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COLINA ENTRE CICLONES A LA RIVIERA
 
El más prestigioso festival cinematográfico del mundo acaba de seleccionar el filme Entre ciclones para una de sus principales muestras: la Semana de la Crítica. Mientras tanto, el público cubano sigue llenando los cines sin aburrirse de esta comedia y los críticos, por supuesto, polemizan sobre sus valores.


Joel del Rio | La Habana
Fotos:
Archivo

 

Para ciertos especialistas de cine en Cuba ha sido una verdadera sorpresa que el hiperselectivo festival de Cannes elija una tragicomedia de costumbres, de fuerte sesgo popular, como Entre ciclones, para la Semana de la Crítica, un espacio destinado a descubrir nuevos cineastas, lo cual le confiere el derecho de aspirar a varios premios importantes, entre otros, la auspiciadora Cámara de Oro.

Interrogado por la revista Cadrage sobre la causa de tal elección, declaró recientemente Enrique Colina: “Tal vez (la selección obedezca) al carácter popular y a la autenticidad de los personajes. Por otra parte, también puede haber influido el humor negro de la historia, en correspondencia con un costado sombrío de Cuba, que pudiera seducir al público europeo, el cual desea ver una representación más matizada de la realidad social de la Isla. (...) Lo que me interesa sobre todo de Cannes, con todo el respeto debido al Festival, es la oportunidad que representa para la posible distribución internacional de mi película y la perspectiva futura de financiamiento para mis proyectos, actualmente en etapa de guión”.

A los pocos días de aparecida la anterior entrevista, salió en la página web del Sindicato de la Crítica Cinematográfica Francesa, un largo y encomiástico comentario del prestigioso crítico francés Gregory Valens, uno de los organizadores de la Semana de la Crítica en el tradicional festival de la Riviera francesa. Luego de referirse a la tradición crítica de la comedia cubana mediante ejemplos como La muerte de un burócrata y otros filmes de Tomás Gutiérrez Alea y de Juan Carlos Tabío, afirmaba Valens: “En esta doble vena —gusto por la comedia que coquetea con el absurdo e inclinación a la sátira social— se inscribe este primer largometraje de Enrique Colina. El autor nos propone una instantánea de la vida cotidiana habanera (...) la efervescencia y el desorden que el filme muestra no significa caos en la puesta en escena, que sabe sacar partido de cada locación, conferir un tono diferente a cada fragmento de la trama, caracterizar a fondo hasta a los personajes más secundarios. (...) Se trata de mucho más que una comedia, estamos en presencia de un testimonio social, político y sentimental de la vida cubana en los albores de este nuevo siglo”.

Al interior de Cuba, el único país donde el filme ha sido exhibido (ya se sabe que Cannes exige la exclusividad internacional), las opiniones han estado divididas, aunque en general, a diferencia de otras películas cubanas recientes, masacradas verbalmente por algunos especialistas, los críticos han coincidido en señalar aciertos y errores pero esta vez, hasta ahora, se han abstenido de la diatribas y los improperios.

En Granma, el 5 de abril, aseguró Rolando Pérez Betancourt: “No faltan excelentes momentos de humor en el filme y situaciones ingeniosas, dentro de una historia que en no pocos de sus componentes sociales ya ha sido bastante explotada por el cine cubano. (...) Pero valores tiene, como la fotografía de Adriano Moreno y las actuaciones en sentido general. (...) Entre aciertos y desaciertos, Entre ciclones promete ser una película taquillera y una entrada nada despreciable en el largometraje de un director que, en su segunda vuelta, liberado ya de las imprecisiones de esa primera vez, y aprendidas ciertas lecciones que solo dan el hacer y volver a hacer, seguramente subirá la parada”.

No hay consenso respecto a las calidades del filme, ni tampoco es imprescindible que lo haya, por supuesto. En la versión digital del periódico camagüeyano Adelante se asegura: “no hay que pretender hacer de cada película una obra maestra o un summun que explique lo cubano, la insularidad o la crisis. Basta, a veces, con saber contar una buena historia; una historia sensible y orgánica. Nada de eso hay en Entre ciclones, cinta que funciona sobre la acumulación de chistes —algunos muy buenos, es cierto— pero sin el menos riguroso sentido dramatúrgico: la película llega a cansar, se vuelve insípida y hasta previsible. Los personajes ni siquiera son caricaturas: apenas son personajes. (...) Todo pudo, como siempre, ser distinto. La idea de ubicar a un joven entre tres mujeres posibles: la cubana típica, la extranjera y la de los nuevos tiempos; enfrentado a un hombre envejecido y a un hermano que continuamente lo tienta al crimen, en un momento de cambios importantes —la empresa socialista en vías de conversión en empresa mixta—, hubiera sido otra cosa si el planteamiento pretendiera más hondura y los personajes estuviesen mejor delineados”.

El cine es el único tema del cual sé lo suficiente como para emitir constantemente opiniones, y hasta tratar de vivir haciéndolo. Por lo tanto, hasta ahora, han sido dos los trabajos críticos que me han publicado sobre Entre ciclones. En Juventud Rebelde escribí que “no sería sano soslayar que la edición del filme no consigue aligerar —como debiera ser en el caso de una comedia— la segunda mitad del metraje, y que el guión deja demasiados conflictos apenas esbozados y además irresueltos. Pienso no sea un problema en el diseño de los personajes, sino en el encadenado de acontecimientos en que estos se ven envueltos. Hacia el final la trama desatiende ciertas leyes de la causalidad y de la sucesividad temporal, reglamento imprescindible para alcanzar el redondeado y la credibilidad de la anécdota. Película decorosa y sutil, Entre ciclones presenta un cúmulo de personajes atrapados por las circunstancias, plantea incertidumbres, denuncia y relata pésimos gustos y bajas pasiones, pero no se puede negar que esta mirada de autorreconocimiento, herética, responsable y taladradora es también imperativo de nuestros tiempos. Nada que ver con el autoexotismo de turística índole. Los solares y las fachadas, el barroquismo habanero, la mulatería y lo extranjero, ostentan aquí fibra, sentido y carácter.”

Sin contradecirme, creo, aseguré en Alma Mater: “Colina planta su cámara en abierta panorámica de estos tiempos malos, huracanados, e ilustra las concesiones, la desidia, la doble moral ambiente, los conflictos intergeneracionales y el racismo germinante, entre otros vórtices tanto o más peliagudos que los mencionados. Con semejante capacidad para ilustrar sentinas y catástrofes, no es de extrañarse que en el rostro del espectador la risa provocada por algunas delirantes secuencias, se vea sustituida por una mueca de desconcierto, una suerte de sonrisa extraña que mucho lleva de condolencia y de solidaria preocupación. (...) Después de todo, es un logro rayano en virtud saber “decepcionar” a todos esos que siempre esperan del cine cubano comedias asépticas, festinadas y melifluas. Nada que ver con el autoexotismo de turística índole”.
 

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