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LA
REVOLUCIÓN IMPRESCINDIBLE
Este año, cuando atravesamos una guerra mediática acudió
a la cita habanera convocada para hablar de Carlos Marx
en el siglo XXI y celebrar el aniversario 145 de su
natalicio
el filósofo francés George Labica:
"El
socialismo hay que construirlo con alegría, con fiesta,
con humor y no disfrazados de bastón y levita".
Libertad
González|
La Habana
Fotos:
Franklin Reyes
George Labica estuvo en Cuba por primera vez en 1962.
Vino a estudiar las experiencias de la campaña de
alfabetización, pero cuando trató de aplicarlas en otro
país faltaba algo: motivos y amor.
Quien
habla así es un francés reconocido en los cuatro puntos
cardinales como un filósofo que ha realizado estudios
trascendentes del marxismo.
Tuve
el privilegio de conocerlo y entrevistarlo en 1995
cuando por el centenario de la muerte de Federico Engels
se organizó un encuentro internacional en La Habana.
Aquel año era tremendo para nuestro país, pero Labica
vino a compartir ideas y regalar solidaridad. Este año,
cuando atravesamos una guerra mediática también acudió a
la cita habanera convocada para hablar de Carlos Marx en
el siglo XXI y celebrar el aniversario 145 de su
natalicio.
Uno de
los planteamientos más interesantes que le escuché a
este investigador es que el socialismo hay que
construirlo con alegría, con fiesta, con humor y no
disfrazados de bastón y levita.
Claro que
tal afirmación parte de conceptos muy profundos, porque
si soñador es necesariamente al ser marxista, tiene los
pies muy bien puestos en la tierra. De su intervención y
la charla que sostuvimos en su español bastante galo,
aquí están los criterios esenciales que hoy expone,
partiendo de una premisa general: el concepto de
revolución es más que nunca imprescindible para pensar
el mundo de hoy, es preciso, entonces, restituirle su
eficacia.
I-
El
carácter estructural de la violencia es imputable al
capitalismo globalizado.
II- El
discurso del terrorismo, codificado en ocasión de los
atentados del 11 de septiembre del 2001 en los Estados
Unidos, sirve de legitimación a la voluntad de hegemonía
mundial de la superpotencia. Toda tentativa de
desarrollo autónomo es desde ahora castigado. Se
pretende que el conjunto de los recursos energéticos
esté bajo control total de los poderosos. La referencia
al Derecho y a las garantías institucionales
internacionales desapareció ante la afirmación del viejo
derecho del más fuerte. La guerra de agresión a Irak
bastaría para ver la realidad del capitalismo.
III-
El (neo) liberalismo que se jactaba a la caída del muro
de Berlín, de traer al mundo a la democracia y
prosperidad, ha revelado con rapidez su verdadera
naturaleza: crecimiento de las desigualdades, dictadura
de los mercados y de las ganancias financieras,
autoritarismo político. Enfrente de la nueva etapa
capitalista, las otras “alternativas” asimismo han
quebrado, no solo en el modelo del socialismo “realmente
existente”, también los que se ofrecían como sustitutos
del liberalismo y del estalinismo, ya sea
socialdemocracia, reformismo o “terceras vías”.
IV- La
alternativa revolucionaria se presenta, a pesar de los
saltos ideológicos bien sea de derecha o de izquierda,
como la única solución posible. Es menester que vuelva
al radicalismo de los tiempos de los clásicos marxistas.
Conviene insistir fuertemente en el hecho que la
democracia representa la vía, los medios y la vialidad
del proceso revolucionario. Tal concepto vale para todas
las situaciones. Se trata de establecerla, defenderla,
mantenerla, extenderla o ampararla. La conciencia de los
trabajadores, instruida por la experiencia de las
luchas, parece encontrarse en estado de hacer frente a
la globalización, que por su lado, ahondó las
diferencias y agravó las formas de explotación.
V- Las
formas de luchas múltiples, diversas y a veces
contradictorias que el capitalismo está suscitando
contra las grandes mayorías, conducen a considerar, ante
todo, que el cuadro nacional, donde se manifiesta la
soberanía popular, sigue siendo el lugar privilegiado de
la expresión democrática. Hay que apreciar la
globalización desde ese punto de vista y evaluarla con
el criterio de lucha de clases a escala internacional.
La situación por fin engendrada por las divergencias
geoestratégicas sobre la cuestión de la guerra contra
Irak suscita una nueva apreciación de las
contradicciones interimperialistas.
Cada
uno de esos aspectos sirve para un debate, sin embargo,
el consenso aplaudiría la conclusión de Labica:
“Necesitamos devolver sus derechos a la violencia
revolucionaria”. |