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HISTORIA DEL DESCONTENTO
LOS DISIDENTES
Lisandro
Otero|
México
En nuestra
época se han puesto de moda los disidentes. Se les llama
así a aquellos que se atreven a discrepar de las teorías
oficiales, a entrar en pugna con las concepciones
generalmente aceptadas. En Estados Unidos hubo notables
disidentes como el científico Benjamin Spock, pediatra
que ganó reputación mundial por su oposición a la guerra
en Vietnam; o filólogos como Noam Chomsky, quien es un
perpetuo cuestionador de las estructuras sociales de
Norteamérica. En la Unión Soviética surgieron disidentes
como el físico nuclear Andrei Zakharov quien reclamó
reformas en el estancado modelo de socialismo ruso.
En los mecanismos de
enfrentamiento de la Guerra Fría se utilizó a los
discrepantes azuzados desde el exterior como
instrumentos de desestabilización interna. No son esos
verdaderos disidentes. No pueden serlo quienes van
contra las conquistas del ser humano, contra el progreso
social y se oponen a las avanzadas políticas, actúan en
oposición a las vanguardias revolucionarias y proceden
como aliados estratégicos de las fuerzas más
retrógradas.
Disidente fue
Sócrates acusado de corrupción de la juventud y
negligencia hacia los dioses, introductor de
heterodoxias religiosas que en el fondo no consistían
más que en el cuestionamiento de la insensatez de sus
contemporáneos. Jesús de Nazaret fue otro disidente que
promovió un movimiento de rebeldía, de protesta contra
las costumbres establecidas. San Pablo organizó un
movimiento proletario para los desposeídos, una religión
de comunistas, de disidentes que compartían
fraternalmente sus escasos bienes.
Disidente fue Galileo
que mantuvo que la Tierra giraba alrededor del Sol pese
a las amenazas de la Inquisición. El primero en combinar
el análisis matemático con la observación de campo, el
fundador de la mecánica moderna y de la física
experimental recibió como retribución por todo ello
pasar los últimos años de su vida en arresto
domiciliario.
Disidentes fueron
pensadores como Moro, Bacon, Campanella, Hobbes,
Harrington, Erasmo que comenzaron a concebir que el
paraíso podía obtenerse en esta tierra, sin esperar la
muerte. Disidente fue Voltaire que utilizó el ingenio y
la sátira para fustigar el autoritarismo, la
intolerancia, el fanatismo y la superstición de su
tiempo. Disidente fue Mahatma Gandhi, profeta de la no
violencia en un mundo de nacionalismos incendiados que
predicaban una combativa agresividad para alcanzar la
libertad.
Disidentes son los
judíos, víctimas de los pogromos y de la Solución Final
que se convirtió en el Holocausto. Disidentes son los
homosexuales que han escogida una forma de
comportamiento sexual que recibe rechazo y apartamiento.
Disidentes son las víctimas del Sida a quienes se les
rehúsa tratamiento humano en los hospitales y se les
escatima la solidaridad de sus congéneres. Disidentes
son los parias de la India que no pueden beber agua
donde la toman los brahmanes. Disidentes son los
emigrantes mexicanos a quienes se les niega auxilio
social en Estados Unidos. Disidentes fueron en Cuba los
revolucionarios que atacaron el Moncada, en México
quienes se opusieron a la dictadura de Porfirio Díaz y
apoyaron a Madero. Disidente fue el Che Guevara.
Disidente fue George Washington.
Los disidentes se
sitúan en una posición de vulnerabilidad extrema al
convertirse en un objetivo a destruir por el núcleo
humano desafiado. Solamente trascenderá la rebeldía de
aquellos que tratan de buscar una reestructuración de
una sociedad mal construida, no aquellos que tratan de
regresarla al pasado.
El primer hombre que
se negó a obedecer, a seguir conformistamente a quienes
guiaban desde el poder, estaba alzando el estandarte de
todos aquellos que quieren vivir emancipados. El
verdadero disidente actúa con mecanismos de progresión,
no de retroceso. Ese es el semillero de las
revoluciones, del progreso humano, de la evolución de la
historia. La historia de la disidencia humana es la
historia del descontento, pero es también la historia de
la autonomía del espíritu. |