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YO NO ME BAJO DE MI APOYO A CUBA
José
Manzaneda*
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España
Como Mario Benedetti y millones de personas en el mundo,
yo tampoco me bajo del apoyo a la Revolución cubana y a
Fidel Castro, aunque existan aspectos que ni comprenda
ni respalde, como la existencia de la pena de muerte,
inclusive a probados asesinos. Son muchos años de
visitar Cuba y de trabajar en la cooperación con su
pueblo, sus ONGs, sus instituciones y su gobierno para
quedarme callado ante las barbaridades que estoy oyendo.
Seré muy breve y diré cinco cosas: una, que Cuba es el
país de su contexto geográfico-político (América Latina
y en general, los países del Sur o Tercer Mundo) que
mejor cumple la Declaración Universal de los Derechos
Humanos de 1948, en sus 30 artículos, con especial
incidencia en los derechos de segunda generación
(económicos, sociales y culturales) y los de tercera
generación (Cuba es un ejemplo de que se puede ser pobre
pero solidario, y lleva a cabo programa de solidaridad
en 85 de los países más pobres del mundo, como el
Programa Integral de Salud en Centroamérica); dos, que
los logros sociales de la Revolución en favor de los más
débiles de la sociedad se han conseguido en estado de
sitio y en abierta guerra económica, política y
terrorista del gobierno más poderoso y sanguinario de la
Tierra, el de los Estados Unidos; tres, que Cuba es una
democracia socialista, con elecciones libres, de las que
doy fe y he sido testigo.
Con relación a los últimos acontecimientos decir tres
cosas: una, que Cuba ha sufrido en los últimos meses 7
secuestros organizados desde grupos de Miami amparados y
financiados por la administración
Bush y que los secuestradores han sido puestos en
libertad al llegar a Estados Unidos, recibiendo asilo
político; dos, que el Gobierno de Estados Unidos está
incumpliendo los acuerdos migratorios con Cuba de 1994,
por los que se comprometía a conceder 20.000 visados al
año para los cubanos que quieren viajar con total
normalidad a EE.UU., y que hasta la fecha sólo ha
concedido 700, con la intención maquiavélica de crear un
efecto “olla a presión” (más bloqueo, menos visados, y
más Ley de Ajuste Cubano, que concede el estatus de
refugiado sólo a los cubanos que llegan por vía ilegal a
la costa norteamericana, mientras patea al resto de
los latinoamericanos); tres, que
existen pruebas contables y gráficas de que quienes se
han presentado en los medios de prensa como disidentes
actuaban pagados y organizados desde la oficina de James
Cason, Jefe de la SINA (Sección de Intereses de EE.UU.
en La Habana), y por tanto son culpables ante las leyes
cubanas de trabajar al servicio de la potencia que
bloquea y financia el terrorismo contra el pueblo
cubano.
* Miembro de EUSKADI-CUBA
Asociación Vasca de Amistad y Cooperación con Cuba |