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BOMBAS
INFORMÁTICAS CONTRA IRAQ
La
guerra contra Iraq podría darse prácticamente por
iniciada (desde mucho antes que estallara la primera
bomba), al menos, en su versión cibernética. El uso de
esta bomba informática implica que no solo se
destruirían objetivos informáticos militares o
gubernamentales sino también civiles. Entre ellos, los
que gestionan servicios hospitalarios, redes de
distribución energética, el control del tráfico aéreo de
la zona o incluso el funcionamiento de los pozos
petrolíferos.
Xavier
Pujol Gebellí|
España
La
guerra contra Iraq podría darse prácticamente por
iniciada (desde mucho antes que estallara la primera
bomba). Al menos, en su versión cibernética. Según
distintas fuentes, Washington habría hecho uso de
piratas informáticos para tomar el control de los
servidores informáticos iraquíes. De confirmarse,
representaría un primer paso para inutilizar los
servicios de inteligencia de Iraq, algo así como la
primera derivada de una directiva aprobada el pasado mes
de julio por George W. Bush.
Según The Washington Post, Bush aprobó en julio
de 2002 una directiva sobre guerra electrónica que
preveía cumplir un doble objetivo: por una parte,
incrementar las capacidades de los sistemas informáticos
propios ante la eventualidad de una intrusión enemiga y,
por la otra, poner en marcha un dispositivo de potencia
suficiente como para interferir e inutilizar, llegado el
caso, la red iraquí.
La iniciativa responde al nombre de Estrategia Nacional
para la Seguridad del Ciberespacio. Oficialmente,
pretende desarrollar un «protocolo de actuaciones» para
los estamentos gubernamentales y militares para proteger
de un ciberataque a los «sistemas de información
críticos» del país. Entre otros aspectos, la directiva
firmada por Bush el pasado verano y ratificado hace unos
pocos días, cita la vulnerabilidad de los sistemas
informáticos ante nuevos virus supuestamente más dañinos
que los actuales y su probable incidencia en servicios
bancarios y tráfico aéreo, además de sobre los sistemas
de información e inteligencia. La propuesta empezó a
diseñarse poco tiempo después de los atentados del 11 de
septiembre y ratificada definitivamente tras la entrada
en escena del gusano «Saphire».
UN CENTRO DE SALUD PARA INTERNET
La estrategia de ciberseguridad de Washington pasa,
entre otros caminos, por la creación de un centro capaz
de monitorizar en tiempo real la salud de la red en
Estados Unidos. El centro, según desvelaba el diario de
la capital, operará bajo el sistema GEWIS (Global
Early Warning Information System) desarrollado por
National Communications System (NCS), una agencia
de seguridad fundada en 1962 con el objetivo de asegurar
el acceso del gobierno a los sistemas de comunicación
básicos durante emergencias nacionales. La filosofía de
esta agencia, que entronca con la que alimentó el
nacimiento de ARPAnet en los años sesenta (la red
de la que emergería poco después la incipiente Internet
para usos civiles), se complementa con el programa
Total Information Awareness (TIA) del Departamento
de Defensa (DOE), una iniciativa pensada para extraer
información de interés relativa a grupos terroristas y
«otras amenazas» de bases de datos de todo el mundo. La
puesta en marcha de GEWIS ha supuesto una
inversión de cinco millones de dólares solo para 2002.
Ambos esfuerzos, comprensibles desde el interés
gubernamental de tener un mayor control sobre Internet,
van a topar necesariamente con un derecho a la
privacidad que ahora mismo es puesto en duda desde
múltiples sectores. En primer lugar, desde las empresas
dedicadas a proveer servicios de información, pero
también desde los proveedores de herramientas de
comercio electrónico que basan su potencial en la
seguridad de sus bases de datos y de las transacciones
económicas que tramitan. Todo ello redunda en una
tercera pata, la de unos consumidores-usuarios que se
resisten mayoritariamente, sobre todo en Europa, a
facilitar datos personales a la red. Datos, por otra
parte, que resultan imprescindibles para cualquier
operación económica.
