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CUBA BAJO AMENAZA
Para que la verdad se abra paso han resultado decisivas
las opiniones expresadas por amigos de la Revolución
cubana en el mundo, latinoamericanos en particular,
principalmente en los escasos espacios alternativos. No
han sido adhesiones incondicionales en la mayoría de los
casos sino análisis desde disímiles posiciones
políticas.
Ángel
Guerra Cabrera
|
México
La
desenfrenada campaña mediática contra Cuba de las
semanas anteriores se desmorona ante la verdad, la
solidaridad y el talento que la enfrentan. Ellos
abrieron una brecha en el muro de calumnias levantado
por las trasnacionales de la (des)información, que hizo
posible el conocimiento público del reciente plan
subversivo de Estados Unidos en la Isla. Cómo encajaba
en ese plan la quinta columna mercenaria con ropaje de
oposición política creada por Washington y dirigida
desde su representación diplomática en La Habana. Cómo
el Estado cubano se vio enfrentado a acciones
concertadas con el objetivo de fabricar una crisis
migratoria que diera el pretexto para una invasión
estadounidense. Fidel Castro y otros dirigentes cubanos
han explicado todo esto con su sinceridad y claridad
habituales, pero los pulpos mediáticos lo han ocultado
mientras manipulan el justificado rechazo de la opinión
pública a la pena de muerte, obviando las circunstancias
excepcionales en que está actuando el gobierno de Cuba
para evitar la eventual pérdida de miles de vidas y la
destrucción del país.
Así que para que la
verdad se abra paso han resultado decisivas las
opiniones expresadas por amigos de la Revolución cubana
en el mundo, latinoamericanos en particular,
principalmente en los escasos espacios alternativos. No
han sido adhesiones incondicionales en la mayoría de los
casos sino análisis -con frecuencia críticos- desde
disímiles posiciones políticas. Ellos han estimulado un
rico debate, que no solo ha cuestionado mitos e ideas
preconcebidas sobre Cuba, existentes incluso entre
sectores de izquierda, sino ha servido para discutir la
amenaza sin precedente de esclavización y exterminio en
que han colocado a la humanidad los nuevos nazis de
Washington y las tareas que deriva para las fuerzas
progresistas y democráticas.
El debate, me atrevo
a afirmar, llevó a generalizar tres conceptos entre los
más conscientes políticamente, sobre todo en América
Latina: uno, Cuba es el país con más importantes logros
sociales en nuestra América y el foco de resistencia
principal a la dominación imperialista y a las políticas
neoliberales en una región donde la mayoría de los
gobiernos han sucumbido ante ellas, lo que explica la
prioridad concedida por la pandilla fascista de Bush a
la supresión de su régimen social; dos, el Estado
revolucionario cubano ha demostrado durante décadas su
capacidad para derrotar con mayoritaria adhesión popular
y un uso mínimo de la fuerza las agresiones
estadounidenses, y no hay ningún dato objetivo nuevo
para pensar que las drásticas medidas tomadas
recientemente señalen un cambio en esa conducta; tres,
Cuba -con sus virtudes y defectos- es una hermana en
peligro y defenderla es defender a toda América Latina
de la actual política estadounidense de recolonización
del continente.
Tres hechos vinieron
a reforzar estas conclusiones, marcando el punto de giro
en la reversión de la campaña mediática en América
Latina y propiciando un razonamiento más informado sobre
los acontecimientos en la Isla por la opinión pública
internacional. El primero fue el valiente y honesto
artículo publicado por Pablo González Casanova el 26 de
abril en La Jornada; el segundo, las 10
demoledoras líneas suscritas cuatro días más tarde por
Gabriel García Márquez: “...las muchas declaraciones
sobre la situación cubana -aun de buena fe- pueden estar
aportando y aun magnificando los datos que Estados
Unidos necesita para justificar una invasión de Cuba”,
expresaba; el tercero, la declaración en el mismo
sentido de un grupo de notables intelectuales mexicanos,
leída el primero de mayo en la Plaza de la Revolución de
La Habana ante más de un millón de cubanos por el propio
González Casanova, también endosada por García Márquez y
otras relevantes personalidades, que ya ha recibido más
de mil adhesiones (puede verse en
www.porcuba.cult.cu).
En lugar del cuadro
que se pretendió pintar de una Revolución cubana aislada
y condenada por la inteligencia del mundo, emerge una
pujante corriente de solidaridad con ella impulsada por
las voces de prestigiosos intelectuales y artistas.
Ello, claro, no es ajeno a la extraordinaria obra
cultural desarrollada en Cuba desde el triunfo
revolucionario, a la singular relación de diálogo e
identificación del movimiento intelectual cubano con el
gobierno de la Isla y a la ascendencia de este sobre sus
pares del exterior.
Pero aunque la
campaña mediática actual naufraga, no es momento de
lanzar campanas al vuelo. Las razones de la agresividad
de Washington contra Cuba no han cambiado ni cambiarán
mientras exista revolución en la Isla. El imperialismo
estadounidense, por otra parte, atraviesa un período
crítico que ha llevado al timón de la Casa Blanca a un
proyecto de dominio del mundo mediante la superioridad
militar -la doctrina Monroe llevada a escala planetaria-
y, como colofón, la reelección de Bush depende del
estado de guerra permanente, visto el deterioro
creciente de la economía en casa.
Publicado en La
Jornada |