| LA JIRIBILLA Nro. 110 |
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EL DECIMOTERCER TITÁN
Nació el
14 de junio de 1845, hijo del matrimonio entre mestizos
constituido por la criolla Mariana Grajales y el
venezolano Marcos Maceo. Fue el primer hijo de Marcos y
el quinto de Mariana. Su infancia trascurrió en la finca
La Granada, propiedad de la familia; en ella
aprendió de su padre, junto a sus hermanos, el manejo de
todo tipo de armas. Apenas salido de la adolescencia se
integró a la Logia Oriente, que como todas las de la
época era centro de actividades conspirativas. La logia
le ofreció excelente oportunidad de superación ya que
como mestizo solo había podido cursar la primera
enseñanza. Alternaba este aprendizaje con su trabajo en
el negocio familiar.
Se unió
a la guerra a pocos días del Grito de Yara luego de
haber jurado ante Mariana, como toda su familia, lograr
la libertad de Cuba o morir. Durante los diez años de
guerra los Maceo, a medida que alcanzaban la edad
suficiente, se incorporaron al combate, por lo que puede
afirmarse que hicieron de la guerra un asunto de
familia. Discípulo aventajado de Máximo Gómez, sus
excepcionales cualidades opacaron las de todos sus
hermanos que a uno reconocieron su primacía(1).
Sus proezas en el campo de batalla le valieron leyenda
de invencible, ganándose el calificativo de Brazo de
la Revolución.
Pese a
estas prevenciones en el año final de la guerra del 68
ostentaba el grado de mayor general siendo el más
importante de los jefes militares cubanos que se
opusieron al armisticio conocido como Pacto del Zanjón.
Protagonizó ante el general español Arsenio Martínez
Campos el hecho conocido como Protesta de Baraguá,
justamente asumido como la redención del honor cubano
mancillado por los insurrectos que decidieron pactar.
Desde el exilio apoyó el alzamiento que inicia la Guerra Chiquita, la que se frustró por carencia de recursos y por la desunión entre los cubanos, divididos por prejuicios raciales. Prejuicios hábilmente estimulados por la propaganda española que aprovechó el hecho de que la mayoría de los organizadores de la nueva contienda eran negros y mestizos para atribuirles la intención de desatar una guerra de razas (3) Al iniciarse la guerra del 95 se unió a ella, siendo clave su incorporación para involucrar en la lucha a las masas negras, que como en la primera guerra constituían la fuerza principal de combate. Durante esta guerra realizó, junto a Gómez, un viejo anhelo mambí: la invasión a Occidente. Partiendo de Los Mangos de Baraguá, recorrió 424 leguas en aproximadamente 90 días. Con 1 500 hombres, en su mayoría semidesnudos y semidescalzos, con pocas armas de fuego y municiones, atravesó la Isla en una espiral de fuego de cañaverales arrebatando a los españoles, en cada batalla, armas y parque para poder librar la siguiente. En esas condiciones se enfrentó a mas de 200 000 soldados españoles. Culminó el recorrido en Mantua, última población de Cuba hacia el oeste, donde firmó el Acta de la Invasión. Este hecho puede considerarse la hazaña militar más relevante del siglo XIX. Poco después, el 7 de diciembre de 1896, muere en combate en la finca de San Pedro en Bauta. Ostentaba el grado de Lugarteniente General del Ejército Libertador, había recibido 26 heridas de bala y participado en más de 800 acciones combativas. Las generaciones posteriores de cubanos han rendido tributo a la bravura de este héroe que perdura como el paladín más relevante de las luchas independentistas, igualado a veces, nunca superado. Cuando pienso en él, la primera imagen que viene a mi mente es la del momento en que herido de gravedad, acompañado de un número reducido de hombres y cercado por numerosos españoles, se incorporó de la camilla en que casi agonizaba, se montó en su caballo y atravesó a galope las filas españolas burlando el cerco(4). Hazaña que basta y sobra para justificar su sobrenombre más famoso…
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