LA JIRIBILLA Nro. 116

EL SUEÑO DE UN TROVADOR
 
Compay Segundo efectivamente dejó de existir. Pero en el Santiago que le vio nacer, hay cientos, miles de trovadores de las más diversas edades que diariamente desandan sus pasos, cantan su música y la de Pepe Sánchez, Matamoros y Sindo Garay, consiguiendo de este modo el florecer continuo de la trova tradicional santiaguera, revitalizándola que es, a fin de cuentas, el mayor sueño que pueda tener un trovador.


M. E. Cabrales | La Habana


Recientemente, con motivo del Festival del Caribe, visité la ciudad de Santiago en la región oriental de Cuba. Durante mi estancia en esa ciudad, considerada no sin sobradas razones como Héroe, pude observar, entre otras muchas cosas, el arraigo que tiene entre los santiagueros la trova tradicional.

Algunos afirman que ese arraigo tiene mucho que ver con la política cultural que prevalece en la región, mediante la cual “prácticamente se obliga a las instituciones culturales y a las agrupaciones artísticas de música y danza a seguir los pasos de la trova tradicional.”

No coincido totalmente con estas opiniones. Es muy cierto que lo que no se siembra no nace, ni tampoco crece. Pero también es una realidad que se puede sembrar mucho, incluso abonar y atender con sistematicidad los sembradíos, pero si la tierra no es fértil, no es propicia para ese tipo de cultivo seguramente jamás se obtendrán frutos ni siquiera de mediana calidad.

Luego entonces, si en Santiago de Cuba la trova tradicional se mantiene en estos momentos tan vívida como cuando sus años de esplendor con Pepe Sánchez, Matamoros, Sindo y Los Compadres, entre otros muchos, no es precisamente por la política cultural que se sigue en la región, sino más bien porque allí existen verdaderas raíces trovadorescas y solo es necesario esparcir sobre ellas algunas gotas de agua, traducidas en poner en manos de cualquiera una guitarra, para que inmediatamente florezca la planta y salga a la luz un fruto que bien puede ser hermoso o ciertamente un poco endeble, pero fruto trovadoresco al fin y al cabo.

También es muy cierto y con esta afirmación me pongo del lado de quienes no las tienen todas con la política cultural que se sigue en Santiago de Cuba que por cada tres instalaciones culturales que se crean o existen en la provincia, dos están dedicadas a la trova y solamente una a la música de otros géneros, como salsa, por ejemplo.

Pero si se analiza profundamente el asunto no es tan así. Las instalaciones sencillamente se crean, “son espacios libres para que la gente se encargue de dirigir sus caminos. ¿Y qué hacen quienes visitan asiduamente esas instalaciones? Van con sus guitarras y se ponen allí a descargar y, por supuesto, a tomarse su traguito de ron. Puede escucharse allí incluso música grabada, o presentarse grupos, o solistas de música que nada tienen que ver con la trova, pero bien al principio y o al final la actividad tomará siempre el mismo derrotero.”¹

¿De quién es entonces la culpa? ¿Quién o quiénes son los responsables del arraigo y la vigencia actual de la trova tradicional en Santiago de Cuba?

Creo, a mi juicio, que son unos cuantos. Y lo peor de todo es que a los principales responsables no se les puede culpar ahora, como tampoco antes y mucho menos en los tiempos que vendrán, porque si alguna culpa tuvieron fue la de rescatar y preservar nuestras raíces, además de dar a conocer al mundo la música tradicional de nuestro país, llenando de gloria no solamente a los santiagueros, sino en general a todos los cubanos. Por otro lado, algunos ya no están entre nosotros desgraciadamente. Uno de ellos, por ejemplo, acaba de fallecer: Francisco Repilado, el segundo de aquellos Compadres que, guitarra en mano, se sentaban en el parque Céspedes a cantar sus sentimientos, sus sueños, sus ilusiones, sus remembranzas. Otras veces desandaban por las empinadas calles santiagueras improvisando serenatas diurnas o nocturnas, o, simplemente, sentados en un patio o en un portal, tomando ron y fumando un buen tabaco, rodeados de amigos o de desconocidos, pero dándose a conocer lentamente.

Compay Segundo efectivamente dejó de existir. Su desaparición, sin embargo, es solo física porque allí en el Santiago que lo vio nacer, pude observarlo en mi reciente visita, hay cientos, miles de trovadores de las más diversas edades que diariamente desandan sus pasos, cantan su música y la de Pepe Sánchez, Matamoros y la de Sindo Garay y la de ellos mismos, consiguiendo de este modo el florecer continuo de la trova tradicional santiaguera, revitalizándola que es, a fin de cuentas, el mayor sueño que pueda tener un trovador.
 


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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