LA JIRIBILLA

TODOS SABEN QUÉ ES LA CIA
 
¿Conocen ustedes el Ministerio de Cultura de los Estados Unidos? ¡Ah!, perdón, no existe, salvo la CIA, que durante la Guerra Fría asumió, secretamente, ese papel. La CIA operaba según la mentira necesaria y con la posibilidad de negar, verosímilmente, en la búsqueda de su programa democrático, la suspensión de este. 


Frances Stonor Saunders |
La Habana

Todos saben qué es la CIA. Se fundó en 1947 y se dedicó a una gama muy grande de actividades, tan vaga que le era posible hacer lo que quisiera. Y sabemos mucho de su historia y organización de operaciones paramilitares, que derrocó a líderes electos democráticamente, que tuvo asociación con la mafia, con los carteles de la droga, y que participó en acciones de sabotaje y espionaje. No necesito recordar sus intervenciones conocidas y algunas veces desastrosas; aunque ciertos de ellos con resultados, otras, como la ocurrida en una bahía no muy lejana de aquí fracasaron. 

¿Conocen ustedes el Ministerio de Cultura de los Estados Unidos? ¡Ah!, perdón, no existe, salvo la CIA, que durante la Guerra Fría asumió, secretamente, el papel de “Ministerio de Cultura de los Estados Unidos”. En los años iniciales de la Guerra Fría fue idea de los Estados Unidos que era necesario derrocar el comunismo en todos los rincones del mundo. En esta guerra “justa” podían usarse todos los medios inclusive usar lo que se llamaba “la mentira necesaria”. El paradigma central de la Guerra Fría no era militar ni económico y ni siquiera estrictamente político. Era y sigue siendo una batalla por la mente de los hombres, una batalla  de las ideas. Y a fin de promover las ideas estadounidenses,  los Estados Unidos se vieron en posición de decir la mentira con la finalidad de promover la verdad. La CIA operaba según la mentira necesaria  y con la posibilidad de negar, verosímilmente, en la búsqueda de su programa democrático, la suspensión de este. 

Por ejemplo, muchos de los artistas que trabajaron en los años de postguerra, que produjeron los trabajos artísticos de mayor interés estaban política o teóricamente, en la izquierda. Cuando el Congreso de los Estados Unidos hablaba de la suspensión de los artistas estadounidenses, siempre negaba el patrocinio a los artistas izquierdistas o comunistas y mezclaba la filiación política del artista con su obra, lo que impedía que la obra de estos artistas se mostrara dentro del país o en el extranjero y, en ese sentido, los Estados Unidos compartían la misma política de la Unión Soviética. La Unión Soviética denunciaba el expresionismo abstracto como un arte degenerado o decadente. Y aquí es donde interviene la CIA. La CIA entonces decide que el mejor anuncio de la libertad existente en los Estados Unidos es, precisamente, el tipo de arte al que el propio Congreso estadounidense le está negando acceso. Este sería el arte que convencería al resto del mundo de la sofisticación y del avance artístico de los Estados Unidos.  

La CIA escoge la crítica, la poesía, la literatura, como anuncio del vanguardismo artístico estadounidense. Esta es una tarea difícil cuando se toma en cuenta que gran parte del sentimiento contra los Estados Unidos se centraba en la naturaleza kischt de la cultura estadounidense. A esto contribuían personas en los Estados Unidos que se encontraban en posiciones de influencia; por ejemplo, como cuando un presidente de la Coca Cola dijo que cada botella de la Coca Cola contenía la esencia de América.  

Según las personas de la CIA que entrevisté, toda la elite cultural de ese período odiaba la Coca Cola, odiaba a Elvis y la cultura popular baja. La CIA trabajó muy intensamente con estos mandarines de la cultura para vender ideas culturales elevadas en todo el mundo, con la finalidad de socavar la visión negativa que existía de los Estados Unidos. Con el fin de luchar contra las ideas comunistas y lo que se describía como “la manipulación del proceso intelectual” por parte de los comunistas, la CIA tuvo que emprender las mismas actividades que criticaba. Escondía su participación tras diferentes fachadas y negaba la posibilidad de que se supiera que el patrocinio estadounidense se encontraba detrás de todas esas actividades.  Convertía el lenguaje de expresión libre e independiente, porque una vez que se promoviera la expresión libre e independiente estaba limitando zonas de libertad y, en la teoría y en la práctica, estaba censurando las ideas. 

La  CIA tenía más de cincuenta revistas intelectuales serias que se presentaban como completamente privadas y libres; sin embargo, sin el dinero de la CIA nunca habrían sobrevivido.  

Muchos intelectuales sabían quiénes estaban detrás de estas actividades y no les importaba seguir ese curso ya fuera porque pensaban que los estadounidenses estaban haciendo lo correcto  o porque, tal vez, en lugar de tener que comprar un pasaje del transporte público parar llegar a New Jersey, podían entonces comprarse un boleto de primera clase y visitar la India. 

Mi pregunta es: “¿puede uno ser comprado y no venderse?” Y mi respuesta es que, en algunos casos, sí. Algunos intelectuales sabían de dónde venía el dinero y lo aceptaban y seguían diciendo lo que de todos modos habrían dicho. Otros, se encontraban en una posición de autocensura, porque no deseaban poner en peligro el financiamiento que recibían. La CIA no tenía límites en cuanto al dinero que le era posible gastar, y según lo demuestra mi investigación, en lo gastado en su guerra fue pequeño en comparación con sus gastos militares; pero yo considero que la repercusión que tuvo esta guerra cultural, fue sin embargo, enorme. 

Que la CIA usara propaganda para promover una idea de libertad de expresión me parece una dispepsia moral y filosófica total. O sea, es mentir para decir la verdad, es también manipulación ordinaria y su efecto general fue manipular toda era.  

No necesito decirles a los cubanos los efectos de la guerra cultural sobre países que no han estado alineados con los Estados Unidos. Pero sé que la campaña para seguir dirigiendo a las personas en el sentido que ellos desean, continúa. A mi llegada aquí encontré la atención en la existencia de una revista publicada en Madrid que se titula Encuentro que es un eco de una revista publicada por la CIA en los años cincuenta llamada Encounter. Esta es una revista muy bien presentada y que tiene el caballo troyano muy claro de usar escritores cubanos prestigiosos y presenta una ventana muy buena tras la cual se esconde el mensaje político. Está financiada por la fundación Ford y la National Endowment for Democracy. O sea, es un instrumento de la política exterior estadounidense. Esto no me preocupa anunciarlo mientras se pueda tomar la revista y saber quién la patrocina. Como intelectuales, tenemos el derecho de tener un matrimonio de ideas, incluso con personas que no tengan las mismas posiciones que uno, pero, como dijo la princesa Diana: “En este matrimonio hay tres personas”. 

Quiero concluir con una idea. Los intelectuales deben ser animados por normas propias. Deben tener el derecho de patear las barricadas que se erigen en torno a las ideas. Deben tener derecho a explorar la sabiduría de la incertidumbre. Yo disfruto la sabiduría de la incertidumbre. Confieso que no estoy segura de nada excepto de una cosa: Si una sociedad se declara libre y abierta, debe y puede serlo.

Palabras en la presentación de su libro La CIA y la Guerra Fría Cultural durante la XII Feria Internacional del Libro. La Habana, 6 de febrero de 2003


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La Habana. 2003
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