LA JIRIBILLA Nro. 110

EL DECIMOTERCER TITÁN
 
Manuel Carrero | La Habana


En cierta ocasión un curioso preguntó a Sócrates quién era el hombre más feliz de Atenas. El filósofo lo condujo al cementerio, y señaló una tumba. ¿Cómo es posible si está muerto?–cuestionó el curioso. Sócrates, parsimonioso explicó: solo cuando una vida finaliza es posible valorarla en toda su dimensión. Ajustándonos a ese razonamiento, quien se detenga ante el Cacahual, monumento que contiene los restos mortales de Antonio de la Caridad Maceo y Grajales puede estar seguro de hallarse frente a los restos del más genial estratega militar de las guerras de independencia cubanas. 
  

Nació el 14 de junio de 1845, hijo del matrimonio entre mestizos constituido por la criolla Mariana Grajales y el venezolano Marcos Maceo. Fue el primer hijo de Marcos y el quinto de Mariana. Su infancia trascurrió en la finca La Granada, propiedad de la familia; en ella aprendió de su padre, junto a sus hermanos, el manejo de todo tipo de armas. Apenas salido de la adolescencia se integró a la Logia Oriente, que como todas las de la época era centro de actividades conspirativas. La logia le ofreció excelente oportunidad de superación ya que como mestizo solo había podido cursar la primera enseñanza. Alternaba este aprendizaje con su trabajo en el negocio familiar.  
 

Se unió a la guerra a pocos días del Grito de Yara luego de haber jurado ante Mariana, como toda su familia, lograr la libertad de Cuba o morir. Durante los diez años de guerra los Maceo, a medida que alcanzaban la edad suficiente, se incorporaron al combate, por lo que puede afirmarse que hicieron de la guerra un asunto de familia. Discípulo aventajado de Máximo Gómez, sus excepcionales cualidades opacaron las de todos sus hermanos que a uno reconocieron su primacía(1). Sus proezas en el campo de batalla le valieron leyenda de invencible, ganándose el calificativo de Brazo de la Revolución.

Maceo se destacó no solo por su bravura combativa, sino además por su habilidad política. Desarrolló oportunas estrategias para debilitar movimientos de desunión como Lagunas de Varona y Santa Rita. También enfrentó el racismo predominante en la época, que debilitaba y dividía las fuerzas insurrectas, así como el localismo (regionalismo) de algunos jefes y soldados. Debió sobreponerse a reduccionismos, al extremo que en determinadas ocasiones rehusó recibir ciertos honores en coyunturas que no consideró oportunas(2)
 

Pese a estas prevenciones en el año final de la guerra del 68 ostentaba el grado de mayor general siendo el más importante de los jefes militares cubanos que se opusieron al armisticio conocido como Pacto del Zanjón. Protagonizó ante el general español Arsenio Martínez Campos el hecho conocido como Protesta de Baraguá, justamente asumido como la redención del honor cubano mancillado por los insurrectos que decidieron pactar.

Luego, habiendo comprobado la imposibilidad de mantener la resistencia, y abocado a una muerte estéril, decidió marchar al exilio. Viaj
ó a Costa Rica y allí, junto a otros mambises, se estableció en tierras de Guanacaste, donde fundó la hacienda La Mansión. Conspirador infatigable, solicitó permiso para visitar la Isla y durante su estancia en La Habana lo más granado de la burguesía capitalina le ofreció una recepción triunfal plagada de fiestas y homenajes públicos y privados, y la dirigencia española debió reconocer apesadumbrada que pese a que la elite habanera se distinguía por su racismo, con respecto a Maceo no parecían percibir su color. A tal punto llegó la repercusión de su presencia que fue conminado a abandonar la Isla.

