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A PLENA BOMBA
Hace apenas unos días la Casa de las
Américas vibró bajo la autenticidad de Los Pleneros de
la 21, una singular agrupación puertorriqueña que se ha
empeñado en hacer sonar la plena y la bomba en el sur
del Bronx neoyorkino.
Amalia
Hernández|
La Habana
Hace apenas unos días la Casa de las
Américas vibró bajo la autenticidad de Los Pleneros de
la 21, una singular agrupación puertorriqueña que se ha
empeñado en hacer sonar la plena y la bomba en el sur
del Bronx neoyorkino. En el año de su aniversario
veinte, el equipo fundado por Juan Gutiérrez y Marcial
Reyes expresó, a fuerza de tambor, su inmensa alegría
por compartir con sus hermanos cubanos este legado, tan
cercano al son y a la rumba nuestros, que han mantenido
y erguido como bandera de resistencia cultural.
Como en el ballet, donde los maestros conservan su sitio
de honor y sus sucesores los veneran con devoción, Los
Pleneros de la 21 velan con celo porque estas raíces no
mueran. “Nuestra música es compartir y celebrar”, ha
dicho Gutiérrez, “es parte de nuestro vivir diario, de
hecho, es como el hogar que has heredado de un pariente
que lo vivió antes que tú: soñamos, pensamos, nos
preguntamos cómo había sido antes de nosotros vivirlo,
su sentido histórico. Así que nos enorgullecemos y
queremos mantener su integridad y belleza. Entonces nos
percatamos de que hay un proceso evolutivo que es,
muchas veces, espontáneo y obvio, pero que otras veces
es obligatorio, necesitamos hacerlo. Debemos crear sobre
él y nos sentimos orgullosos de nuestras contribuciones.
Queremos mostrar cuán bello es nuestro nuevo hogar
porque sabemos que nuestros invitados se sentirán tan
orgullosos como nosotros. Entonces llegan los hijos;
ellos también harán sus aportaciones”.
Tanta consagración ha recibido varios de los más
importantes reconocimientos dentro de la música
folclórica mundial y el estado de Nueva York los
proclamó Entidad Benéfica de esa ciudad. Su labor se
extiende también a la promoción y el desarrollo en la
comunidad de las expresiones danzarias y musicales que
ellos cultivan. Actualmente realizan un proyecto
pedagógico en las escuelas públicas neoyorkinas.
En el repertorio presentado en La Habana pueden
distinguirse dos líneas fundamentales. Por una parte, la
plena y la bomba tradicionales aparecen con énfasis en
lo costumbrista, donde la frase popular supermelodiosa
se convierte en pretexto para el baile y la fiesta de
los sentidos. De otro lado, los ritmos acogen temas de
contenido social o ratificación de la nacionalidad
puertorriqueña como la plena dedicada a Pedro Albizu
Campos, pero el tono patriótico no impide que la música
se torne también bailable y gozosa. Y siempre la danza
voluptuosa: en la mujer, centrada en el movimiento de
los hombros y la vistosidad que consigue con el
despliegue de la falda; en el hombre, sobria, virtuosa,
cortejando a la dama que le responde coqueta.
A golpe de plena y bomba se confirmó una vez más los
profundos nexos culturales que enlazan a Cuba y a Puerto
Rico. Volvió a sobresalir la certeza de cuán poderoso es
el apego a la pertenencia cultural y cómo puede
reivindicarnos desde cualquier lugar del mundo.
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