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LAS NOCHES DE JOEL JOVERT
Iris Cepero| La
Habana
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Noche. En la tierra dormida
Y en el alma combatida
Y en el ser, y en el dolor.
Noche, sombra, y en la frente
Claridad de lava hirviente
Que me quema el corazón
José Martí |
Joel
Jovert (Camagüey, 1953) ha pintado la noche. La ha
pintado en toda su grandeza, pero también y
especialmente en toda su soledad. Grandes negruras
llenan las paredes en su exposición que bajo el
título La Noche, se expone actualmente en la galería
La Acacia, en esta ciudad. A la entrada, una
sentencia, como lápida, salida de la pluma de
Martí.: dos patrias tengo yo. Cuba y la noche.
Sus
noches, las de Joel Jovert, están llenas, llenas de
los miedos y las desesperanzas. En unas, bestias
indefensas que irradian tanta soledad como la de uno
mismo, tanto miedo como el propio. De hecho, varias
de sus pinturas, bajo el título de Soledad, reiteran
una sensación que de obvia, se ha vuelto
recurrente. Hasta ahora no han servido,
desgraciadamente, para exorcizarla.
Hace
muchos años ya el artista hablaba de su relación
con las tinieblas y de sus miedos infantiles, a la
noche y al diablo.
“La
noche fue la única y propicia que teñía todo con su
aliento, por ella anduvo el hombre, unciéndose de
bruma, erizándole el pelo a las criaturas insomnes
que le denunciaban al paso, siempre en lo oscuro,
siempre… La noche, siempre la noche, acuchillada por
los visillos, que se abrían cuando pasaba aquel,
siempre con flores, siempre, a saltar como perro de
feria por el aro candente de la desnudez de ella.”
Estas noches pintadas no son realmente las del amor,
las supuestas, imaginadas y a veces vividas de
ternuras y entregas. Estas hablan de tristezas, de
decisiones y de locuras envueltas en brumas. Estamos
ante la noche como drama.
En
medio de la oscuridad un bote se lanza a la espesura
y la incertidumbre. Otras veces el gesto tierno no
sabe cómo actuar ante lo desconocido o lo
irremediable. Algunas se vuelven confusión en el
infinito espacio de una noche. Desde la negrura
total, las siluetas lloran en chorreras y no sabes
qué hacer con tanta tristeza. Y en todas, en cada
noche repetida, la bandera como símbolo de una
patria que es suya.
Lo
que algunos han definido como una moral del color es
la característica de esta muestra. Negrura total con
el blanco como responsable de las siluetas. Un
recuerdo de sus primeros dibujos, cuando blancas
cartulinas aceptaban la única agresión del negro
sobre ellas.
El
espanto negro de sus pinturas no trae el miedo, a
ellos se vuelve, insistentemente, como si hubiera
algo de imán. O quizás sea esa atracción natural
hacia el espanto cotidiano y amigo que ata tanto o
más que el goce.
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