| LA JIRIBILLA Nro. 116 | ||||||
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HISTORIA EN LINÓLEO, CON CREATIVIDAD
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Canet reproduce con pulso certero, haciendo gala de su estilo artístico, escenas del juicio que culmina con el alegato La historia de absolverá; y con precisa línea muestra en sus grabados al joven abogado Fidel Castro ejerciendo su doble condición de acusado y acusador, de modo tal que revierte a favor de los revolucionarios la aparente victoria de la tiranía, lograda «gracias» al número de prisioneros asesinados. Un Fidel que obligó al tribunal a romper las esposas que ataban sus muñecas y demostró, con tal gesto de protesta, que la represalia enemiga había sido quebrantada.
Aunque el asalto al Moncada resultó —desde el punto de vista militar— un revés táctico o un fracaso militar, muy pronto su líder y los compañeros sobrevivientes de la acción lo habrían de convertir en un triunfo estratégico sin precedentes. El momento crucial de ese cambio de situación lo encontramos en ese juicio, el 16 de octubre del propio año, cuando el doctor Fidel Castro pronunció su alegato de autodefensa, conocido como La historia me absolverá: las denuncias de las torturas horrendas y los asesinatos de los prisioneros en las mazmorras del Moncada, hechas por los que lograron conservar la vida con la solidaridad del pueblo en la ciudad y las montañas cercanas —entre ellos Fidel–, y los cuestionamientos planteados por este, en su condición de abogado, alcanzaron la victoria estratégica. La lucha futura contaría, a partir de ese momento, con un instrumento teórico-político que se convirtió de hecho y derecho cívico en el Programa del Moncada o Programa de la Revolución. En realidad estaba comenzando un verdadero proceso revolucionario, se trataba del impulso inicial, indetenible.
El alegato también presentaba una panorámica nítida de lo que era la Cuba neocolonial, y esbozaba cuáles serían las leyes que pondría en vigor una revolución triunfante. Desde el punto de vista jurídico se trata de una pieza antológica en la historia de Cuba, y Canet la asume, recrea y sintetiza en sus grabados.
Sus obras han sido expuestas en países tanto de América Latina como de Europa y Asia, y, desde luego, Cuba, la nutricia Cuba, en especial el pueblo habanero de Casablanca, donde nació.
Canet ama la Historia y su personalidad lo llevó a sumergirse en ella. Después de estar en un apartamento situado en plena urbe habanera, optó por vivir en el ultramarino pueblo de Regla. Para él el summum era irse a «saborear» el ambiente de la casa y ciudad donde vivía el impresor Eduardo Facciolo, considerado el primer mártir de la prensa cubana, a principios del siglo XIX, porque «un lugar así era a lo que había aspirado siempre», dice a sus amigos más cercanos, como si fuera demasiado privilegio para él. La casa de Facciolo, él y su obra, se funden en un solo proyecto cultural cubano.
© La Jiribilla. La Habana. 2003
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