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¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE SE QUIERE DE
CUBA?
Roberto
Cobas Avivar|
Brasil
Cuba ha de
seguir avanzando en pos de la viabilidad de un nuevo
paradigma de estado y sociedad de bienestar social. Un
paradigma nuevo, esencialmente diferente, por cuanto así
lo determinan las condiciones de subdesarrollo secular
de las que intenta emerger, como país perteneciente al
subproducto económico del llamado Primer Mundo.
El camino alternativo no se da como resultado de un
ejercicio de laboratorio sino como necesidad vital, a
fuerza de evitar con ello el retroceso histórico a la
ruta del subdesarrollo capitalista que le asignan a las
antiguas colonias las metrópolis occidentales,
comprometidas hoy con modelos de acumulación y expansión
económica esencialmente excluyentes y depredadores. Toda
la ilusión puesta, aún aquellas llenas del utopismo
librepensador, en que la lógica de la razón de ser de
los Centros de poder económico occidentales sufrirá una
metamorfosis renacentista que haga honor a los ideales
de libertad, igualdad y fraternidad ha de
asimilar, por perturbador que pueda ser, que la invasión
de los EE.UU. a Irak constituye el grito de guerra a que
estarán siempre prestos dichos Centros, explícita o
implícitamente, en aras de preservar el ordenamiento
global que favorece a sus intereses, que es decir, en
primer lugar, al de sus grupos (anti)sociales, a los
cuales no sólo las estadísticas identifican como
minorías detentoras de la mayor parte del producto y el
patrimonio nacional que la mayoría de sus congéneres
logra generar. Ésos no son tampoco caprichos de
laboratorio, sino comportamientos intrínsicos a procesos
de un modo específico de organización de las relaciones
socioeconómicas y políticas de sus sociedades. Las
contradicciones internas hacia el seno de las mismas y
los conflictos externos que habrán de seguir provocando
tales procesos, mantendrán en vilo las angustias de
millones de seres en las periferias propias y externas.
Las angustias del pueblo cubano no desaparecen por el
hecho de estar pretendiendo un modo distinto de
relacionamiento socioeconómico y político de su
sociedad. El grado de las angustias encuentra el
formidable contrapeso de la solidaridad socio humana con
que la gente de pueblo - dígase pueblos y se habrá
dicho todo - ha preferido identificarse. Ha logrado
que así sea un Proyecto Socio-Político de desarrollo
que, ante la difícil y azarosa caminata hacia un
desarrollo económico avanzado, ha querido poner - lo que
en otros términos significa suficiente voluntad política
de estado - la satisfacción de los derechos humanos
básicos del conjunto de la sociedad por encima del juego
político deshonesto a que lo vienen incitando o
compulsando hace más de 40 años los representantes de
las elites gobernantes del mundo occidentalizado, el
dominante y el periférico.
Ese mismo Proyecto Socio-Político adolece de un sin
número de problemas e insuficiencias que lo hacen
profundamente vulnerable ante la fuerza de expansión
extorsiva de los capitales y mercados a los que por
fuerza superior está obligado a recurrir. En Cuba el
conflicto no está dado entre los grupos dirigentes del
estado y la sociedad y los Centros capitalistas de
poder, sino entre el estado-nación cubano y las
políticas discriminatorias de dichos Centros. En la
abrumadora mayoría de la población cubana ello resulta
una convicción tan natural, como natural es en los
países hermanos latinoamericanos el hecho de que el
conflicto para ellos reviste el doble carácter de estado
contra nación y al mismo tiempo de nación contra los
intereses de los Centros de poder capitalista. Para
Cuba, por tanto, las razones de estado son las razones
del estado-nación.
La sensible vulnerabilidad del Proyecto Socio-Político
cubano ha sido potenciada por la decidida política de
los EE.UU. dirigida a liquidar, por cuantos medios sean
necesarios, la posibilidad de la alternativa de
desarrollo y sociedad que dicho proyecto representaba ya
desde enero de 1959. La suma de las propias
insuficiencias, profundamente legítimas, y el
destructivo acoso económico, político y militar de los
EE.UU. han inducido en Cuba el síndrome de plaza
sitiada, pero también sus razones de ser, bajo cuyos
nocivos efectos el estado-nación defiende su derecho a
la autodeterminación y el pueblo trabaja y lucha con sus
múltiples angustias y esperanzas. Cuba transita por la
encrucijada que le plantea el problema de la viabilidad
de su Proyecto Socio-Político y la necesidad de la
definitiva superación del déficit que en materia de
desarrollo económico y soberanía interna ciudadana
continúa presentando.
