LA JIRIBILLA

El voto de México en Ginebra
¿DERECHOS HUMANOS O
INTOLERANCIA, RACISMO
Y XENOFOBIA?


Los derechos humanos de Bush han alentado la intolerancia, el racismo, la xenofobia y la represión aumentando las facultades a todos los servicios policíacos, autoritarios y opresivos. No, gracias. Esos derechos humanos no nos interesan, no los necesitamos.


Lisandro Otero | México


El debate en Ginebra, en torno a Cuba, constituyó un éxito para la Isla. Si sumamos los veinte votos en contra de la resolución y las nueve abstenciones suman más los veintinueve países que no estaban dispuestos a una reprobación que los veinticuatro que la aprobaron. La Comisión de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, finalmente emitió su resolución que fue, como era de esperar, de transigencia con la resolución presentada por Costa Rica.

A última hora los genuflexos diplomáticos costarricenses decidieron endurecer su propuesta con un áspero añadido que fue derrotado. Pese a las presiones, chantajes, amenazas y coacciones usadas por el gobierno de Bush no lograron la mayoría que pretendían. Ello demuestra que la mayoría de los países, aunque temerosos del gran garrote del imperio, mantienen una reserva de criterio independiente.

No fue así en el caso de México que ofreció un lamentable espectáculo de sumisión, vasallaje y pavor. El gobierno foxista tuvo un gesto airoso cuando decidió no aprobar la guerra de rapiña petrolera en Irak. Los avales del Presidente subieron en la opinión pública y en el concierto mundial parecía que México iba a asumir de nuevo las posiciones autónomas que le merecieron un alto grado de prestigio en el pasado. Pero aquel voto fue una excepción.

El gobierno foxista parece decidido a continuar el camino del manso sometimiento y la sumisión incondicional a Estados Unidos que propusiera Castañeda, cuya sombra no acaba de desaparecer completamente de Tlatelolco. Ahí está para demostrarlo Marie Claire Acosta, disciplinada pupila del State Department, que actúa como un robot teledirigido desde Washington. Ahí están los representantes de una camarilla de gerentes, banqueros, cristeros trasnochados y nostálgicos de Maximilano y Don Porfirio. Ahí tenemos una Secretaría de Relaciones Exteriores que está expulsando a sus mejores cuadros, los más experimentados, los más abiertos de pensamiento. A la vez están destruyendo el sistema de difusión cultural, inspirado por Carlos Fuentes, que permitía una presencia de la vigorosa cultura mexicana en todas las latitudes. De seguir así ahorita estarán suspirando por el regreso de Castañeda como un mal menor.

De todas maneras ya hemos visto cómo Bush desdeñó la autoridad de Naciones Unidas en el caso Irak y acometió las acciones que mejor convinieron a sus intereses petroleros. La ONU ha sido puesta en crisis y su vigencia está amenazada por el desdén con que ha sido tratado por el gobierno en Washington. Nadie puede respetar a un organismo cuyos dictámenes constituyen papel mojado y letra muerta. Mucho menos una institución dirigida por un fámulo diligente como Kofi Anam, quien cualquier día de estos aparecerá como mayordomo en el rancho de Bush en Crawford, Texas.

Los derechos humanos que amparan Estados Unidos son los que han impulsado el genocidio perpetrado por las hordas de marines que actúan en favor de Halliburton y Chevron; los derechos humanos norteamericanos protegen el despedazamiento de niños y el uso de bombas de racimo contra la población civil; los derechos humanos tan nombrados por los estadounidenses toleran el vandalismo y la destrucción del patrimonio cultural de la humanidad; los derechos humanos que pregonan en Washington son los que regaron a Vietnam con desfoliadores y agentes químicos y asesinaron a dos millones de vietnamitas; los derechos humanos de Bush son los que han asesinado a periodistas independientes y amordazado a los medios de difusión, distorsionando y ocultando información a la prensa, los que han ordenado la libre intercepción telefónica, el allanamiento de moradas, la acción de tribunales militares en delitos civiles, la supervisión de Internet, la interferencia en la privacidad ciudadana en todos los niveles. Los derechos humanos de Bush han alentado la intolerancia, el racismo, la xenofobia y la represión aumentando las facultades a todos los servicios policíacos, autoritarios y opresivos.

No, gracias. Esos derechos humanos no nos interesan, no los necesitamos.

 


© La Jiribilla.
La Habana. 2003
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