| LA JIRIBILLA Nro. 107 |
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LA IZQUIERDA VUELVE AL PODER En 1980 había en América Latina 120 millones de seres humanos en la pobreza, en el 2001 esa cifra había subido a 214 millones, o sea el 43% de la población de este continente estaba sumida en la penuria más espantosa. De esos, se considera que 93 millones de ciudadanos se hayan sumidos en la indigencia absoluta. En Argentina el rufián Menem vendió el patrimonio del país a empresas extranjeras y se embolsilló una buena parte de esa hacienda en comisiones, pero el pueblo supo castigarlo negándole el regreso a la presidencia. Ahora Néstor Kirchner se ve ante el imperativo de sacar a flote los restos del naufragio. Argentina se encuentra arruinada con una deuda pública de 144 mil millones de dólares y el 60% de los argentinos sumidos en la penuria y la estrechez. Con una derruida clase media y un proletariado malcomido el nuevo gobierno debe dedicarse a una descomunal tarea de reconstrucción nacional. Entre otras metas le corresponde devolver a los argentinos su autoestima y comunicarles una certidumbre en su capacidad de recuperación. Una de las primeras tareas de Kirchner será saldar las cuentas con la historia, reparar los agravios sufridos por familias que han sufrido asesinatos, prisión, desaparecidos y el despotismo de los militares. Esa mancha jamás se ha borrado completamente de la conciencia nacional. Por ello Kirchner va a mandar a retiro a cincuenta generales y almirantes. Todos aquellos que de una u otra manera estuvieron contaminados por el período dictatorial desaparecerán de los estratos castrenses. La mitad de los oficiales de la fuerza aérea y la marina serán removidos. Nunca antes se había intentado una depuración tan integral. Para evitar la tentación de un nuevo golpe de estado el nuevo presidente designó jefe del ejército a Roberto Bendini, quien lleva sólo cinco meses en el rango de general. También Kirchner acometerá una renovación del Poder Judicial y se harán juicios de residencia, cuando las circunstancias así lo indiquen, a los miembros del Tribunal Supremo que fueron criaturas de la época de Menem. Lo más significativo de este giro ante la situación argentina es que se está conformando una nueva izquierda latinoamericana que sustituye a los viejos espadones envilecidos como Pinochet o a las marionetas del imperio como Batlle de Uruguay. Con Fidel Castro en Cuba, Lula en Brasil, Chávez en Venezuela, Kirchner en Argentina y Lucio Gutiérrez en Ecuador se ha integrado un poderoso conjunto de naciones que creen en las reformas estructurales, en la independencia política y en el beneficio social para las masas. Ya no se trata de gobiernos que confían en el provecho de la clase empresarial, como el de Fox en México, o en la intervención militar yanqui como el de Álvaro Uribe en Colombia.
Nunca los Estados
Unidos han tenido un gobierno más inadecuado para
arrostrar la nueva situación. Si bien Clinton jamás
viajó a América Latina, cultivó un rostro benevolente y
mantuvo un discurso pasivo en relación al sur. Pero la
administración Bush se ha nutrido de bucaneros agresivos
como Otto Reich, Negroponte y Roger Noriega para forzar
a Latinoamérica a seguir el camino que a ellos le
conviene. El divorcio entre esta nueva izquierda y el
grupo neofascista de agentes de los consorcios
petroleros que domina la Casa Blanca está encaminado al
enfrentamiento y el desastre. |
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