Las limitaciones del derecho ciudadano a la libre
opinión, expresión y defensa de las convicciones
políticas propias, específicamente las contrarias al
orden socio político establecido, constituyen una
carencia de democracia lesiva precisamente a dicho
orden, de igual forma que lo es la institución de la
pena de muerte en el código penal cubano. Pero es
preciso advertir que la posibilidad de superación de
este déficit de ciudadanía viene siendo conculcada por
la extrema agresión externa a la que es sometida Cuba
por los EE.UU., mediante el bloqueo económico y la
injerencia política subversiva en sus asuntos internos.
El intento de vasallaje se produce con la complicidad
explícita de Centros de poder como la Unión Europea, a
través del acuerdo llamado "Posición Común" contra los
intereses de Cuba pero a favor de los intereses en Cuba
de su comunidad empresarial. Pero se da además con el
apoyo velado o abierto de gobiernos de su entorno
latinoamericano que una vez, entre el desconcierto ante
un ejemplo perturbador como el de Cuba y el pánico a los
EE.UU., la expulsaron de la Organización de Estados
Latinoamericanos, y hoy, como cada año hace 14 años, se
suman al ejercicio condenatorio estadounidense contra
Cuba en la Comisión de DDHH en Ginebra, a sabiendas que
ello constituye el factor político último justificativo
del bloqueo económico que imponen de manera ilegal los
EE.UU. a Cuba. ¿Cuáles son las verdaderas razones por
las que precisamente ayer con el voto de 26 países, el
espectro de los mismos que condenan a Cuba por violación
de los derechos humanos, se haya rechazado en la
Comisión de DDHH la propuesta cubana de condena al
bloqueo económico de los EE.UU. contra Cuba, por
constituir lo que en realidad es: una premeditada
agresión contra los derechos humanos del pueblo cubano?.
Insuficiencias del modelo de ciudadanía cubano como las
expuestas - por tomar dos ejemplos que agitan una vez
más las opiniones enemigas del Proyecto cubano y
sensibilizan las que abogan por su viabilidad - no
constituyen atributos del Proyecto Socio-Político
cubano, sino problemas circunstanciales a ser
enteramente superados. Pero es el caso que sí
constituyen atributos suyos soluciones políticas que
intentan refrendar un orden socioeconómico y político de
una otra naturaleza cualitativa, soberano en su derecho
a las búsquedas fuera de los dictados de los Centros de
poder capitalistas. Es decir, un sistema político
monopartidista que se instituye a partir de los legados
independentistas de su propia experiencia histórica; un
sistema de propiedad y relaciones socioeconómicas que,
sin que incluso haya de rechazar la multiplicidad de
formas y movimiento en ambos espacios, ponga
decididamente al ser humano por encima del lucro; un
modelo de ciudadanía que antepone la solidaridad socio
humana a los cánones de la beligerancia individualista
que caracteriza al modo de producción y consumo
capitalista; un sistema social que asume la democracia
directa como una forma de participación a ser
aprovechada en toda su extensión, superior al mal menor
que para el capitalismo representa la democracia
representativa; un sistema de garantías constitucionales
y realizaciones reales que reivindican los derechos
humanos básicos de los ciudadanos: pleno acceso a los
servicios de salud pública y cuidados médicos
especializados públicos, pleno acceso a la educación
elemental y al desarrollo profesional superior, entre
otros de igual importancia. ¿Por consiguiente, estarán
dispuestos los representantes de los regímenes
capitalistas, los dominantes y los subordinados, a
reconocer el derecho de auto determinación de Cuba y su
empeño en lograr la viabilidad de un modelo de estado y
sociedad que no pretende sino avanzar hacia un estado de
bienestar social cualitativamente distinto al que
desenvuelven, lleguen a lograrlo o no, los estados
capitalistas?
Si lo que a Cuba se le exige es la superación de las
contradicciones, las insuficiencias y los problemas que
frenan las potencialidades de proyección sociocultural
creadora y avance económico de su Proyecto
Socio-Político, entonces cabe esperar que lo que se ha
convenido en llamar comunidad internacional, más
allá de las críticas, incluso aquellas bien
intencionadas, se pronuncie inequívocamente por el
derecho de Cuba a la auto determinación. Más aún,
resulta moral y ético reconocer de una vez por todas las
relaciones políticas con Cuba, por difícil que sea
aceptar el espíritu de soberanía de una nación tan
pequeña, como relaciones entre iguales. Tal y como lo
establece el derecho internacional. Quedarían justamente
fuera de la ley y de las normas éticas del
relacionamiento entre las naciones, comportamientos como
los de EE.UU., la Unión Europea u otros estados que, al
desnudado amparo de dobles y triples raseros, intentan
imponer de hecho un pensamiento y una visión única del
mundo moderno.
