La Jiribilla | APREEEENDE !!!             
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER
EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

CUBA EN EL MUNDO

BUSCADOR

LIBRO DIGITAL

•  GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
CALLE DEL OBISPO
MEMORIAS
PÍO TAI
EL CUENTO
POR EMAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
TESTIMONIOS
FILMINUTOS
LA FUENTE VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
Otros enlaces
Mapa del Sitio


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

VERSIÓN PARA IMPRIMIR
ANTERIORES 

UN HUMILDE HACEDOR INDISPENSABLE

Bladimir Zamora Céspedes | La Habana

Fotos:
Archivo

 

Uno dice José Antonio Méndez. No rápido, como matando el fuego natural de las palabras, sino empozando la voz en cada sílaba y se puede imaginar que se trata de un bateador inaguantable, de esos que bota la pelota del parque cada vez que le da la gana. Pero claro, a estas alturas ni en su isla, ni en los parajes más lejanos, se ignora que ese nombre carismático es el santo y seña de un compositor ya clásico, entre cuantos cultivaron la canción en lengua hispana, a lo largo de la pasada centuria.

Por supuesto que se trata de El King, al decir de sus amigos. La criatura humilde que estiró su cuerpo entre su barrio de Los Pinos y el Instituto de la Víbora. Quien desde ese momento utilizó, sin ánimos de ñoñería, los diminutivos para calificar sus incursiones cada vez más acentuadas en el entorno de la música popular cubana. “Un día me dio por cantar en la escuela una cancioncita”... “Frank Emilio y yo hicimos un grupito llamado Loquibambia”... “Conocía a Ñico Rojas y me llevó al Callejón de Hammel, para que yo mostrara mis cositas a otros locos que estaban en mi misma onda”.

Un hombre de sencillez infalible que es parte del núcleo fundamental, alrededor del cual florece y se expande el movimiento filin. Que se va a México en 1949 en busca de más facilidades para ganarse el pan, como otros grandes de nuestra música. Habiendo estudiado un poco de guitarra y composición y ya con varias obras suyas a la espalda, llega a la capital azteca a comerse el mundo. O sencillamente a crear un círculo de gracia donde le permitan decir sus canciones. Y logra establecerse cantando en clubes, haciendo radio y televisión, grabando discos... Regresa a Cuba en 1959, cuando ya sus canciones eran frecuentemente reclamadas por un público cada vez más numeroso y por una rica variedad de intérpretes, que se interesan en dimensionar lo que quizás todavía nadie había denominado genéricamente: La música de José Antonio Méndez.

Es probable encontrar algunas veces valiosos catálogos de compositores que, incluso, en vida fueron muy poco demandados por los intérpretes; pero, sin duda, la grandeza de un creador de canciones es palpable la mayoría de las veces, por lo que sus piezas significan en ellas mismas y por haberse convertido también en metáforas de comunicación, entre los más relevantes cantantes y su público. Los archivos de la música cubana dan prueba de la gran altura, de aquellas que su autor llamaba con cariño “cancioncitas”. Es difícil encontrar un compositor inmortalizado por las voces de Pacho Alonso, Orlando Vallejo, Celeste Mendoza, Roberto Faz, Roberto Espí, Elena Burke, Fernando Álvarez y ese haz de temperamento llamado Moraima Secada.

Un humilde hacedor de indispensables páginas del cancionero nuestro, que han sonado desde los timbres magníficos de las orquestas de Ernesto Duarte, Bebo Valdés y Rafael Somavilla; desde la Aragón y la Sensación; con el ímpetu del Conjunto Casino o la Gloria Matancera y Los Bocucos y no pocas veces con el Combo de Frank Emilio. Alguien a quien han dado calor los pianos de Enriqueta Almanza y Meme Solís. Don José Antonio Méndez, ese mismo cubano de voz intrincada y cariñosa, a quien ahora le cantan sus canciones Omara Portuondo, Pablo Milanés, Roberto Sánchez...

Todo cuanto se lleva escrito en apretado recuerdo, basta y sobra para corroborar la importancia de la música de José Antonio Méndez y sin embargo, hay más. El King es uno de los mejores intérpretes de José Antonio Méndez. El mismo, con el escudo infaltable de la guitarra o incluso con orquesta, echó a volar desde la dulce gravedad de su voz, oscuras aves profundas, que desde entonces repiten su nombre, por sobre los ramajes que los aires le inventan a esta Isla multiplicada por el mundo.

......................................................................................................

PÁGINA PRINCIPAL
DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR



© La Jiribilla. La Habana. 2003
Sitio auspiciado por el Periódico Juventud Rebelde
 IE-800X600