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¿LOBAS DE MAR O DE MERCADO?
 
LOBAS DE MAR

Santos Sanz Villanueva
El Mundo

Según explica Zoe Valdés en las páginas finales de Lobas de mar, las protagonistas de esta novela suya, Ann Bonny y Mary Read, tuvieron existencia real: fueron dos aventureras que ejercieron la piratería naval en aguas del Caribe a caballote los siglos XVII y XVIII.

Los primeros capítulos de esta inventiva recreación alternan las desventuradas biografías de la irlandesa Ann y de la británica Mary hasta que ambas coinciden por azar en un barco corsario, cada una bajo disfraz masculino por las exigencias de la época. El resto del argumento cuenta algunas acciones (abordaje de galeones españoles de Indias cargados de riquezas) en las que intervienen una y otra con arrojo y ferocidad. Termina con el apresamiento del bajel por las autoridades inglesas, tras lo cual se enlaza a los personajes con la actualidad mediante una breve coletilla última.

En nada perjudico a un futuro lector con esta mínima síntesis anecdótica porque el desenlace de la novela importa poco al lado de la curiosidad que despiertan esas personalidades por su misma condición atípica. Cuenta qué hicieron y por qué, cómo eran, de qué manera se enfrentaron a un mundo regido por valores masculinos que ellas copiaron para sobrevivir. Ahí, en ese material intrínsecamente novelesco, está el interés primario en la obra. De modo que, seleccionada la materia, un poco de destreza y de oficio prometen un resultado atractivo.

Y en efecto, la peripecia resulta fascinante. Ocurre en este tipo de obras que los sucesos prevalecen sobre el modo de referirlos. Y uno se deja llevar por lo que ocurre a pesar de cómo se dice. Anoto, por ejemplo, en las tres primeras páginas nada menos que 18 gerundios. Poco después se encuentra “la aya”, cuando tendría que utilizar el artículo masculino, “el aya”. Muy cerquita, en tres líneas se encadenan los términos maquinadora, aprovechadora y conocedora, con un efecto sonoro deplorable. En otro sitio se dice que Ann tuvo que “infligir” el reglamento porque se confunde este verbo con “infringir”. También se halla alguna frase algo retorcida: “Ann buscaba refugiar sus aspiraciones en un calidoscopio de posibilidades”. No seguiré por este camino de las observaciones idiomáticas porque las he hecho solo para subrayar dónde pone la autora su atención máxima, que es en la peripecia. Y ello en virtud de lograr una historia llena de elementos típicos de la literatura de consumo. Lobas de mar es un relato de aventuras: contiene crímenes, duelos, asaltos de barcos con abundante casquería humana, espías dobles, traidores, tráfico de esclavos, gente cobarde, valerosa, desalmada… También hay historias de amor: pasiones volcánicas, celos, matrimonio de conveniencia, cama redonda, misterio andrógino, sexo hetero y homosexual. No falta la escatología de excrementos, viscosidades y muertos que “expulsan pedos”. Ni una dosis de culturalismo: a Daniel Defoe, que está escribiendo su Robinson Crusoe, le sugiere Ann que llame Viernes al esclavo de su famosa novela.

Aventuras, intrigas, peligros, dineros, psicologías curiosas, entre la barbarie y el refinamiento, escenarios eróticos, costumbrismo histórico… Estos son los ingredientes básicos de Lobas de mar, algunos pensados con una leve carga simbólica. En suma, una novela de acción de corte tradicional y folletinesco. Si el conjunto no da para más, hay notables personajes secundarios no aprovechados y pasajes que por su fuerza imaginativa o por la plasticidad en las descripciones revelan que la autora podría volar bastante más alto si se lo propusiera.

Pero está claro que la cubana exiliada Zoe Valdés (1959), escritora de amplia trayectoria, finalista del Planeta con Te di la vida entera (1996) y ganadora con esta narración histórica del Premio Fernando Lara, no lo intenta, o no quiere, o no le interesa: se conforma con hacer una entretenida literatura comercial.
 

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