LA JIRIBILLA

LO QUE ELLOS NO PERDONAN A CUBA
 
Miguel Urbano Rodrigues| La Habana

Los hechos son conocidos. La Comisión de Derechos Humanos de la ONU aprobó en Ginebra, por 24 votos contra 20 (9 abstenciones),una resolución que apoya la decisión del Alto Comisario para los DDHH de enviar su representante a Cuba.

El tono y el contenido del documento no difieren sensiblemente del que fuera aprobado el año pasado. La Habana, considerando que se trata de una iniciativa concebida con transparentes objetivos políticos para intentar justificar el bloqueo y la estrategia de agresiones desarrollada por los EE.UU. contra la Isla, había informado con antelación que no aceptaría en hipótesis alguna la visita del funcionario de las Naciones Unidas. La defensa de la dignidad nacional significaba rehusar colaborar en la farsa.

El texto sobre Cuba fue inicialmente patrocinado por cuatro países latinoamericanos, actualmente gobernados por la derecha: Uruguay, Perú, Nicaragua y Costa Rica. Lo que imprimió al debate un rumbo inesperado fue la decisión de Costa Rica de, a última hora, presentar una enmienda que insultaba a Cuba. Redactada en inglés (por el representante de los EE.UU.) perseguía obtener la condena al gobierno de La Habana bajo el pretexto de los recientes enjuiciamientos de 75 mercenarios y del fusilamiento de tres secuestradores de una lancha.

La mano de Washington era tan visible que el plenario rehusó, por 31 votos contra 15 (siete abstenciones), que la propuesta fuese examinada por la Comisión.

Tal como en años anteriores, los EE.UU., tras bastidores, ejercieron enormes presiones sobre delegaciones de países del Tercer Mundo. Algunos gobiernos fueron informados de que programas de desarrollo financiados por instituciones internacionales, serían suspendidos si no votaban la resolución anticubana.

Es comprensible que el The New York Times haya expresado su frustración en un editorial. En un momento en que la campaña mundial desencadenada contra Cuba asume dimensión mundial, Washington apenas consigue hacer aprobar en Ginebra, y por escasa mayoría, una resolución que no incluye referencia alguna a los juicios.

La Comisión está desprestigiada. El tema de la violación de los derechos humanos en Iraq no fue siquiera debatido. No hubo consenso. Se alegó que el tema sería de la exclusiva competencia del Consejo de Seguridad. El pretexto invocado, de procedimiento, es revelador de la desmoralización de esa comisión hoy fantasma.

DOS CONCEPTOS DE SOLIDARIDAD

La coincidencia de esta sesión de Ginebra con la agresión genocida contra el pueblo de Iraq pesó en la atmósfera. (1)

Cada vez que el jefe de la delegación estadounidense pedía la palabra era imposible olvidar que las fuerzas armadas de los EE.UU. estaban cometiendo diariamente en las márgenes del Tigris crímenes en cadena, desconociendo el derecho a la independencia y a la propia vida de un pueblo.

Las delegaciones de la Unión Europea, cuyos jefes habían recibido instrucciones de votar el documento finalmente aprobado, sentían el absurdo de que se colocara allí la cuestión de los derechos humanos en Cuba en el mismo momento del auge de una crisis dramática en la que los EE.UU. aparecen ante la humanidad como los campeones de la violación de los derechos humanos.

No se debe desconocer, además, que esta vez la campaña de ámbito mundial desencadenada contra Cuba sobre la secuencia de los enjuiciamientos ha obtenido "adhesiones" inesperadas. Intelectuales prestigiosos, algunos con un pasado de luchas en defensa de la Revolución cubana, han asumido ahora una actitud de distanciamiento y crítica ante los acontecimientos de La Habana. No cabe aquí develar siquiera las motivaciones de cada uno de ellos, que divergen mucho unas de otras. En unos casos nacieron de la desinformación; en otros, de cosmovisiones inseparables de opciones ideológicas; a veces de personalismos, de un individualismo exacerbado, del temor de que su silencio los hiciese aparecer como personajes de la época de Stalin; con frecuencia, de la subestimación del significado profundo de la feroz campaña anticubana en marcha.

