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BUSH, ORWELL Y EL DOBLE PENSAR
 
Carlos Fazio | México


En el marco del centenario de George Orwell (1903-1950), no está de más recordar que desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York, el presidente George W. Bush ha venido echando mano de la neohabla política en boga que recurre a la mentira y elimina las contradicciones, para timar a la población estadounidense y al mundo.

En su montaje propagandístico que tuvo como eje una supuesta amenaza a la "seguridad nacional" de Estados Unidos, Bush recurrió al estado de guerra permanente como fórmula ideal de lavado de cerebro masivo y control de la población. El discurso del miedo reforzó la ideología posmoderna anticipada por Orwell —la concepción de El Gran Hermano—, que predica que "la verdad está en la mente, no en la realidad", discurso que congela y a la vez revierte cualquier demanda de la ciudadanía en favor de una democratización.

En el posfacio a la novela de Orwell 1984 (Signet Books, New York, 1961), Erich Fromm, dice: "Orwell muestra el significado económico de la producción de armas, sin la cual el sistema económico no puede funcionar. Más aún, dibuja un cuadro impresionante sobre cómo tiene que desarrollarse una sociedad que se está preparando de manera constante para la guerra y, temerosa de ser atacada, busca los medios para la aniquilación completa de sus oponentes".

Y agrega: "El miedo y el odio hacia un posible agresor destruirán las actitudes básicas de una sociedad democrática, humanista". También analiza la descripción de Orwell sobre "la naturaleza de la verdad" en el contexto de un fenómeno que estaba ocurriendo en países industrializados de Occidente a un ritmo más lento que en la Unión Soviética y China. La cuestión básica que plantea Orwell, dice Fromm, "es si existe siquiera alguna cosa tal como la 'verdad'. La 'Realidad', según sostiene el partido dominante (en 1984), 'no es externa. La Realidad existe en la mente humana y en ninguna otra parte... lo que sea que el partido afirme que es verdad, es la verdad'. Si así fuere, entonces al controlar las mentes de los seres humanos, el partido controla la verdad".

En ese texto Fromm avizora la ideología posmoderna como algo anticipado por Orwell: "Los líderes están conscientes de que ellos mismos solo tienen una meta, y esa meta es el poder. Para ellos, el poder no es un medio; es un fin. Poder significa la capacidad para infligir dolor y sufrimiento ilimitados a otro ser humano. Para ellos, el poder crea la realidad, crea la verdad".

Pone el ejemplo de un trabajador que pasa por varias corporaciones y en cada una "vende" el producto de la empresa como el mejor, para demostrar cómo la verdad o el cotejo con la realidad es irrelevante. Y añade: "Aceptaré la nueva verdad, que el producto de la empresa es el mejor, y hablando subjetivamente, esta nueva realidad será tan verdadera como la anterior. Uno de los desarrollos más característicos y destructivos de nuestra sociedad es que los seres humanos, convirtiéndose más y más en instrumentos, transforman la realidad en algo relativo a sus propios intereses y funciones. La verdad es comprobada por el consenso de millones; al eslogan '¿cómo podrán estar equivocados millones?', se agrega '¿y cómo puede tener razón una minoría?'. Orwell exhibe con claridad cómo ha sido abolido un sistema en el cual el concepto de la verdad es un juicio objetivo concerniente a la realidad y por lo tanto, quien esté en minoría de uno deberá ser convencido de que está loco."

Para Fromm, el "doble pensar" orwelliano es la acción "de poder sostener dos creencias contradictorias en la mente de manera simultánea... y aceptar ambas. Ese proceso tiene que ser consciente o no se realizaría con suficiente precisión. Pero también tiene que ser inconsciente, porque si no traería consigo un sentimiento de falsedad y por ende de culpa". Pone un ejemplo muy ilustrativo para su época: cuando se habla del "mundo libre", dice, se incluye indistintamente a Estados Unidos y Gran Bretaña junto con Franco, Salazar y las dictaduras sudamericanas. Y a propósito del "doble pensar", agrega: "En una exitosa manipulación de la mente, la persona ya no dice más lo contrario de lo que piensa, sino que piensa lo contrario de lo que es verdad. Así, por ejemplo, si ha entregado su independencia y su integridad completamente, se vivencia a sí mismo como un objeto que pertenece sea al Estado, al partido o la corporación, entonces dos más dos son cinco, o 'Esclavitud es Libertad', y se siente libre porque ya no hay más ninguna conciencia de la discrepancia entre verdad y falsedad".

Cualquier semejanza con la actual sociedad estadounidense es pura coincidencia. Bush fabricó una "verdad" y engañó y controló a la ciudadanía de Estados Unidos para ir a la guerra imperialista contra Irak. Recurrió al discurso orwelliano del poder —con sus falacias, mitos y mentiras— y se valió de la complicidad de una industria de propaganda integrada por megacorporaciones privadas de comunicación, que actúan como "policía del pensamiento", para fabricar un consenso favorable a la intervención.

Ahora, a raíz de la comparecencia del científico Christian Westermann ante los comités de Inteligencia de la Cámara de Representantes y el Senado, sabemos que Bush y los halcones que le rodean "presionaron" a sus expertos en armas químicas y biológicas para que modificaran los análisis sobre Irak y "moldearan las evidencias", según los puntos de vista oficiales.

Westermann, respetado analista del Buró de Inteligencia e Investigaciones del Departamento de Estado, admitió que fue presionado por John Boltona, subsecretario de Estado para el control de armas y la seguridad internacional, con el fin de que adulterara sus informes sobre Cuba e Irak (James Risen y Douglas Jehl, The New York Times, 26/6/03).

Como afirma Paul Krugman, Bush "timó" al país y utilizó "argumentos deshonestos" y "premisas falsas" con el objetivo de fabricar un consenso favorable a la guerra en Irak (The New York Times, 25/6/03).
 

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