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LOS "BENEFICIOS" DE UNA
EVENTUAL ERA POSTREVOLUCIÓN
Empresas del Consejo de Negocios serían las principales
beneficiadas. Aspira Otto Reich a ser el "procónsul" de
EE.UU. luego de una "transición" en Cuba. Washington
encomienda a James Cason la misión de crear una fuerza
contra en la Isla.
Carlos
Fazio
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Argentina
Tras su misión
como embajador en Caracas, y luego de un breve período
como representante alterno de Estados Unidos ante la
Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra
(1991-1992), Otto Reich centró sus actividades en la
promoción de una “transición democrática” en Cuba. Una
pieza clave de esa estrategia fue una organización
denominada Consejo de Negocios Estados Unidos-Cuba,
creada en 1993 e integrada por varias compañías
multinacionales, entre las cuales destacaban Bacardí-Martini
Inc., Coca-Cola, Ford-Motors, Chiquita, Kelley Drye and
Warren, General Motors, Miami Herald, Pepsi-Cola
y Texaco.
Reich, quien años más
tarde se desempeñaría como cabildero (lobbysta) de las
compañías multinacionales American Tobacco Company,
Lockheed Martin -empresa del complejo militar industrial
que produce armas para la Secretaría de Defensa de
Estados Unidos, entre ellas los aviones F-16- y
Bacardí (en el intento de despojo de la marca Havana
Club que pertenece a Cuba), ocupó la presidencia del
Consejo de Negocios.
En forma simultánea,
Reich asesoró a los legisladores que estaban elaborando
la Ley Helms-Burton y las modificaciones a la Sección
211 sobre marcas y patentes. La Helms-Burton -también
conocida como la “ley de la esclavitud” o “ley Bacardí”-,
contiene una legislación extraterritorial, prototipo y
vanguardia de las leyes colonialistas del ALCA (Área de
Libre Comercio de las Américas) que se vienen negociando
en secreto. Vía paralela, por medio del Centro para una
Cuba Libre, fundado en 1997 por su viejo amigo de
Georgetown University, Frank Calzón, Reich impulsó
acciones legales para reforzar el bloqueo e impedir las
inversiones de compañías extranjeras en Cuba.
La legislación
contenida en la Helms- Burton codifica el bloqueo de
Estados Unidos y establece con detalle lo que sería una
Cuba posCastro. Según la ley, el levantamiento del
bloqueo solo podrá darse una vez que hayan sido
indemnizadas las propiedades confiscadas por Cuba y
devueltas a sus antiguos propietarios estadounidenses. A
tales efectos, el Presidente de Estados Unidos nombraría
un “coordinador”, cuya misión principal sería asegurar
la “transición” en la Isla. Ese “coordinador” se
encargaría de la distribución de la asistencia de
Estados Unidos a Cuba durante un supuesto gobierno de
transición.
Como en Irak
Llama la atención que
en ningún momento se habla de un gobierno cubano, sino
de un “coordinador” nombrado por el Presidente de
Estados Unidos. Es decir, como se intenta establecer
ahora en Irak: un procónsul. Pero, ¡vaya casualidad!, el
“coordinador” nombraría un Consejo de Negocios Estados
Unidos-Cuba, que tendría el mismo nombre que el que
preside Otto Reich.
Según la Sección 203
de la Ley Helms-Burton, ese consejo estaría encaminado a
coordinar las actividades del gobierno de Estados Unidos
y el sector privado, para guiar la llamada “transición
democrática” en Cuba. La ley, aprobada en 1996, sigue el
mismo esquema que se está aplicando ahora en Irak. Pero
al menos no habla de “reconstrucción”. Por lo que en el
reparto del pastel cubano, según los cálculos originales
de los promotores, de producirse una eventual transición
pacífica en la Isla, las beneficiarias principales
serían las compañías multinacionales que integran el
Consejo de Negocios Estados Unidos-Cuba que preside Otto
Reich.
Con habilidad, Reich,
quien fue promovido a su nuevo cargo de “enviado
presidencial especial” para América Latina de la
administración Bush por los sectores más radicales del
exilio cubano -en particular la Fundación Nacional
Cubano-Americana, y su clon, el Consejo para la Libertad
de Cuba-, ha quedado perfilado, hipotéticamente, para
ocupar el lugar en Cuba que Jay Garner pretende
desempeñar en Irak: gobernador de 23 millones de
iraquíes. El sueño de Otto Reich es regresar a su
antigua patria como procónsul de Washington.
Fábrica de Disidentes
SA
Pero para que
funcione el plan, Washington necesita crear, financiar y
dirigir una fuerza contra en Cuba, similar a la
que comandó desde Honduras John D. Negroponte en la
guerra sucia contra la Nicaragua sandinista. Con
algunas variables, esa es la función que le ha sido
encomendada ahora a James Cason, viejo compinche de
Reich y Negroponte en sus aventuras centroamericanas de
los ochenta.
No hay duda de que
desde su llegada a la Isla en septiembre de 2002, Cason
ha desquitado su sueldo. Como jefe de la Oficina de
Intereses de Estados Unidos en La Habana, su tarea ha
sido poner “a punto” la labor iniciada por sus
antecesores Sullivan, Michael Kozac y Vicky Hudleston,
es decir, organizar una oposición interna en Cuba, con
eje en el publicitado Proyecto Varela y un
autodenominado Partido Liberal Cubano.