Sitios web de izquierda han abierto secciones especiales para divulgar esos textos y artículos firmados por algunos intelectuales progresistas cuya solidaridad con la Revolución cubana ha sido permanente y firme. Los juicios han abierto fisuras en el frente de la solidaridad. Y la polémica prosigue.

Escribí a algunos escritores latinoamericanas que mucho estimo y admiro. Respetando las opiniones críticas que han asumido sobre los fusilamientos y problemas existentes en la sociedad cubana, aún cuando mi perspectiva no coincide con la de ellos, enfaticé sobre todo en aquello que me parece una subestimación de la amenaza que el proyecto neofascista del sistema de poder de los EE.UU. representa para la humanidad. Criticar Cuba en el momento en que el propio hermano del presidente Bush invita a los gobernantes y al pueblo de la Isla a meditar en el destino de Iraq me parece inaceptable de parte de intelectuales revolucionarios.

En estos días -en que la barbarie militar de los invasores estadounidenses se exhibe en las calles de Bagdad y Mossul matando ciudadanos que protestan contra la ocupación de su patria , cuando los marines asistieron indiferentes al saqueo de museos y bibliotecas que guardaban la memoria de cinco milenios de historia- escribir sobre la insuficiencia de libertades en Cuba y sobre el funcionamiento de su justicia es, cuando menos, una demostración de insensibilidad. Invocando la fidelidad a principios éticos, a valores por los cuales debe luchar todo revolucionario marxista, los compañeros que asumieron esa posición se distanciaron en la práctica de la ética y moral revolucionaria.

No desconozco que en Cuba determinadas opciones, sobre todo en el área de la economía, introdujeron mecanismos de mercado inherentes a la lógica del capitalismo. Como era inevitable, produjeron efectos negativos, algunos muy complejos, particularmente aquellos que profundizan la desigualdades sociales en vez de reducirlas. El avance rumbo hacia una sociedad socialista fue perjudicado, y a nivel del estado y del partido existe conciencia de esa realidad. Pero sin las drásticas medidas tomadas en el Período Especial, después de la desaparición de la URSS, la sobrevivencia de la revolución hubiera sido imposible.

Pero no fueron esos aspectos dolorosos y preocupantes de la vida cubana los que suscitaron las críticas de los intelectuales amigos de Cuba que ahora se han distanciado de ella.

Fue la temática de los derechos humanos la que motivó sus tomas de posición. Y casi todos dejaron ver en sus artículos una concepción acerca de lo que son los derechos humanos influida por el discurso farisaico de la burguesía.

Resido hace años en la Isla. Contemplo el espectáculo de la vida como si fuera cubano. Me repugna la adulación, el elogio a los que ejercen el poder, el culto a la personalidad, defiendo y defenderé la libertad de creación y la participación del pueblo como indispensable al desarrollo democrático y saludable de cualquier revolución.

¿Qué puedo decir de Cuba en cuanto a los derechos humanos, en la perspectiva de quien -mi caso- ha andado por decenas de países de América Latina y de Europa y ha vivido en algunos de ellos?

Muy brevemente diré apenas que no conozco otro país con un culto por los niños tan conmovedor como el de Cuba. Que La Habana es la única gran ciudad del mundo en la cual no hay prácticamente crímenes de sangre , una megalópolis en donde el turista puede por la madrugada caminar kilómetros por calles pésimamente iluminadas sin enfrentar el riesgo de recibir un tiro o una cuchillada , una ciudad (tal como el país) en la cual la educación y la salud son gratuitos .En Cuba nadie muere de hambre ni duerme en las calles.

En Ginebra, el embajador Juan Antonio Fernández pronunció en la Comisión estas palabras: «Cuba sabe que defiende para su pueblo y para todos los pueblos del mundo el derecho al respeto por su soberanía y autodeterminación».

Hace más de cuatro décadas que su pueblo RESISTE a todas las tentativas del imperialismo estadounidense para someterlo. Washington no le perdona ese ejemplo ofrecido a la humanidad, la demostración que es siempre posible ¡RESISTIR!

Pero aquí me quedo.

Quizá nunca como en estos días, Cuba necesitó tanto de la solidaridad de sus amigos.

1- La televisión cubana transmitió las intervenciones más importantes de las sesiones en que fue debatido el proyecto de resolución sobre Cuba.

Traducción de Marla Muñoz


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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