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LA JOVEN ESTAMPA YA SE ACERCA
"La
Joven Estampa es el único premio de su tipo en la región
latinoamericana. En su VIII Edición su prestigio se ha
extendido más allá de las fronteras de la Isla,
convirtiéndose en un evento muy respetado en el
continente".
Entrevista con Alicia Candiani, jurado del Premio
en esta edición.
Redacción Comunicación e Imagen|
La Habana
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Gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación,
hoy, quince días antes de que comience la VIII edición
del Premio La Joven Estampa, podemos conversar en un
diálogo electrónico desde La Habana a Córdoba con Alicia
Candiani quien se licenció en Artes en la especialidad
de Grabado y Arquitectura por la Universidad Nacional de
Córdoba, Argentina. Estará presente entre nosotros como
jurado de esta edición y es una de las grabadoras más
activas del arte contemporáneo en este país. Ha
desarrollado una exitosa labor como pedagoga y a ello se
suma una intensa carrera expositiva nacional e
internacionalmente a partir de 1977. Sus obras se
encuentran en colecciones públicas de Norteamérica,
Europa, Asia y América Latina. Ha recibido múltiples
premios en Argentina y el resto del mundo.
– ¿Qué expectativas le depara ser jurado de un premio
de grabado de artistas jóvenes en el continente?
–La Joven Estampa es el único premio de su tipo en
la región latinoamericana. En su VIII Edición su
prestigio se ha extendido más allá de las fronteras de
la Isla, convirtiéndose en un evento muy respetado en el
continente. Ser jurado del mismo es para mí un honor a
la vez me da la posibilidad de, a través del trabajo de
curación y premiación que haremos a partir del 19 de
mayo, evidenciar cuáles son mis conceptos acerca de los
caminos que debería transitar la gráfica en el comienzo
de este nuevo siglo y a la vez sentir las pulsaciones de
lo que la joven gráfica latinoamericana está
manifestando.
–En la actualidad las técnicas se mezclan cada vez
más, las fronteras del arte se confunden. ¿Podría
hablarnos cuál es, en su opinión, la situación del
grabado ante esta realidad en Argentina y también si
puede referirse al ámbito continental?
–Las artes gráficas contemporáneas están definiendo
un nuevo perfil elaborado a partir de los
cuestionamientos sobre su contenido, procedimientos,
forma, género e ideología que se produjeron durante los
años '90. Los profundos cambios que las últimas décadas
del siglo XX trajeron en la comunidad globalizada,
sumados a las perspectivas del uso de los nuevos medios,
han generado una modificación en los parámetros de
aproximación al grabado, que afectaron tanto a su
calificación como a sus modos de producción y a la
revisión del concepto de múltiple y original. La gráfica
actual se suma cada vez más a los procesos de
hibridación que están presentes en otras manifestaciones
artísticas, avanzando sobre las estrategias y espacios
de otras disciplinas, al punto que podríamos hablar de
un postgrabado para referirnos a las modificaciones
introducidas en los circuitos de exposiciones
internacionales, en los lenguajes artísticos, en los
nuevos medios técnicos y en el uso del múltiple, no ya
como reproducción de la imagen, sino como elemento
generador de la misma. En Argentina, así como en toda
Latinoamérica, la práctica del grabado ha transcendido
los límites de medios y estilos, incluyendo a los de la
propia disciplina, fusionándose con la fotografía, los
objetos, las instalaciones... A nosotros, artistas,
curadores, jurados y críticos nos compete que las
preguntas -y también las respuestas- sobre qué se
entiende por grabado artístico en el siglo XXI, sean por
fin reformuladas.
–Aunque la historia del arte está llena de ejemplos
que demuestran la imposición del mercado sobre el hecho
artístico, en estos momentos la globalización, tan vieja
como el fenómeno del mercado, impone a su vez nuevas
normas y patrones. ¿Cómo valora usted esta relación que
resulta inevitable en la zona del grabado?
–Los que piensan que el capitalismo es el único
modelo posible de interacción entre los hombres y la
globalización, su etapa superior inevitable, sostienen
que la globalización homogeneiza y nos vuelve más
próximos, provocando un futuro de convergencia hacia una
humanidad más solidaria. Sin embargo, y al mismo tiempo,
sus detractores consideran que multiplica las
diferencias, engendra desigualdades, aumenta las
migraciones masivas, los enfrentamientos interétnicos y
regionales y la pobreza de las áreas periféricas,
llevándonos a un futuro de fracturas y segregaciones.