Los pecados de Cuba no están en que, a pesar de haber
asegurado la seguridad básica alimentaria para todo el
universo de su población, no haya logrado dejar atrás la
situación de carencia material de su población; o en que
no haya superado el déficit interno en materia de
derechos ciudadanos, sino en que, teniendo a su favor el
incuestionable progreso - inquietante para los
escépticos de profesión o voluntarios - del desarrollo
social alcanzado, se empeñe en superar lo que
visiblemente aún la atrasa de acuerdo a sus propias
prioridades, capacidad y formas de hacer. Ante tales
evidencias, a Cuba le corresponde el derecho y a su
gobierno la responsabilidad de resguardar sus conquistas
socio humanas. Para el pueblo cubano no es ésa una
determinación de connotación abstracta. Pongamos de
relieve nuevamente que con las Plataformas I y II de
Santa Fe, el gobierno del presidente R. Reagan,
estableció la necesidad de solucionar definitivamente lo
que acuñó como "el problema cubano", así como en su
tiempo A. Hitler ideó la solución final "al problema
judío". Una vez reestablecida con el gobierno del
presidente J.W. Bush la línea de pensamiento y política
guerrerista más insensata que conoce la historia
moderna, Cuba ha sido recolocada como objetivo de la
doctrina de las guerras preventivas que, ante los ojos
impávidos e indignados del mundo, acaba de demostrar de
qué lado están los argumentos de la fuerza. La
responsabilidad moral que posee el mundo progresista de
pronunciarse enérgicamente por el derecho a la soberanía
nacional de los estados no admite espacios para la duda
o para un eticismo químicamente puro, cuya virtud no es
otra que la renuncia a la toma de partido. A Cuba la
actual administración de los EE.UU. le ha declarado la
guerra y no habrá que esperar a que el estado cubano
cometa otros supuestos "errores políticos" para que, de
forma igualmente cínica y cobarde a como bajo otros
pretextos lo hicieran con Dominicana, Panamá o Granada,
seamos testigos atónitos de una agresión militar
estadounidense directa contra Cuba. La guerra de
intervención de los EE.UU. contra Irak y el esperado
desenlace militar seguido de la ocupación de un estado
soberano, ha puesto de manifiesto una cuestión no menos
peligrosa de la doctrina de la guerra eterna del
establishment (neo) conservador estadounidense. Y es el
hecho de que los Centros de poder capitalista y todos
aquellos otros estados capitalistas simpatizantes,
defensores abiertos, lacayos o sencillamente temerosos
de la política hegemónica de los EE.UU., una vez
concluido el "trabajo sucio" del imperio, se aprestan a
sentir con dolor lo ocurrido, a olvidar las posibles
diferencias pasadas, las de teatro o las más reales, y a
procurarse los dividendos posibles del despojo.
El estado cubano ha venido demostrando a lo largo de los
más de cuarenta años que enfrenta las agresiones de los
EE.UU. su capacidad y madurez política para no hacer el
juego a la línea de pensamiento y acción con que dicho
estado pretende a todas luces la solución final del
"problema cubano". Negar o desconocer ese hecho
significa declarar que la aplicación de la pena de
muerte a tres peligrosos terroristas y las penas de
privación de libertad a conspiradores a favor del
enemigo declarado de Cuba, llegan a justificar alguna o
cualquier medida de violencia armada directa de los
EE.UU. contra la nación cubana.
A Cuba le toca seguirle demostrando al mundo, pero ante
todo a sí misma, que los actos de extrema dureza
jurídica en defensa legítima de su soberanía, no
impedirán que su Proyecto Socio-Político sea capaz de
superar, por la naturaleza humanista de sus esencias,
las barreras que amenazan su viabilidad. La concertación
de los espacios ciudadanos que permitan el ejercicio
soberano del derecho a la pluralidad del pensamiento y
la expresión política y la extinción del código penal
cubano de la pena de muerte, constituyen dos importantes
momentos a ser definitivamente asumidos por el Proyecto
Socio-Político cubano. Lejos de debilitarlo, las
decisiones políticas que así lo determinen vendrán a
consolidar su vocación democrática. Y no nos llamemos a
engaño, superadas tales insuficiencias, los EE.UU.,
perturbados de la misma forma en que lo eran por los
progresos del trabajo de los inspectores de la ONU en
Irak, enfilarán sus visores electrónicos hacia otros y
otros pretextos que le permitan mantener los dedos en
los gatillos. Cuba deberá seguir incólume su paso sobre
la tierra, aunque en ello le vaya la vida que para sí ha
decidido como nación soberana. |