar sería su
interpretación del Himno Nacional acompañado por la
Banda de Santiago de Cuba, en la inauguración del
Capitolio de La Habana.
En 1931, ya instalado en La Habana y dedicado totalmente
a la vida artística el Trío Matamoros, había cobrado
tanta popularidad que llegó a tener actuaciones en cinco
Teatros diariamente.
Todo el repertorio del Trío entre 1928 y 1939 fue
impreso en discos ortofónicos del sello Victor.
Aunque su mayor esplendor y popularidad la obtuvieron
con el Trío, Miguel dirigió otros grupos musicales. Esto
ocurrió gracias al considerable aumento de las
actividades artísticas, grabaciones de discos, así como
contratos en cines, teatros, bailables y fiestas. Por
todo esto, el Trío necesitaba sonoridad para cumplir con
los compromisos que tenían, creando así el Cuarteto
Matamoros al que se le adicionó una trompeta. El trío
devino más de una vez en septeto, sexteto, u otro
formato como cuarteto o conjunto, en dependencia de los
intereses de la casa discográfica Victor de la que eran
artistas exclusivos, y la cantidad de músicos que
solicitaban para los diversos proyectos; le habían
propuesto que organizaran un grupo de ese tipo,
surgiendo así el Septeto Matamoros. Luego se crearía el
Cuarteto Baconao, y, por último, el
Conjunto Matamoros.
En cada uno de estos grupos estarían presentes Siro
Rodríguez, Rafael Cueto y Miguel Matamoros, este último
grabó un LP para el sello Panart con el Cuarteto Maisí
con guitarra, piano, tumbadora y trompeta y la cantante
Juana María Casas, siendo, en todos los casos, el
director.
Con esta cantante estuvo unido en el arte y en el amor,
de esta unión nació su hija Seve Matamoros la que ha
seguido sus pasos en el arte musical.
Integraron el Septeto Manuel Borgellá en el tres,
Américo Santiago en el clarinete y la corneta china,
Francisco
«Paquito»
Portela en el contrabajo (Santiago
de Cuba 1889 – 1975) y Manuel Gervasio Poveda Palays
(Santiago de Cuba 1902 - ?) en las pailas y los tres
integrantes del Trío.
Asimismo es de destacar que el cantante y compositor
cubano Benny Moré, comenzó a cantar con el Sexteto
Matamoros teniendo varias actuaciones en México donde
cosechó muchos éxitos. Este Sexteto fue conocido también
como Conjunto Baconao.
De este modo el Sexteto Matamoros estaría integrado por:
Bartolomé Moré más conocido por Benny Moré (Santa Isabel
de las Lajas 1919 – La Habana 1963) tercera voz, Agustín
Gutiérrez (La Habana 1900 -?) bongoes; Francisco
Repilado (Compay Segundo) (Santiago de Cuba 1907 – La
Habana 2003) tres; Siro Rodríguez (Santiago de Cuba 1899
– La Habana 1981) voz segunda; Rafael Cueto (Santiago de
Cuba 1900 – La Habana 2000) guitarra acompañante; y
Miguel Matamoros (Santiago de Cuba 1894 – Santiago de
Cuba 1971), director y guitarra.
Benny Moré también formó parte del Conjunto Matamoros,
con quien hizo varias grabaciones en La Habana en
los años 1944 – 1945 con la casa disquera RCA-Victor de
la que siguieron siendo artistas exclusivos.
Integraron el Conjunto en diferentes etapas: Compay
Segundo, tocando clarinete; y Carlos Embale (La Habana
1923 – La habana 1998), cantante de son y guaguancó.
En la década de los 50, el Trío Matamoros grabó con el
sello Kubaney varias canciones, tocando la guitarra
Ramón (Mongo) Huerta, que en aquellos momentos formaba
parte del Dúo Espirituano con Evelio Rodríguez, autor e
intérprete de música guajira (Sancti Spíritus 1921);
ya que Miguel había padecido una hemiplejia que le
dificultaba tocar con el Trío.
