| LA JIRIBILLA |
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RESPETO A CUBA EE.UU., oficioso y autoproclamado guardián de los derechos humanos en el planeta, jamás ha promovido una condena que involucre a países donde se viola el derecho a la seguridad social, el derecho al trabajo o a la educación. Estos, que también son derechos humanos, en general no se cumplen en 80 por ciento de los países del mundo. La visión parcial, sesgada y políticamente utilizable que prevalece en los gobiernos estadounidenses acerca de los derechos humanos se circunscribe a los llamados derechos individuales. Es decir, se trata de una vieja visión ya superada. Sin embargo, en aquel país donde el discurso oficial hace creer a sus representados que el respeto a tales garantías es irrenunciable, ni siquiera se respetan plenamente todos los derechos humanos de carácter individual. Vemos ahí graves problemas de discriminación racial y la permanencia de castigos propios de centurias pasadas, como la aplicación de la pena de muerte. Asimismo, un franco atraso y retroceso en el respeto a los derechos políticos de sus ciudadanos. Por ejemplo, en pleno siglo XXI no existe allá la posibilidad del voto directo, en tanto que desde el Estado se impone abiertamente la censura en los medios masivos de comunicación, para tratar de lavarle la cara a un gobierno que, haciendo caso omiso de Naciones Unidas, decidió por sí mismo invadir a un país petrolero inmensamente rico, sin importar los "daños colaterales" que ello conllevaría a la población iraquí. Las dolorosas imágenes están ahí, aunque una gran mayoría de estadounidenses no tengan acceso a ellas.
Desde
luego que Cuba y muchos otros países como el nuestro
tienen mucho que hacer en este terreno. Es deseable,
insistimos, que la pena de muerte sea abolida en todo el
orbe, incluidos la isla y México. También que sea viable
concretar universalmente todas las libertades políticas
e individuales. No obstante, la reciente resolución de
la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas
contra Cuba poco éxito puede tener mientras se mantenga
el doble discurso de este organismo multilateral y de
los gobiernos que año con año promueven una resolución
en el mismo sentido. Resulta completamente aberrante,
por ejemplo, que el gobierno de Uruguay se apreste cada
12 meses a condenar a Cuba mientras que al interior de
su país se promueva una ley de punto final con la cual
se reconfirma el perdón, tácitamente, a los militares
responsables de las desapariciones de personas, a
aquellos que torturaron y ejecutaron a miles de
connacionales en décadas pasadas. Pero aun es grotescamente más absurdo que los organismos internacionales que hoy censuran a Cuba no hayan logrado llegar a un acuerdo para condenar la invasión estadounidense contra Irak, así como las atrocidades que la superpotencia cometió en contra de la inerme población civil en aquel país árabe. Llama la atención que un organismo internacional que fue hecho a un lado, y que hoy está seriamente lesionado en su imagen por la arbitraria decisión anglo estadounidense para invadir Irak, ahora sí actúe y señale la necesidad de indagar qué pasa en materia de derechos humanos en una nación pequeña. Sólo sin ingenuidad podemos advertir que la reciente resolución contra la isla está más motivada por un alineamiento político-económico que por el genuino interés de que avance la causa de los derechos humanos.
Mientras no haya coherencia en ese tipo de resoluciones,
mientras los gobiernos del mundo se pongan rigurosos y
valerosos frente a países pequeños pero obsecuentes y
cobardes con las grandes potencias, ninguna resolución
de esta naturaleza podrá tener fuerza, legitimidad o
éxito posible. |
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