Pese a que la Sección
de Intereses no tiene rango de embajada, las actividades
de Cason pueden definirse como en abierta violación de
las leyes que rigen el comportamiento diplomático. Pero
a eso lo mandaron a La Habana. Según el canciller cubano
Felipe Pérez Roque, la misión de James Cason es fabricar
una “quinta columna” con vocación “anexionista”. “Cason
ha convertido la Sección de Intereses en el estado mayor
y el cuartel general de la subversión interna en Cuba”,
afirmó el Ministro el 9 de abril.
Según las
revelaciones que hizo ese día Pérez Roque -a partir de
las tareas de inteligencia realizada por topos de
la seguridad del Estado infiltrados en los grupos
disidentes y con acceso directo a la misión
estadounidense y a la propia residencia de Cason-, las
instrucciones que este recibe están articuladas de
manera directa con las proyecciones de la Ley Helms-Burton
hacia Cuba, y son reforzadas con mil 200 horas semanales
de transmisiones de Radio Martí, que en contravención de
las reglamentaciones de la Unión Internacional de
Telecomunicaciones viola el espacio radioeléctrico
cubano con llamados a la subversión interna, a cometer
sabotajes y a la deserción y emigración ilegal.
Según declaró en
diciembre pasado el propio Cason a una televisora de
Miami, uno de sus objetivos es reunir a diversos grupos
de oposición en torno a un programa mínimo de 10 puntos.
En esa ocasión Cason identificó a tres líderes visibles
del proyecto: Vladimiro Roca, Marta Beatriz Roque y
Osvaldo Payá. El funcionario estadounidense admitió que
el plan para la “transición democrática” es consultado
en Miami con la Fundación Nacional Cubano-Americana y el
Consejo para la Libertad de Cuba, que hasta ahora habían
venido impulsando actividades terroristas para derrocar
al presidente Fidel Castro.
De acuerdo con las
propias palabras de Cason, su labor es “ofrecer
información, apoyo moral y espiritual” a personajes que
“han recibido premios de derechos humanos europeos y en
otras partes del mundo”. Los “premios” y la supuesta
defensa de los “derechos humanos” son dos componentes
claves de la estrategia subversiva de Washington. Según
Cason, los premios sirven “para que el mundo se entere
qué está sucediendo en Cuba”. Solo que los premios y la
promoción de “líderes” en derechos humanos que viajan
por el mundo -como Osvaldo Payá, la figura de moda
inventada por Carlos Alberto Montaner y promovida por
Washington-, están presupuestados y salen del bolsillo
de los contribuyentes de Estados Unidos.
La estrategia para la
construcción de líderes es sencilla y el ejemplo de
Osvaldo Payá, elocuente: se crea un membrete, una
organización de fachada o una ONG ad hoc (en su
caso el Proyecto Varela); se le organizan giras bien
publicitadas y programadas para que lo reciban grandes
personalidades (el Papa Juan Pablo II; el jefe del
gobierno español, José María Aznar; el presidente
Vicente Fox, el secretario de Estado Colin Powell), y se
le conceden premios que van haciendo visible al
personaje (Payá recibió el premio Sajarov de derechos
humanos del Parlamento Europeo y ha sido propuesto como
candidato al Premio Nobel). Así se va construyendo
cierto perfil de credibilidad sobre la figura a
potenciar, tarea que es amplificada después por
propagandistas y “grandes plumas democráticas”
distribuidos en los medios masivos de América y Europa.
La distribución de
los recursos
La ruta del dinero,
en su parte pública -según reveló Pérez Roque-, pasa por
la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo
Internacional (acápite 109 de la Helms-Burton). En su
parte oculta se canaliza vía los servicios especiales
-incluidos los agentes que operan bajo fachada
diplomática en la Oficina de Intereses-, presupuesto
previsto en el acápite 115 de la ley (apoyo para
“organismos de inteligencia” de Estados Unidos). Entre
1997 y 2002, la USAID destinó a esos fines 22 millones
de dólares. El 2 de marzo el secretario de Estado
asistente para Asuntos del Hemisferio Occidental, Curtis
Struble, señaló que la USAID invertirá este año 7
millones de dólares como “apoyo económico” en Cuba, y el
26 de ese mes Colin Powell anunció ante el Senado un
presupuesto de 26 millones 900 mil dólares para las
transmisiones de Radio y Televisión Martí.
La propaganda hace el
resto: se multiplica la idea de que Payá y su Proyecto
Varela son un producto autóctono, surgido de la
“sociedad civil”, cuando en realidad son un intento de
oposición fabricado y financiado por Washington. El caso
del “poeta” Raúl Rivero, multicitado estos días a raíz
de su condena en los juicios sumarios por traición a la
patria en el marco de la ley antídoto a la Helms-Burton,
es similar. Antiguo miembro de las asociaciones de
periodistas y escritores de Cuba, sufrió una conversión
vertiginosa: fue contratado por el poderoso Herald
de Miami, el diario más conservador del sur de Florida,
y catapultado a la vicepresidencia para el Caribe de la
Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que agrupa a
los dueños de principales medios de Estados Unidos y
América Latina. Vieja cueva de conspiradores de la época
de la guerra fría al servicio de Washington.
Esa es parte de la
trama que ha sido desarticulada parcialmente en Cuba con
los procesos de abril, y cuyos hilos seguirán moviendo
los antiguos ex guerreros contras rehabilitados
por los halcones de la administración Bush, entre
ellos Negroponte, Reich, Elliot Abrams y Roger Noriega.
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