Otro aspecto, finalmente, socava la confianza en los
sistemas de seguridad pergeñados por la Casa Blanca. La
gestión del «centro de salud», de GEWIS, de
TIA y de CWIN (Cyber Warning Information Network),
una iniciativa paralela sobre el estado de la red de
carácter civil pensada para prevenir ataques
informáticos, recae en manos de compañías privadas en
franca conexión con el gobierno, un aspecto que puede
llegar a ser comprensible en una sociedad como la
norteamericana pero que genera enormes recelos en otras
partes del mundo.
DE LA DEFENSA AL ATAQUE
Los planes en materia de seguridad, a pesar de la
espectacularidad que sugieren las acciones llevadas a
cabo hasta la fecha, parecen no ser suficientes. De
acuerdo con distintas publicaciones especializadas
norteamericanas, el llamado «zar de la seguridad»,
Richard Clarke, está meditando su marcha de la Casa
Blanca como máximo responsable de la materia. Clarke,
que se erigió en el principal estandarte de la seguridad
informática durante el mandato de Bill Clinton, entiende
que los esfuerzos realizados hasta la fecha suponen solo
un pequeño paso respecto de lo que debería hacerse. Sus
argumentos principales son que solo se han acelerado los
programas de defensa informática tras los ataques del
11-S y que, a pesar del tiempo transcurrido, los
servidores clave del sistema estadounidense continúan
siendo vulnerables al ataque de cualquier virus o gusano
de nueva generación. El experto sostiene que ni las
empresas ni el gobierno han actuado con la suficiente
diligencia. Como si no creyeran en su proyecto.
En lo que sí parecen creer es en la posibilidad de
lanzar un ataque cibernético contra los sistemas de
Iraq, algo nunca hecho hasta ahora contra ningún país y
que, según algunos indicios, está empezando a ponerse en
práctica. Curiosamente, es el propio Clarke el encargado
de coordinar las acciones hostiles.
En declaraciones a la agencia Reuters, Clarke señalaba
hace unos días: «Tenemos la capacidad y la organización
(para atacar los sistemas iraquíes); no tenemos aún una
estrategia elaborada, ni doctrina ni protocolos». Pese a
estas declaraciones, todo indica que la decisión está
tomada y que los principales servidores iraquíes están
ya bajo control, aunque no interferidos. Del mismo modo,
han trascendido algunas medidas específicas que van
desde la posibilidad de inundar los buzones electrónicos
con propaganda bélica abogando por la rendición de
Sadam y la existencia de algo así como una bomba
informática que podría hacerse efectiva de un modo
inmediato.
El uso de esta bomba informática, cuyo alcance y
características permanece en secreto, ha desatado
críticas entre los expertos. Entre otras razones porque,
al parecer, no actuaría de un modo selectivo sino que su
capacidad de destrucción sería masiva e indiscriminada
sobre la red actualmente en funcionamiento en Iraq. Ello
implica que no solo se destruirían objetivos
informáticos militares o gubernamentales, sino también
civiles. Entre ellos, los que gestionan servicios
hospitalarios, redes de distribución energética, el
control del tráfico aéreo de la zona o incluso el
funcionamiento de los pozos petrolíferos. Los daños
colaterales de un ataque de este estilo podrían ser
excesivos.
Por otra parte, los sectores críticos advierten que
lanzar un ataque cibernético abriría las puertas a una
contraofensiva en la que participarían hackers de medio
mundo en busca de venganza. Una acción así mostraría las
vulnerabilidades propias a ojos ajenos, y estas son al
parecer demasiadas como para no ser tenidas en cuenta.
En definitiva, que abrir otro frente podría ser
demasiado arriesgado. Pese a ello, Bush ya ha tomado la
decisión. Queda por ver su alcance y si el riesgo es tan
grande como se presume.
*
Analista de Madrid Más. Cedido a Clic Internet.
* Madrid Más: El Sistema Regional de
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