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SE
MULTIPLICA EL ROSTRO DE
LAS REVISTAS CULTURALES
Editores y diseñadores debatieron ampliamente en La
Habana sobre la imagen
gráfica y la singularización de
estas revistas.
Llamó la atención el inusual viaje de La Jiribilla del formato electrónico al papel. También resultó
novedoso en el contexto cubano de ahora mismo la
vinculación con un grupo de jóvenes diseñadores
(Camaleón), así como la primacía que se le concede a la
ilustración en el discurso conceptual de la publicación.
Amado del
Pino
|
La Habana
A
pesar de las conocidas dificultades objetivas, en la
Cuba de hoy puede hablarse de abundancia y diversidad en
el terreno de las revistas culturales. La mayoría de los
territorios tienen sus publicaciones y, de alcance
nacional, suman más de una docena.
Sobre la imagen
gráfica y también acerca de la singularización de estas
revistas se debatió ampliamente en la Fundación Ludwig
en la soleada tarde del miércoles 16 de julio. El debate
estuvo precedido por una exposición —organizada también
por la revista Revolución y Cultura, una de las
más antiguas de su tipo— en la que se muestran páginas
que dan testimonio de los diversos modos del abordaje
visual al universo del arte y la literatura.
Aunque la voz
cantante la llevaron los diseñadores, se tornaron
inevitables algunas referencias al contenido y los
editores aportaron ideas sobre temas como balance
temático, objetivo editorial y estrategias de
comunicación. Pepe Menéndez, prestigioso diseñador de la
revista Dédalo, de la Asociación Hermanos Saíz,
abrió el intercambio con preguntas provocadoras
relativas al posible parecido o diferencias de una
revista a la otra, y la apropiación de las infinitas
posibilidades de la informática a este tipo de labor. Se
comentó en detalles sobre el delicado camino que va de
la concepción del diseño a la impresión, especialmente
cuando se trata del formato tabloide y las opciones
técnicas resultan limitadas.
Una y otra vez se
volvió al ejemplo de La Jiribilla. Llama la
atención su inusual viaje del formato electrónico al
papel. También resulta novedoso en el contexto cubano
de ahora mismo la vinculación con un grupo de jóvenes
diseñadores (Camaleón), así como la primacía que se le
concede a la ilustración en el discurso conceptual de la
revista.
La figura del
ilustrador se convirtió en otro tópico polémico del
encuentro. Esta importante labor en la comunicación
gráfica merece mejor compensación material y, sobre
todo, reconocimiento artístico. Se insistió en que el
que ilustra no debe conformarse con completar la imagen
de un texto, sino aportar otra variante conceptual.
Interesantes anécdotas sobre el complicado diálogo entre
editores y diseñadores en revistas tan leídas como La
Gaceta de Cuba, de la UNEAC, dieron pie a
advertencias acerca del peligro que constituye procurar
una solución visual que dificulte la lectura. Un buen
equilibrio en ese sentido ha alcanzado La Letra del
Escriba, publicación del Instituto Cubano del Libro,
o en la experiencia digital de Arteamérica, del
Departamento de Artes Plásticas de Casa de las Américas.
El debate concluyó
proponiendo un mayor intercambio entre las revistas
culturales cubanas y de la necesidad de proyectarlas a
nivel internacional en una estrategia común. Es de
esperar que este diálogo tenga continuidad con otros
temas como la personalidad de las publicaciones y sus
formas de comunicarse con el lector. |