LA JIRIBILLA Nro. 115

EN CASA, COMO LA PRIMERA VEZ
 
Ojalá no haya ninguna otra inundación, que arrase punto alguno del planeta, pero que no por ello dejen los cantores nuestros, de esgrimir la canción, como el arma mejor de la esperanza.


Bladimir Zamora Céspedes | La Habana
Fotos:
Iván Soca
Canto de Todos
Casa de las Américas


Como en los años setenta, en que venía a Tercera y G a encontrarme en la voz de los cantores imprescindibles de nuestra América con mis compañeros de curso, regresé al mismo sitio, donde se encuentra enclavada la Casa que toda la cultura de nuestro continente, o el puente inefable desde donde podemos sentir la respiración de las culturas de nuestras tierras.
 


De izquierda a derecha: Víctor Heredia, Silvio Rodríguez, Carlos Varela, León Gieco y Vicente Feliú.

Habían llegado de Argentina León Gieco y Víctor Heredia, para unirse a Silvio Rodríguez, Vicente Feliú y Carlos Varela, en el inicio de la grabación de un disco en vivo, para contribuir con los fondos de su venta, a la reparación de los daños causados en la región de Santa Fe, por lluvias torrenciales. En tiempos en que por doquier impera el santo y seña del sálvese quien pueda, resulta conmovedor este gesto.

A fin de lograr en la Sala Che Guevara, las condiciones indispensables para realizar la grabación, solo se repartieron un número razonable de invitaciones, para no abarrotar el aforo. Era presumible que mucha gente interesada quedara afuera e insatisfecha. En aras de salvar este escollo, se plantó una gran pantalla en la pared de la Casa que da a G y un audio limpio y potente. Y claro, se cerró la calle para que quienes quisieran, pudieran gozar con tranquilidad lo que sucedería a solo unos metros de ellos.

Me concedieron el privilegio de acceder a la Sala Che Guevara, donde presenciaban la grabación altas figuras de la cultura, la prensa especializada y un ávido grupo de personas...y me quedé afuera. Que esta vez no quiere decir, sin participar. Decidí ser uno más entre los jóvenes que sentados en la hierba, se mantuvieron atentos y emocionados, siguiendo canción a canción, el acontecimiento. Me sentí representado como humilde gente de mi país, cuando Silvio Rodríguez dedicó su canción Roxana, a Compay Segundo y Celia Cruz, ponderándolos como dos nombres trascendentes de nuestra música. Recibí el golpe espiritual de los buenos, cuando Carlos Varela y León Gieco, se refirieron con respeto agradecido a quienes apoyábamos desde la hierba de G su vocación de servir. Ojalá no haya ninguna otra inundación, que arrase punto alguno del planeta, pero que no por ello dejen los cantores nuestros, de esgrimir la canción, como el arma mejor de la esperanza. Y mucho menos cuando “Solo le pido a Dios”, ese himno creado por León Gieco en las tribulaciones de la Guerra de las Malvinas, cantada al final de la primera sesión de grabación del disco, nos pareció anoche, una canción recién compuesta, para hacernos fuertes ante los ciertos peligros de la guerra, que andan desatando por doquier los que odian y destruyen.
 

 


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La Habana. 2003
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