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CON CHAN CHAN EN EL CORAZÓN
Juntos, Eliades y el Compay interpretarían una canción
que nadie en Washington jamás había escuchado: “Chan
Chan”. La magia fue instantánea, el público se enamoró
de “Chan Chan” y por ende del Compay. Verlo y escucharlo
tocar “Chan Chan” era transportarse al séptimo cielo de
la música; su ritmo pegajoso se metía por las venas y
grandes y chicos, gringos y latinos, se mecían por igual
al ritmo cadencioso y sensual de sus notas.
Mario Lamo
Jiménez
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Colombia
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Un monumento de la
música latinoamericana ha muerto: Compay Segundo. Su
legado musical llena el alma de los hermanos
latinoamericanos, pues a través de su música, sus letras
y sus melodías, logró llegar a lo más profundo de
nuestro ser. En 1989 hice un documental del Festival de
Culturas Populares del Instituto Smithsonian en
Washington D.C. y allí tuve la oportunidad de conocerlo
y de escuchar su música.
Un día de verano, a la sombra de una carpa nos sentamos
a dialogar bajo una temperatura de 30 grados. Compay
Segundo acaba de tocar “Chan Chan”, embrujando al
público, y no solo había tocado, sino bailado y
desfilado por media milla con un conjunto musical, pero
a pesar de ello parecía tan fresco como si acabara de
levantarse. Pensé que para un hombre de ochenta y pico
años esto era una proeza. Todo vestido de blanco, con un
tabaco en la boca, me contó acerca de cuándo se había
iniciado en la música. “Yo tengo 82 años y estoy
haciendo música desde que tenía 15 años”. Sin embargo,
al verlo en el escenario, a los 82 años, Compay Segundo
se movía como un muchacho de 20 y era que la longevidad
para él era un asunto de familia: “Mi abuela, Ma Regina
duró 115 años. Murió languideciendo, no fue muerte
violenta”. Acerca de sus composiciones afirmaba: “Las
inspiraciones son como el manantial que brota del agua,
a mí las composiciones me brotan. Mi último número es
Chan Chan”. Con su sonrisa afable y con su picardía
natural, bromeaba acerca de la vida y la muerte: “Unos
dicen que voy a vivir 15 años más, otros dicen que voy a
vivir otros 30 años”.
En el Festival de Culturas Populares, Compay Segundo
estaba tocando con el Cuarteto Patria, un conjunto
fundado en 1939, cuyas figuras principales se habían
jubilado hacía un par de años y que ahora era dirigido
nada más ni nada menos que por Eliades Ochoa. Eliades
veía en el Compay a un modelo y a un amigo y comentaba
bromeando: “El Compay tiene razón en todo lo que dice,
menos cuando me pide que me divorcie”.
Juntos, Eliades y el Compay interpretarían una canción
que nadie en Washington jamás había escuchado: “Chan
Chan”. La magia fue instantánea, el público se enamoró
de “Chan Chan” y por ende del Compay. Verlo y escucharlo
tocar “Chan Chan” era transportarse al séptimo cielo de
la música; su ritmo pegajoso se metía por las venas y
grandes y chicos, gringos y latinos, se mecían por igual
al ritmo cadencioso y sensual de sus notas.
Yo le dije: “Compay, su canción me parece bellísima,
pero hágame el favor y me la explica”. Y el Compay me
contó cómo había él conocido a aquel personaje,
denominado Chan Chan quien con su novia Juanita,
sacudían un jibe para cernir arena a la orilla del mar:
Juanita parecía tan sensual sacudiendo el jibe que Chan
Chan se sentía avergonzado de que los demás la vieran, y
de allí nació esa hermosa canción.
Aunque el Compay Segundo ya era una gloria de Cuba en el
89, gracias a nuestro subdesarrollo latinoamericano, tan
solo sería conocido en el resto de América Latina y a
nivel mundial años más tarde, por los oficios de un
gringo que grabara el disco de Buena Vista Social Club.
No sé cuántas personas en el mundo pudieron sentir a
Juanita y a Chan Chan en sus venas al ritmo de Compay
Segundo, pero puedo recordar con cariño y satisfacción
ese verano del 89 cuando todos los amantes del son en
Washington “descubrimos” al Compay Segundo para que
quedara como Chan Chan, grabado para siempre en nuestros
corazones.
*Mario Lamo Jiménez es un antropólogo
colombiano quien realizó varios documentales para el
Instituto Smithsonian, incluyendo “El Son Cubano en
Washington, D.C.” con la participación de Compay Segundo
y Eliades Ochoa. |