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EN EL LABERINTO DE NELSON

Carina Pino-Santos
| La Habana

 

El-ojo-indignado,1997

La más reciente muestra personal de Nelson Domínguez fue inaugurada en la galería del Museo del Ron Habana Club, institución que luego de un período de descanso ha reabierto nuevamente como centro de promoción y venta de un repertorio selecto de los artistas y obras cubanos.

En el año 97 Domínguez realizó una extensa y variada muestra personal de su quehacer plástico, con motivo de su cincuenta aniversario, cuando abrió de forma simultánea muestras en diversas de las más céntricas galerías de la zona histórica de la capital; fue, por cierto, un año de intensa actividad expositiva cuando exhibió no sólo pintura, dibujo y grabado, por lo que es más conocido, sino también cerámica y escultura, dando prueba de su versatilidad y de una sostenida coherencia de un único lenguaje expresivo en tan distintas técnicas.

Y luego de la participación en muestras colectivas y de realizar regularmente otras personales, en este 2003 Nelson muestra —como ya hacía un quinquenio no sucedía— una considerable cantidad de sus dibujos y grabados.

ebrias-tribulaciones-2003

Se trata, ahora, de la posibilidad de apreciar un conjunto lo suficientemente amplio de su más reciente producción plástica, como para responder a esas inobjetables inquietudes que pudieran surgir de una obra conocida por su manifiesto virtuosismo, que debe circular en medio de las veleidades de un mercado no siempre favorecedor de los más impecables proyectos, y cuya expresa sensualidad —implícita por lo demás en tanto oficio— es por consiguiente gustada por muchos. Sin embargo, Nelson no ha anclado en estas definitivas y terminales orillas, léase las de la fatiga, las de la reincidencia, por el contrario su trabajo ha ganado en extensión significante y en intención conceptual, sin dejar de mostrar los beneficios ya conquistados de su habitual tecnicismo.

Sus primeras obras en el decenio de los setenta, reflejaron el contenidismo que tipificó a los «años duros», en general para la plástica cubana, fueron años deudores de los temas de los maestros de la vanguardia plástica de la tercera década del siglo. Luego en los años 80 toma el clásico legado temático de la abstracción y lo reconvierte en Micromundos, o en sus series Hormigas,  también vuelve a  los mitos de la religión afrocubana, con sus Ofrendas y bilongos. A mediados de los noventa la obra de Nelson se va tornando mucho más álgida en su neoexpresionismo, y parece centrarse más en búsquedas antropocéntricas, ya «el hombre» no aparece como en sus cuadros de suave hálito renacentista y fabulador de los setenta, ha vuelto a los lienzos desgarrado, expectante en un «nuevo orden existencial». Y es que la obra de Nelson se ha sostenido con una honda y penetrante vocación sociológica, sin por ello ser precisamente exteriorista, más bien partiendo de una implícita intencionalidad humanista.  

Sin título, 2001

Los críticos con frecuencia acuden a referentes estéticos, ejes y puntos de partida para la reflexión, y pareciera que esta muestra es un homenaje aplazado a Francis Bacon, y quizá esa postergación de la ofrenda le ha hecho ganar en intensidad (y también a  maestros como Lam). Afortunadamente el artista no las obvia: «Todo arte genuino viene del arte. No hay genialidad ninguna por sí sola. Así todo es como un gran legado y una síntesis, que se va tamizando de pintor en pintor» me aseguró una tarde de verano en su estudio Nelson (Revolución y Cultura, No. 3 de 1998). Pero las criaturas del artista no son las del británico, el mundo de Domínguez no es el de ese desgarramiento cruel, terrible y hasta masoquista, sino aquel en que continúa tejiendo fábulas con lirismo, en una mixtura que mucho debe al surrealismo y al neoexpresionismo. 

La serie de dibujos realizados en técnica mixta sobre cartulina son una consecución de la labor neoexpresionista anterior,  el trabajo con el negro que denominó popularmente una etapa de su obra, persiste, pero no es tan hedonista como hace diez años. Ebrias tribulaciones explicita una  fuga donde las voces de lo surreal realizan un contrapunto con las de la poética, casi etérea que persiste en toda su obra.  

Detrás de la red,2003

Y en el otro extremo, Danza por los cautivos, en serigrafía, desafía el neoexpresionismo, tornándose en una agria y burlesca metáfora. Detrás de la red combina esas apropiaciones, una mixtura de espíritu clásico con expresionismo abstracto. Quizá cuando la cita es demasiado próxima y escueta como en la serie de La silla, recuérdese la de Lam, es cuando pierde fuerza ese hálito de fuerte expresionismo, o en su alegoría a las crucifixiones (del Espantapájaros y de Cristo), original imagen que pudiera desbrozar nuevas piezas antológicas. 

En los grabados la difícil expresión de lo matérico y la gráfica de índole gestual ha sido resuelta en composiciones de maestría singular,  impresiones que realiza con técnicos de notable oficio. 

A través de todos estos años, Nelson ha desafiado ciertas dualidades técnicas: original-obra múltiple, en su trabajo sobre los grabados, y también estilísticas (nueva figuración-surrealismo). Y es que su interpretación del mundo la conforma ciertamente una dialéctica y esto le ha compulsado para una interpretación artística que implique investigaciones no únicamente conceptuales, sino engarzadas a conexiones puramente sensoriales. «Todas las vibraciones que uno recibe (...) son las que producen una forma de expresión», me dijo Nelson en aquel mencionado encuentro, y  muchos pudieran tomar esa afirmación como el hilo de Ariadna para encontrar el laberinto de esta su más reciente creación.

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