Desde el exilio apoyó el alzamiento que inicia la Guerra Chiquita, la que se frustró por carencia de recursos y por la desunión entre los cubanos, divididos por prejuicios raciales. Prejuicios hábilmente estimulados por la propaganda española que aprovechó el hecho de que la mayoría de los organizadores de la nueva contienda eran negros y mestizos para atribuirles la intención de desatar una guerra de razas (3)

Al iniciarse la guerra del 95 se unió a ella, siendo clave su incorporación para involucrar en la lucha a las masas negras, que como en la primera guerra constituían la fuerza principal de combate. Durante esta guerra realizó, junto a Gómez, un viejo anhelo mambí: la invasión a Occidente. Partiendo de Los Mangos de Baraguá, recorrió 424 leguas en aproximadamente 90 días. Con 1 500 hombres, en su mayoría semidesnudos y semidescalzos, con pocas armas de fuego y municiones, atravesó la Isla en una espiral de fuego de cañaverales arrebatando a los españoles, en cada batalla, armas y parque para poder librar la siguiente. En esas condiciones se enfrentó a mas de 200 000 soldados españoles. Culminó el recorrido en Mantua, última población de Cuba hacia el oeste, donde firmó el Acta de la Invasión. Este hecho puede considerarse la hazaña militar más relevante del siglo XIX.  

Poco después, el 7 de diciembre de 1896, muere en combate en la finca de San Pedro en Bauta. Ostentaba el grado de Lugarteniente General del Ejército Libertador, había recibido 26 heridas de bala y participado en más de 800 acciones combativas. Las generaciones posteriores de cubanos han rendido tributo a la bravura de este héroe que perdura como el paladín más relevante de las luchas independentistas, igualado a veces, nunca superado. Cuando pienso en él, la primera imagen que viene a mi mente es la del momento en que herido de gravedad, acompañado de un número reducido de hombres y cercado por numerosos españoles, se incorporó de la camilla en que casi agonizaba, se montó en su caballo y atravesó a galope las filas españolas burlando el cerco(4). Hazaña que basta y sobra para justificar su sobrenombre más famoso…

Notas:

1-En la vida íntima su excepcionalidad halló contraparte ideal en su esposa María Magdalena Cabrales. Refiriéndose a ella, Martí afirmó en una semblanza sobre Antonio Maceo, aparecida en el periódico Patria: “¡Fáciles son los héroes con tales mujeres!”.  Criterio que entre otros hechos justificó la actuación de María luego del combate de Mangos de Mejías, Mayarí, en el que al caer herido Maceo y estar asediado por tropas españolas corrió en su auxilio exclamando: "A salvar al General o a morir con él". Frase que está grabada en su tumba en el cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba.

2-Muchas veces se considera que para reconocer la capacidad intelectual y política de Maceo basta repetir la frase martiana: “Y hay que poner asunto en lo que dice, porque Maceo tiene en la mente tanta fuerza como en el brazo", que aparece en el artículo "Antonio Maceo" publicado en el periódico Patria el 6 de octubre de 1893. Esta frase solo da idea del concepto que dicha capacidad merecía a Martí, pero en modo alguno indica que quien la repita conozca dicha capacidad.

3-Aprovecho para llamar la atención sobre lo interesante que resulta comparar la situación racial en el interior del Ejército Libertador (durante la guerra del 68 y la mayoría de la del 95) con la imperante en las áreas alejadas de su influencia directa. Baste decir que las guerras de independencia fueron elemento angular en el surgimiento y afianzamiento en negros y mulatos de una autoestima basada en la valía personal.

4-Esto sucedió luego del ya mencionado combate de Mangos de Mejías que ocurrió el 6 de agosto de 1877 y donde Maceo recibió ocho heridas de bala, sobreviviendo casi milagrosamente. Arsenio Martínez Campos en carta al Presidente del Consejo de Ministros de España escribió: “Creí habérmelas con un mulato estúpido, con un rudo arriero; pero me lo encuentro transformado no solo en un verdadero General capaz de dirigir sus movimientos con tino y precisión, sino en un atleta que, en momentos de hallarse moribundo en una camilla, es asaltado por mis tropas, y abandonando su lecho se apodera de un caballo, poniéndose fuera del alcance de los que lo perseguían...”


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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