| LA JIRIBILLA |
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CONTRA LA IDENTIDAD HUMANA El anterior rosario de “lamentaciones” solo pudiera engañar, en el mejor de los casos, a los menos informados o desconocedores de las estrategias engendradas por la unipolaridad y la hegemonía del imperio en el siglo XXI. En realidad, dimisiones “simbólicas” y negativas rotundas solo resultan un eco bien tardío, y sin duda, son la imprescindible mea culpa del gobierno de los Estados Unidos ante la vertiginosa información masmediática que ha dado a conocer el horror de la expoliación cultural ocurrida en Irak ante la impavidez del gobierno y los militares estadounidenses. Y es también la trasnochada respuesta a una comunidad internacional tan indignada, como aterrada ante el espanto del robo y asimismo la “cínica” contestación de aquellos ante la protesta ya indetenible de relevantes personalidades, artistas, intelectuales y científicos, directores de museo y arqueólogos conscientes del planeta, quienes se conduelen del agravio. Esta semana el sitio web Rupestre se ha convertido en la vía para exteriorizar el dolor de los arqueólogos por la ignominia: Me uno a esta enérgica protesta por la pérdida de este patrimonio cultural de la humanidad. Es mucha la tristeza y la desesperación por tan trágica pérdida del acervo del Museo de Bagdad, y que nos sorprenda que, al cabo de algunos años, estos objetos se estén viendo en las vitrinas y capelos de los museos de Inglaterra y Estados Unidos, adquiridos por los traficantes del mercado negro por unos cuantos dólares o baratijas del mundo occidental, por espejuelos que deslumbran al hambriento ladrón de Bagdad, en fin, todos los arqueólogos del mundo estamos verdaderamente de luto... escribe Francisco Mendiola Galván. En solo 48 horas fueron expoliadas 150 mil joyas de la historia del arte del Oriente y de los testimonios artísticos de siglos de la civilización humana en Mesopotamia, donde naciera la escritura y el primer código de leyes, todo ante la permisibilidad y la impavidez de los soldados norteamericanos; en verdad su suma en números y precio, valorado en miles de millones de dólares es ínfima en relación con el inconmensurable valor artístico y cultural de esas piezas. El pillaje en el Museo Nacional de Bagdad, el incendio de la Biblioteca y el Archivo Nacional, del Ministerio de Donaciones Religiosas, de la Biblioteca Coránica y del Teatro de Babilonia no conforman una monstruosa pesadilla, sino una verídica que se desarrolló ante los ojos de sólidos testimoniantes: el arqueólogo Raid Abdul Ridhar Mohamed, quien pidió ayuda a cinco marines en un tanque Abrams, los que muy pronto se marcharon del lugar, el periodista Robert Frisk que (según escribió y nos cuenta en crónica el escritor cubano Lisandro Otero) advirtió de la tragedia en la Biblioteca, en absoluto impedida por los militares; ellos entre muchos otros que apenas recién comienzan a contar la peor calamidad cultural en términos de pérdidas y transgresiones en el triste inicio de este siglo XXI. Posteriormente hemos sabido que McGuire Gibson, profesor de la Universidad de Chicago, jefe de la misión arqueológica norteamericana en Irak y uno de los especialistas que se halla en París por la UNESCO, para valorar la hecatombe, ha asegurado que una de las formas de este saqueo se relaciona con “redes organizadas desde el exterior”. Mas el camino hacia la verdad que se ha abierto paso con lentitud es mucho más abarcador y pleno de complejidades del que se avizora desde la perversidad de un desvalijamiento incluso organizado. En realidad, se trata de la “hegemonía cultural” de un mundo unipolar (que los teóricos del arte y la cultura ya han venido denunciando) y que halla su expresión en las arquitecturas insípidas y los modelos estereotipados, en el reino de la formas en las que no hay correlato con el contexto histórico y local, en el diseño uniforme de los mass media. Es la estrategia del intento por deshacer la relación conflictiva y necesaria entre la tradición y la contemporaneidad y entre la diferencia y la similitud, imprescindible para hallar el concepto de la identidad. Borrar la continuación del pasado en el presente del ser humano es una suerte de lavado de cerebro tercermundista del que Irak y el resto del Tercer Mundo no está exento. La 101ª División Aerotransportada que agredió a la antigua Babilonia y los militares que arrasaron en un tanque restos de esa cultura y que permitieron impávidos que las llamas consumieran su Teatro, solo obedecían un plan que “no incluía esas previsiones”, ratificado por fuentes que afirman que el Pentágono restó importancia a los saqueos y desórdenes ocurridos para achacarlos a la “comprensible” reacción de tres décadas de represión. Eliminar de un golpe, como electroshock de tortura, el pasado cultural de cinco mil años de legado en la antigua Mesopotamia no ha sido por cierto pura coincidencia, ni desafortunada imprevisión, es una maniobra y forma parte de las estrategias coloniales, de la ausencia de valorización hacia la cultura de los colonizados. Táctica principal: Extirpar la memoria, suprimir los contenidos que implican la individualidad del hombre en su región, la autoestima que pueda significar su identidad local y también las fuentes primigenias para su creación. ¿O es que los artistas iraquíes no han bebido en las fuentes milenarias, en el arte asirio y babilónico, en la caligrafía, los símbolos y materiales del arte tradicional para crear su arte pleno de contemporaneidad? Ellos, sin embargo y a no dudarlo, no contemplaron indiferentes la pavorosa destrucción de las torres gemelas, la caída de rascacielos que significaron —siete milenios después del nacimiento de la cultura del Oriente—, el primer aporte importante del arte de los Estados Unidos a la arquitectura internacional.
En estos días por el Internet circula un diccionario de
“frases risibles” de George W. Bush, una de ellas es
tristemente sádica:
"The future will be better tomorrow”. Solo cabe
esperar la resistencia cultural de los pueblos y la
intención noble del ser humano de no permitir que se
borre su historia, la propia donde se ha forjado la
cultura y la condición humana. |
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