No por toda la fama que tuvieran estos tres
inseparables santiagueros le harían olvidar sus raíces;
cada vez que regresaban de algún contrato de trabajo en
el exterior o de culminar otros en la capital, llegaban
a su ciudad natal para compartir con sus amigos de
siempre que les hacían perder la noción del tiempo y se
deleitaban con sus cantos en las gratas noches de
serenatas hasta el amanecer.
Su música fue divulgada en el programa
«La Casa de las
medias»
de la emisora radial CMQ, (después del 1959
Radio Liberación, en la actualidad Radio Rebelde),
también en programas de televisión.
Tenían impreso más de 200 discos y la mayoría de las
piezas grabadas eran de la autoría de Miguel Matamoros;
«... el primer danzonete que fue impreso en disco, fue
ejecutado por el Trío Matamoros, la primera conga
impresa en disco fue la mía
Demostración,
fue ejecutada por el Trío».
Cuando cansado de tanto trabajo y viajes, Miguel
Matamoros decide retirarse en 1960, el Trío se disolvió
volviendo a cantar juntos sólo ocasionalmente, cuando
Miguel viajaba a La Habana o Siro y Cueto lo visitaban
en Santiago de Cuba.
El 10 de Mayo de 1960, se produjo el retiro artístico
del Trío. El anuncio se hizo en el programa televisivo
«Jueves de Partagás»
en el canal 6 de la Televisión
Nacional.
Ya retirado, en 1962, Miguel compuso su última creación
musical, la canción
«Triste, muy triste»,
que entregó a Pedro Vargas para que la incluyera en un
nuevo disco.
Triste muy triste.
Bolero
(Letra según partitura)
Letra y Música: Miguel Matamoros.
Triste están las
estrellas
Triste la luna
Triste por que muy
triste me ven llorar
En esta noche, noche
tan triste como ninguna
Como ninguna de las
mil noches de mi penar.
Hace mucho tiempo que
no me besas
Quiero sentir su beso
ardiente
Para quemarme con su
calor
Calor de beso que me
confunde hasta morir
Entre tus brazos
llenos de dicha
Llenos de amor.
Triste están las
estrellas
Triste la luna
Triste por que muy
triste me ven llorar
En esta noche, noche
tan triste como ninguna
Como ninguna de las
mil noches de mi penar.
Penando estoy me ven
llorar
Muriendo voy por amar
(bis)
Durante 35 años de actuaciones y trabajo creador, el
Trío Matamoros mantuvo su estilo musical con la misma
frescura y alegría del primer día, así como su vigor
interpretativo con el toque de cubanía que llegaba de
manera sensible a todas las esferas de la sociedad.
Su melodía conmovió al pueblo sencillo del cual salieron
estos tres trovadores, logrando el reconocimiento, el
respeto y la admiración que universalmente se ganaron.
No sólo interpretaron sus obras; también incluyeron en
su repertorio las de otros compositores y que fueron
éxitos como
El
desastre del morro Castle
de Leopoldo González,
«Frutas del Caney»
del compositor Félix Benjamín Caignet
«Salomón»
(San Luis 1892 – La Habana 1976),
«Oriente, cuna florida»
de Emiliano Brizuela Ponciano,
«Cuidadito,
Compay Gallo»
del compositor, cantador y guitarrista Benito Antonio
Fernández Ortiz, más conocido por Ñico Saquito (Santiago
de Cuba 1902 – La Habana 1982), entre otros.
Igualmente, poco no son los intérpretes que acogieron la
obra de Miguel Matamoros en el ámbito internacional:
José Feliciano, Pedro Vargas, Sarita Montiel, grabaron
algunas de sus canciones logrando grandes éxitos
internacionales.
En Cuba, todo el pueblo reconoce su obra, la invocan
para amenizar tertulias o fiestas populares, o
simplemente para recordar al Trío Matamoros.
Miguel Matamoros murió en su ciudad natal en el Hospital
Militar, el 15 de Abril de 1971. Su sepelio constituyó
una gran manifestación popular que acompañó hasta el
cementerio de Santa Ifigenia los restos de este
inolvidable trovador santiaguero que nos dejó su obra
como herencia de tradiciones.
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