| MEMORIA. Nro 115 | |||
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UN
POETA DE LA GUERRA
Dos versos ―apenas un atisbo― de un joven que se iniciaba en la poesía de vivir y no en vivir de la poesía. Se llamaba Raúl y estudiaba tercer año de Pedagogía cuando entonces el verso de la muerte lo envolvió de un golpe. La tarde es en el puerto un colosal acento Que rebosa en el sueño de lo hecho y lo eterno
No era un poeta de
aquellos ilustres versadores que decidieron hacer
morada en el Parnaso; o de aquellos que tocados por
aura mágica de la creación se lanzaron al duro oficio de
escribir poesía. Era solo un joven que también escribía versos, además de hallar motivos para vivir a pesar de tantas vidas sin poesía. Y para hacer la existencia más abarcadora, para hallarse a sí mismo a través de los demás, decidió un día otro camino. No quiso palabras inútiles «no vamos a teorizar, vamos a combatir…es la fórmula mágica de la presencia de la juventud». Estudiante, pintor y oficinista, mensajero y periodista aficionado; reportero radial, y con vocación por la justicia, cambió la carrera de Derecho por la de Pedagogía.
Escribió un artículo que prensa alguna quiso publicar. «Revolución sin Juventud» fue la primera respuesta al golpe militar del 10 de marzo, 16 páginas de encendidas de ardor juvenil, que luego saldrían a la luz en un pequeño periódico artesanal, llamado El Acusador. Firmaba sus trabajos con el seudónimo de El Ciudadano, junto a otro joven, un jefe amigo, que firmaba Alejandro. Entonces decidió enfrentar el verso de la muerte justo a los cien años del natalicio de José Martí.
Ya estamos en
combate… Murió un día de julio, en Santiago de Cuba, asesinado. Se llamó Raúl Gómez García y desde entonces lo nombraron El poeta de la generación del Centenario.
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