| LA JIRIBILLA Nro. 110 |
|
PARA COMENZAR, PARA CONTINUAR Los textos han sido organizados siguiendo un orden cronológico. De modo que es posible explorar, de carta en carta, de apunte en apunte, la búsqueda de la vocación, el desarrollo de las ideas, las certidumbres mayores de su vida. En ese sentido, este libro también es un testimonio. Y es un testimonio, a su vez, de la ética guevariana aplicada a la creación literaria. "Creo que escribir es una forma de encarar problemas concretos y una posición que por sensibilidad se adopta frente a la vida", responde en una carta de los años sesenta, uniendo dos elementos importantes de su propia experiencia: la acción práctica y la sensibilidad humana y artística. En otra carta de la misma época responde a un escritor: "la única pasión que me guía en el campo que Ud. transita es trasmitir la verdad (no me confunda con un defensor a ultranza del realismo socialista). Desde ese punto de vista miro todo". La frase entre paréntesis —como aquellas consideraciones en su carta-ensayo El hombre y el socialismo en Cuba— nos revelan, otra vez, al intelectual formado e informado en estos temas que ocuparon su atención y su tiempo. Como en todo testimonio verdadero, en los textos de este libro alientan los rasgos de la personalidad de su autor. De ahí que lo encontremos en sus páginas como lector y como fotógrafo, como amigo y como estudioso de la historia, de las gentes, de la vida. La ironía y el humor, la crítica y la firmeza, la sinceridad y el autoexamen exigente conviven en la palabra de Che testimoniante. Y aquí se muestran cómo fueron, cómo son, haciendo justicia a esta frase suya llena de enseñanzas para el presente y para el futuro: "Considero que la verdad histórica debe respetarse; fabricarla a capricho no conduce a ningún resultado bueno". Che fue un conspirador a favor de esa verdad, contra las injusticias avasalladoras y los dogmas paralizantes, desde la historia misma y desde la palabra. Por ello es un honor para el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau —sitio para la memoria y para el debate, para la imaginación y para la belleza— haber trabajado con el Centro de Estudios Che Guevara en el primer acercamiento a este tema a partir del cuaderno Memoria que preparamos juntos en 1997. Aquel proyecto soñador y terrenal al mismo tiempo creció después, hasta convertirse en este libro, hecho con rigor y cariño, al ritmo de estos tiempos, para mostrar también a estos tiempos inciertos que vivimos la imagen y el filo de una personalidad múltiple y creadora, que hizo de la ética un arma de combate y utilizó el arma de combate para tratar de crear un mundo en que esa ética sea posible, cotidiana, nuestra. Este es un libro para todos los jóvenes que, como el joven Ernesto, se preguntan hoy en cualquier rincón del planeta acerca de ese mundo que tiende a ser cada día más incomprensible, más lejano y más injusto. Para apostar a favor de la inteligencia, la solidaridad y la justicia, las páginas que siguen quieren traer al Che, culto e incisivo, irónico y apasionado, terrenal y testimoniante —es decir, vivo— hasta nosotros. Los dejo, entonces, con el que fue, con el que es, con el que —entre todos, si lo hacemos posible— será. |
|
|