En el campo de la cultura, existe un pesimismo
generalizado en creer que el arte y la cultura tienden a
homogeneizarse en patrones culturales cosmopolitas, los
que construidos sobre bases eurocéntricas, han creado
una especie de cultura internacional homogeneizada que,
lanzada desde Estados Unidos, lleva a aplanar y
manipular las diferencias culturales. En la vereda de
enfrente hay varios pensadores y críticos sosteniendo
que frente al postmodernismo, el neoliberalismo y las
globalizaciones brutales hay un fenómeno inverso que se
está produciendo en Estados Unidos y varios países de
Europa, cuyas corrientes culturales están empezando a
aparecer como latinizadas, africanizadas, asiatizadas y
femenizadas desde adentro. Pareciera ser que, al mismo
tiempo, la globalización y la presión del
multiculturalismo han inclinado a una mayor pluralidad,
produciendo también el surgimiento de nuevos sujetos
sociales, la conciencia de multiculturalidad y las
transterritorializaciones. En algunos casos el Agora se
ha transformado en la Torre de Babel.
Sin embargo, no me parece apropiado fetichizar lo global
ni volverlo el causante de todas nuestras desgracias. Un
pensamiento fecundo consiste en colocar entre el centro
y la periferia, el norte y el sur, el fenómeno de
proliferación de redes dedicadas a la “negociación de la
diversidad”. Esta es una expresión utilizada por algunos
teóricos para caracterizar cómo las representaciones de
los países centrales sobre los grupos periféricos son
reformuladas por diversos tipos de organizaciones que
hacen el fenómeno inverso, proyectan las perspectivas
periféricas a escala trasnacional. En los últimos
cincuenta años del siglo XX, el escenario artístico vio
surgir un fuerte circuito de exposiciones de gráfica
internacionales de carácter bienal o trienal. El grabado
-que siempre había permanecido en el “patio de atrás” de
las artes visuales- hacia las décadas de los '80 y '90,
se encontró- de pronto y no demasiado consciente de cómo
y por qué le sucedía- muy bien parado dentro de la marea
globalizadora. Es que muchos de los cambios que trajo
aparejada la globalización y que resultaron
desestructuradores para otras disciplinas, de alguna
manera, estaban contenidos en su esencia. Mientras el
uso de los medios electrónicos y la interactividad
revolucionaba todos los aspectos de la comunicación
social y de la transmisión de información, a la vez que
modificaba la noción de representación y las prácticas
artísticas, las artes gráficas -que venían trabajando
con el múltiple, la conexión entre secuencias de
trabajo, la producción de una matriz que era concebida
previamente y que luego daría paso a la obra final-
fueron las que primero se acercaron a los nuevos medios
y empezaron a experimentar con ellos. De la misma
manera, la permeabilización de las fronteras y la
fluidez de las comunicaciones, ayudó a que el grabado
viajara como “printed matter” y que los artistas de todo
el mundo participaran y formaran una comunidad gráfica
que se movía con fluidez alrededor del planeta. En la
región latinoamericana, la Bienal de San Juan del
Grabado Latinoamericano y del Caribe, en Puerto Rico; La
Joven Estampa, en Cuba y megaeventos del tipo de Río-Gravura,
en Brasil son muy buenos ejemplos de estas maneras de
“negociar la diversidad” en las artes gráficas.
–Durante muchos años el arte cubano polemizó con
temáticas sociales muy caras a la realidad cubana. Se
dice que hoy el arte cubano transita hacia nuevas formas
de relación con esa realidad, donde el sentido social y
polemizador, a través de diferentes estéticas, esta
subordinado, en la mayoría de los casos, a otros
intereses. ¿En este sentido, pudiera referirse hacia
dónde se dirige el arte contemporáneo en Argentina?
–Si bien en los 80 parecía que el arte solo
transitaría por formas esteticistas, desde mediados de
los noventa el contenido volvió a las prácticas
artísticas y muchísimos artistas latinoamericanos dan a
través de su obra un fuerte mensaje de denuncia a la
realidad regional. Yo creo que no han cambiado las
proporciones con respecto a la cantidad de artistas que
se preocupaban por manifestar sus pensamientos políticos
y aquellos que deseaban quizás quedarse en la
“superficialidad” de la pintura o la búsqueda de lo
bello, pero de lo que sí estoy segura de que han
cambiado son las maneras de manifestar estos discursos
políticos y sociales que manejan códigos estéticos muy
distintos a los que se planteaban los artistas en los 60
y 70. Argentina tiene una historia tachonada por
sucesiones de dictaduras militares y las heridas dejadas
por la última de ellas aún no están cerradas,
continuándose con la búsqueda de los hijos secuestrados
de los detenidos-desaparecidos. Esta temática aparece en
la obra de muchos artistas argentinos contemporáneos y
en la mía propia, pero no de manera obvia a través de un
realismo expresionista como se hizo 30 años atrás, sino
utilizando mecanismos de asociación muy sutiles y
sugerentes. Creo que el arte argentino actual está
definitivamente marcado por la enorme crisis que
atravesó el país recientemente y que lleva como mochila
su historia política y social, pero que manifiesta estas
realidades -como ha sido siempre su base cultural- de
manera altamente conceptual y con gran economía de
medios técnicos y formales, que -de nuevo- lo alejan
totalmente de la idea de arte de denuncia política que
se tenía en el pasado. |